La IA traerá la mayor prosperidad de la historia, dice el economista que predijo el 'crash' de 2008
El economista Nouriel Roubini predice una “explosión cámbrica” de avances tecnológicos que impulsará el crecimiento económico de EEUU hasta el 4% en 2030 y potencialmente hasta el 10% en menos de 25 años
No hay burbuja, anuncia un valla en Dubai. (REUTERS/Caren Firouz)
La burbuja de la IA no es tal burbuja. De hecho, este 'boom' es el comienzo del periodo de mayor desarrollo tecnológico y prosperidad económica. "Va a haber una explosión cámbrica de nuevas tecnologías del futuro como nunca hemos visto en la historia de la humanidad", dijo el economista Nouriel Roubini el pasado 13 de abril en el Greenwich Economic Forum. Viniendo de Roubini —el mismo tipo que predijo la crisis de 2008 antes que casi todos y al que por ello apodaron Dr. Muerte— y en medio de tanto gurú financiero prediciendo el apocalipsis, es una buenaventura sorprendente.
Frente a la actual narrativa global dominada por el miedo a los conflictos geopolíticos, las guerras comerciales y las crisis energéticas, Roubini ofrece un diagnóstico radicalmente opuesto. El economista afirma que, basándose en los datos, "estamos al borde de un auge secular con choques masivos positivos de oferta agregada a largo plazo". Un auge secular es una ola de crecimiento económico estructural e ininterrumpido que dura décadas, impulsada por cambios profundos en la tecnología y no por simples rebotes pasajeros del mercado bursátil.
El núcleo de este crecimiento es lo que los economistas llaman un choque positivo de oferta agregada. Para entenderlo, imagina que la economía es una enorme fábrica; de repente, una nueva maquinaria inteligente permite producir el doble de bienes utilizando la mitad de energía y tiempo, inundando el mercado con productos mucho más baratos y abundantes. Según Roubini, esta revolución tecnológica logra exactamente eso, y explica que "esa es una gran historia de que hay un choque positivo de oferta agregada más fuerte que aumenta el crecimiento, reduce la inflación". Él apunta que las cifras respaldan esta tesis empíricamente: "El impacto de la tecnología es un aumento de 200 puntos básicos en el crecimiento potencial, mientras que el impacto de todo el comercio, la migración y otras cosas, es de solo 50 puntos básicos. Así que la proporción es de cuatro a uno".
Esa maquinaria revolucionaria no son los modelos de generación de texto. Hay unas 15 tecnologías diferentes que se verán afectadas radicalmente por la IA, desde los semiconductores, la automatización y los robots humanoides a la tecnología de defensa, la fusión nuclear y la computación cuántica, además de la nueva ciencia de materiales y la exploración espacial comercial. El economista dice que todas estas tecnologías sufrirán una "explosión cámbrica", refiriéndose al periodo geológico donde la vida explotó de forma diversa en la Tierra.
Pero, al contrario que otros economistas, Roubini afirma que el epicentro de este terremoto económico no será China, sino que seguirá siendo Estados Unidos, cuya economía se beneficiará de manera desproporcionada al liderar la creación de esta infraestructura. "Y tienes este enorme viento de cola secular del boom de la IA. En mi opinión [el boom de la IA] no es la burbuja, es realmente un auge secular a largo plazo que va a conducir a un crecimiento potencial mucho mayor", explica. La inyección de productividad alterará radicalmente las matemáticas de la economía de EEUU: "El crecimiento potencial puede pasar del 2 al 4% para finales de esta década". A partir de ahí, la aceleración de la capacidad productiva se vuelve meteórica: "El dinamismo del sector privado de EE. UU. es tal que el crecimiento potencial va a ser del 4% y luego después de eso para 2040, del 6% y luego para 2050 del 10%".
Esta fuerza tractora del sector privado es tan arrolladora que resulta inmune a la volatilidad política o a decisiones gubernamentales erráticas, incluso frente a inminentes tensiones bélicas promovidas por el presidente de los Estados Unidos. "La tecnología también triunfa sobre las rabietas de Trump", apunta. "Dije, no importa qué presidente de los Estados Unidos. Podrías tener al mismísimo Mickey Mouse como presidente de los Estados Unidos, y los enemigos del sector privado de EEUU. Como tal, a EEUU le va a ir genial".
Fábrica de BYD en Brasil. (REUTERS/Rafael Martins)
EEUU y China a la cabeza
A nivel global, Estados Unidos no cabalgará esta ola en solitario, dice: "El otro gran beneficiario de esta innovación va a ser China". El economista también desmontó la idea de un enfrentamiento económico destructivo entre superpotencias, al afirmar literalmente que "no es el juego de suma cero de nosotros ganamos, ellos pierden o viceversa, porque muchas de estas tecnologías son tecnologías de propósito general y aprendes el uno del otro". Al ser herramientas fundamentales aplicables a cualquier industria, su desarrollo se contagia rápidamente a otros focos de innovación en Asia, Israel y Europa.
La conclusión de Roubini es que los factores negativos que hoy dominan los titulares quedarán sepultados a largo plazo bajo el peso de la innovación computacional y científica pura. "Creo que, eventualmente, la tecnología domina a medio plazo. Podemos causar mucho daño a corto plazo haciendo muchas estupideces", comenta sobre las inminentes tensiones geopolíticas y operaciones militares. Pero su veredicto final sobre la civilización es indudable: "Así que esa historia fundamental, independientemente de la geopolítica, independientemente del cambio climático, independientemente del populismo, es el motor para los próximos 10 o 20 años es un positivo para el mundo en general, ciertamente positivo tanto para EEUU como para China".
La burbuja de la IA no es tal burbuja. De hecho, este 'boom' es el comienzo del periodo de mayor desarrollo tecnológico y prosperidad económica. "Va a haber una explosión cámbrica de nuevas tecnologías del futuro como nunca hemos visto en la historia de la humanidad", dijo el economista Nouriel Roubini el pasado 13 de abril en el Greenwich Economic Forum. Viniendo de Roubini —el mismo tipo que predijo la crisis de 2008 antes que casi todos y al que por ello apodaron Dr. Muerte— y en medio de tanto gurú financiero prediciendo el apocalipsis, es una buenaventura sorprendente.