Salta una alarma de pérdida de aire en la cabina del Orión, pero es una fuga de helio
El escape no representa una amenaza para el regreso de los astronautas a la Tierra, pero requerirá un rediseño en las válvulas que lo controlan en el módulo de servicio europeo
“No se trata de una función esencial para la seguridad del vuelo y de la tripulación, como la que nos llevó a investigar el escudo térmico. Requerirá trabajo para que funcione correctamente, pero no es de esa magnitud”, dice Amit Kshatriya sobre el último problema de la Orion, éste algo más grave que los retretes rotos o las camisetas convertidas en cortinas improvisadas para tapar el sol durante maniobras clave de la misión Artemis II.
Kshatriya, administrador asociado de la NASA y ex director de vuelo de la agencia espacial, afirma que la Orion pierde helio. La pérdida descubierta en el módulo de servicio no pone en riesgo el inminente regreso a la Tierra de los cuatro astronautas a bordo de la misión Artemis II, aunque obligará a realizar cambios profundos en la ingeniería del sistema de propulsión para posibilitar los futuros alunizajes. El helio se escapa en el sistema de presurización del oxidante, un defecto que exige una revisión técnica severa antes de la misión Artemis IV programada para el año 2028, pero que afortunadamente no compromete a la cápsula de mando tripulada porque esta posee sus propios tanques y propulsores totalmente independientes.
Qué pasa
El contratiempo provocó momentos de tensión a bordo cuando una falsa alarma sugirió una pérdida de aire en la cabina, haciendo especular a los astronautas con abortar la odisea lunar. El canadiense Jeremy Hansen relató a la cadena de radio pública de EEUU NPR cómo vivieron esos instantes de incertidumbre pensando en un retorno anticipado. "Esa fue una falsa alarma... Houston determinó rápidamente que no había ninguna fuga", explicó, añadiendo que "afortunadamente, resultó ser sólo una anomalía menor... Houston nos guió a través de ella".
Descartado el problema vital, la publicación especializada SpaceQ confirmó que el fallo reside en las válvulas del módulo de servicio europeo de Airbus. En esa sección de la nave, el helio actúa como un músculo mecánico para empujar la hidracina, un potente combustible tóxico, y el tetróxido de nitrógeno, el químico encargado de aportar el oxígeno para que la mezcla arda en el vacío del espacio, hacia las cámaras de combustión. "La fuga no es hacia el espacio. Es interna al sistema a través de algunas de nuestras válvulas, y realmente necesitamos caracterizarla para ver qué modificaciones, si las hay, podríamos necesitar hacer en el futuro", detalló Jeff Radigan, director principal de vuelo, al blog Ars Technica.
Para aislar la hemorragia de gas, el centro de control clausuró la rama defectuosa y activó los conductos redundantes de esta intrincada arquitectura de soporte. Un oficial de la NASA explicó en una sesión informativa en YouTube que "...tuvimos que aislar una de las ramas. Tenemos ramas redundantes en el sistema, sin impactos en la misión". Ahora la nave opera en modo de purga, exprimiendo la presión residual confinada en los depósitos, igual que el aire que sale disparado de un globo al soltar la boquilla. "...Somos capaces de realizar el resto de los encendidos a lo largo de la misión sin hacer ninguna regulación, lo que llamamos modo de purga. En otras palabras, hay suficiente presión de helio en los propios tanques para que podamos expulsar el oxidante y el combustible sin necesidad de regular o requerir más helio de los tanques de helio", continuó el oficial.
Esta maniobra de supervivencia mecánica no pilla por sorpresa a los ingenieros terrestres, quienes ya sabían que estas piezas no cerraban herméticamente antes del despegue del 1 de abril gracias a los datos recopilados en la misión no tripulada Artemis I de 2022. "Lo aceptamos porque no necesitábamos el rendimiento para el sistema de presión", justificó Kshatriya al blog especializado Starlust. La nave solo utilizó el motor principal durante la inyección translunar en el segundo día, el impulso masivo de fuerza bruta para escapar de la gravedad terrestre, momento en el que la tasa de escape subió drásticamente. "La tasa de fuga que vimos en vuelo es ahora un orden de magnitud mayor que la que vimos en tierra. Sigue siendo aceptable, pero eso nos llevará probablemente a un rediseño exhaustivo de ese sistema de válvulas", reconoció Kshatriya, aunque aseveró que "al menos después de TLI, podríamos haber hecho toda la misión sin presurizante de helio".
Sin riesgo en la reentrada
Pese a volar herida, la Orion ha operado con enorme eficiencia consumiendo tan solo el 40 por ciento de su combustible tras completar el 80 por ciento de la travesía el miércoles. Su trayectoria coincidió perfectamente con las predicciones y permitió cancelar varias correcciones de rumbo; los encendidos que sí se ejecutaron fueron maniobras de bajo impacto que no requerían recargar el sistema fallido. "Claramente, habíamos puesto mucho margen en esta misión para asegurarnos de que podíamos volarla adecuadamente", indicó Debbie Korth, subdirectora del programa Orion. En la misma línea, Radigan aseguró que "todos nuestros encendidos se han realizado de forma nominal".
Para maximizar el aprendizaje, el miércoles se canceló una prueba de pilotaje manual para estudiar cómo reaccionaba el gas al someter la nave al implacable calor del Sol o al frío del vacío en su propia sombra. "Sabíamos que teníamos válvulas con fugas para empezar, y queremos asegurarnos de que estamos caracterizando esa tasa de fuga lo mejor que podamos", apuntó Kshatriya. Esta vital recolección de telemetría concluirá el viernes a las 18:33 en horario central, cuando el módulo de servicio se desenganche para calcinarse en la atmósfera, dejando a la cápsula ejecutar su reentrada balística usando sus propulsores autónomos, una arquitectura que asegura un riesgo nulo para la tripulación durante el brutal descenso al Océano Pacífico, como afirma SpaceEyeNews. "No necesito que esas válvulas mantengan la presión de la misma manera para una misión en órbita terrestre baja, pero para una misión en órbita lunar, sí", sentenció el administrador, que lo categoriza sin rodeos como "un riesgo de rediseño de producción para la misión Artemis IV, al que creo que podemos adelantarnos, y por el que le pusimos tanta atención durante esta misión para asegurarnos de entender lo que estamos viendo".
“No se trata de una función esencial para la seguridad del vuelo y de la tripulación, como la que nos llevó a investigar el escudo térmico. Requerirá trabajo para que funcione correctamente, pero no es de esa magnitud”, dice Amit Kshatriya sobre el último problema de la Orion, éste algo más grave que los retretes rotos o las camisetas convertidas en cortinas improvisadas para tapar el sol durante maniobras clave de la misión Artemis II.