Neurólogos demuestran que el cerebro toma las decisiones sin darnos cuenta
El cerebro realiza el proceso de selección mucho antes de que seamos consciente de ello, pero la evidencia sopesada es única para cada individuo, reflejando sus preferencias, objetivos y experiencias
Imagina que estás en la cola de tu panadería favorita decidiendo si tomarte un dónut o una tartaleta. Los sopesas, el dónut gana y te decides por eso.
Sin embargo, para cuando llegas al principio de la cola, solo quedan tartaletas. Así que te compras una.
Estas dos decisiones parecen completamente diferentes. Una implica una deliberación basada en nuestras preferencias únicas y personales, mientras que la otra consiste simplemente en reconocer y elegir la única opción disponible.
Pero nuestra investigación más reciente, publicada en la revista Imaging Neuroscience, demuestra que, en realidad, nuestros cerebros toman estas decisiones de maneras sorprendentemente similares.
¿Qué es exactamente una elección libre?
Cuando tomamos decisiones libres, reconocemos que existen múltiples opciones, las sopesamos y nos decantamos por una basándonos en algo interno: nuestras preferencias, valores y objetivos.
Las decisiones forzadas son diferentes. Solo hay un resultado posible y nuestro trabajo consiste simplemente en identificar la opción y tomarla.
Debido a que las decisiones libres parecen estar tan estrechamente ligadas a quiénes somos, los neurocientíficos han dado por sentado durante mucho tiempo que dependen de procesos en el cerebro diferentes a los de las decisiones forzadas. Algunos estudios de diagnóstico por imagen del cerebro respaldan esto, al mostrar distintos patrones de actividad neuronal distribuidos por el cerebro.
Sin embargo, saber en qué parte del cerebro se producen las elecciones libres nos dice poco sobre cómo se forman (y si este proceso es diferente del de las decisiones forzadas).
¿Cómo forma el cerebro una decisión?
Décadas de investigación han demostrado que, para tomar decisiones, nuestros cerebros reúnen gradualmente pruebas para cada opción a lo largo del tiempo.
Piensa en ello como un juez evaluando los hechos de un caso. Una vez que se han acumulado suficientes pruebas a favor de una de las partes, se llega a un veredicto. Para algunos tipos de decisiones, esto ocurre muy rápido (en cuestión de cientos de milisegundos), lo que hace que parezca que la elección simplemente te ha venido a la cabeza.
Mediante la medición de la actividad eléctrica del cerebro, los investigadores han identificado una señal cerebral que refleja esta acumulación de pruebas durante decisiones sencillas, como juzgar si un semáforo está en rojo o en verde.
Al igual que una barra de carga que se va llenando hasta el 100 %, la señal aumenta de forma gradual hasta un nivel determinado antes de tomar una decisión. Debido a que la acción de las neuronas en el cerebro es ruidosa, este proceso de toma de decisiones también se produce de una manera ruidosa: en lugar de subir a un ritmo constante hacia una opción, la señal fluctúa de un lado a otro entre las alternativas.
Esto explica en parte por qué no siempre somos coherentes con nuestras elecciones: incluso cuando nuestras preferencias son estables, unos días nos decantaremos por la tartaleta y otros, por el dónut.
Esta señal se ha identificado para decisiones forzadas con una respuesta correcta clara. Pero ¿qué ocurre con las elecciones que son abiertas, moldeadas no solo por lo que tenemos delante, sino por algo interno como las preferencias o los objetivos personales?
Rastreando las señales cerebrales de la formación de decisiones
Para responder a esta pregunta, registramos la actividad cerebral de unas personas mientras elegían entre grupos de globos de colores. Veían o bien dos globos de colores diferentes para elegir libremente entre ellos, o bien un solo globo que se veían obligadas a coger.
Pulsaban un botón en el momento en que hacían su elección, y nosotros rastreamos cómo se desarrollaba la actividad cerebral en el tiempo previo a ese momento.
Tanto para las decisiones libres como para las forzadas, la actividad cerebral se desarrolló de un modo muy similar. Al igual que una barra de carga, subió a un ritmo constante hasta el mismo nivel máximo justo antes de que se tomara una elección. Cuando las personas decidían deprisa, la señal aumentaba más rápido. Cuando tardaban más, subía más despacio.
Eso es exactamente lo que cabría esperar si el cerebro estuviera rastreando y sopesando pruebas a lo largo del tiempo, en lugar de simplemente reaccionar a una decisión en el último momento.
¿Significa esto que nuestras elecciones libres no son realmente libres?
A partir de este hallazgo, se podría suponer que el cerebro forma las decisiones libres y forzadas de la misma manera, lo que sugiere que la toma de decisiones en el cerebro puede ser más automática de lo que parece.
Esto se hace eco de los famosos experimentos del neurocientífico Benjamin Libet en la década de los ochenta. Él y sus colegas descubrieron que la actividad cerebral empieza a acelerarse antes incluso de que las personas sean conscientes de su intención de actuar, lo que sugiere que el cerebro ya ha empezado a decidir antes de que la persona se dé cuenta conscientemente de que ha hecho una elección.
Pero aunque el proceso pueda ser automático, lo que el cerebro está acumulando cuenta una historia diferente. Las pruebas que sopesa se extraen en su totalidad de quién eres: tus preferencias, tus objetivos, tus experiencias. Dos personas pueden pasar por el mismo proceso neuronal y aterrizar en la misma elección y, sin embargo, llegar ahí por razones completamente diferentes.
Así que, en lugar de preguntarnos si nuestras elecciones son de verdad libres, tal vez la mejor pregunta sea qué significa realmente que una elección sea tuya. Y la próxima vez que te encuentres en la cola de la panadería, ten por seguro que tu cerebro ya ha estado reuniendo pruebas en silencio en favor de tu dulce elegido, y que esa elección se produce un poco más rápido de lo que te das cuenta.
Imagina que estás en la cola de tu panadería favorita decidiendo si tomarte un dónut o una tartaleta. Los sopesas, el dónut gana y te decides por eso.