El 'detector de latidos cuántico' que 'rescató' al piloto perdido de EEUU es un cuento chino
Una fuente del gobierno de EEUU afirma que un "sensor cuántico" encontró a un aviador desaparecido al detectar su pulso desde 64 kilómetros de distancia. Los físicos y expertos dicen que es imposible
El reciente rescate de un oficial de sistemas de armas de un caza F-15 estadounidense derribado —conocido como 'Dude 44 Bravo'— de una desolada grieta montañosa en el sur de Irán fue un logro militar de enormes proporciones. El aviador sobrevivió dos días en el duro terreno mientras las tropas iraníes peinaban la zona con una recompensa por su cabeza. Activó una baliza física de localización para supervivientes y evasores en combate fabricada por Boeing que guio a cientos de soldados estadounidenses hasta su ubicación. Fue una extracción caótica en la que dos aviones de rescate se quedaron atascados en un campo, lo que requirió aún más aeronaves y la posterior destrucción de los reactores varados, afortunadamente sin bajas estadounidenses. Sin embargo, fuentes gubernamentales anónimas proporcionaron al New York Post una versión completamente distinta. Una que parece la premisa de una mala película de espías de los 90. Lo cual, a la vista de la reacción de los expertos, es probable que sea el caso.
Las supuestas fuentes del tabloide norteamericano afirman que la CIA desplegó una herramienta nunca antes utilizada llamada 'Ghost Murmur' para localizarlo. Según el periódico, la tecnología secreta se basa en inteligencia artificial avanzada y magnetometría cuántica de largo alcance para aislar la señal electromagnética de un latido del corazón humano del ruido de fondo. Traducción de la jerga incomprensible: EEUU afirma tener un nuevo juguete de Misión Imposible para detectar latidos del corazón humano a grandes distancias. El presidente Donald Trump insinuó que la tecnología permitió a la CIA localizar al aviador desde 64 kilómetros de distancia, mientras que una fuente dijo al New York Post que "en las condiciones adecuadas, si tu corazón late, te encontraremos". Los expertos en tecnología cuántica dicen: 'no se lo creen ni ellos'.
Bradley Roth, físico de la Universidad de Oakland, declaró a Scientific American que un dispositivo operativo capaz de hacer esto "no sería solo un pequeño avance, sino que sería un avance revolucionario del estado de la técnica". Escribiendo para The Quantum Insider, Matt Swayne señaló que si bien la ciencia fundamental representa "avances reales en la magnetometría cuántica", su utilización a tales distancias al aire libre "representaría un salto significativo más allá de las capacidades demostradas en la actualidad, lo que sugiere que los informes pueden exagerar la madurez o el alcance de la tecnología". Chad Orzel, profesor de física del Union College, sospecha que toda la historia es "alguien tomando el pelo a un periodista" y sirve para "engañar a alguien haciéndole creer que de verdad tenemos esta tecnología secreta".
El factor Skunk Works
Si el reportaje del New York Post tiene algo de verdad, se basa casi por completo en su afirmación de que Ghost Murmur fue desarrollado por la Skunk Works de Lockheed Martin. Conocida oficialmente como Programas de Desarrollo Avanzado (ADP, por sus siglas en inglés), Skunk Works es la rama secreta de investigación y desarrollo táctico de Lockheed Martin, legendaria por funcionar como un motor de innovación que suele ofrecer lo que antes se creía imposible. Desde su creación en 1943 (cuando el fundador Clarence "Kelly" Johnson y su equipo entregaron el prototipo del primer caza a reacción de Estados Unidos, el P-80 Shooting Star, en tan solo 143 días), Skunk Works se ha especializado en proyectos negros altamente clasificados que operan con una supervisión mínima y plazos rápidos. A lo largo de las décadas, esta hermética división ha redefinido en repetidas ocasiones la tecnología aeroespacial, siendo pionera del avión espía U-2, el SR-71 Blackbird de Mach 3+ y el caza furtivo F-117 Nighthawk.
Sin embargo, la actual imposibilidad científica absoluta de Ghost Murmur desafía incluso la célebre reputación de Skunk Works. Históricamente, los avances de la división han implicado el dominio de la aerodinámica, la termodinámica y las secciones transversales de radar, superando los límites conocidos de la ingeniería en lugar de romper las leyes fundamentales de la física. Hoy en día, la afirmación de que han desarrollado un magnetómetro cuántico capaz de detectar el latido de un corazón humano a 64 kilómetros de distancia contradice por completo décadas de investigación sobre el biomagnetismo revisada por pares, la cual dicta que las señales magnéticas disminuyen hasta niveles casi indetectables en apenas unos metros. Si Skunk Works realmente construyó Ghost Murmur, representaría un salto asombroso y que desafía a la física en la reducción del ruido cuántico que está a años luz de cualquier ciencia divulgada en la actualidad. Como alternativa, el apodo de Skunk Works podría estar sirviendo simplemente como una pieza conveniente de camuflaje estratégico (una palabra de moda reconocible y creíble utilizada para blanquear una pieza de desinformación o enmascarar un método completamente diferente de seguimiento clasificado).
¿Cuántica qué?
La física fundamental que hay detrás de estos dispositivos revela por qué los expertos y los científicos consideran absurda la versión del gobierno. Todo latido de un corazón humano genera un pulso magnético increíblemente débil. Un magnetómetro cuántico (una máquina muy sensible que puede detectar esos pulsos) puede, en efecto, detectar esas fuerzas invisibles y débiles.
Las primeras versiones de estas máquinas eran enormes y requerían temperaturas de congelación extremas. John Wikswo, profesor de ingeniería biomédica y física de la Universidad de Vanderbilt, señala que las primerísimas detecciones requerían "dos bobinas, cada una de las cuales contenía dos millones de vueltas de alambre" enfriadas a cuatro grados por encima del cero absoluto. Las versiones modernas son mucho más pequeñas, y utilizan diamantes sintéticos. Pero solo pueden detectar señales tan débiles en un laboratorio en condiciones cuidadosamente controladas, sin ningún otro ruido electromagnético, a distancias extremadamente cortas.
Wikswo lo sabe porque lleva midiendo campos magnéticos cardíacos desde mediados de los años setenta. "En la superficie del tórax, donde estás a unos diez centímetros de la fuente, el campo magnético es a duras penas detectable", dice. Alejarse apenas un metro hace que la lectura caiga a una milésima parte de su valor inicial. De hecho, una firma magnética biológica decae con tal rapidez que, a una distancia de solo un kilómetro, la lectura se desploma a aproximadamente una billonésima parte de su potencia original.
Y eso sin ningún otro campo magnético y seres vivos presentes. Un sensor como este quedará cegado al instante por el magnetismo natural de la Tierra y "los latidos de las ovejas, los perros y las liebres (cualquier otra cosa que ande corriendo por ahí)", según Orzel. La fuente del New York Post mencionó estas limitaciones, y dijo que "normalmente esta señal es tan débil que solo puede medirse en un entorno hospitalario con sensores presionados casi contra el pecho". Sin embargo, esta misma fuente insistió en que el desierto iraní proporcionaba "casi ninguna firma humana competidora" y ofrecía "un entorno casi tan limpio como se podría pedir". Eso es ridículo. No importa si el oficial estaba en un desierto. Los desiertos están llenos de vida. La fuente también afirma que Ghost Murmur utiliza la IA para aislar el latido. Porque, como todos sabemos, mencionar la IA es todo lo que necesitas hoy en día para hacer que los cerdos vuelen.
Con o sin IA, Swayne enumera múltiples estudios recientes que demuestran que esto simplemente no es posible. El último (un manuscrito preliminar de 2026) afirma que "la señal es tan débil que los investigadores tuvieron que combinar muchos latidos repetidos y utilizar un filtrado avanzado para identificarla con claridad". Otro trabajo de investigación de 2025 que evaluó un magnetómetro cuántico de diamante confirmó de manera explícita que el ruido ambiental del entorno sigue siendo un enorme obstáculo cuando se opera fuera de espacios de laboratorio controlados. Un experimento de 2024 registró con éxito el pulso de una rata a temperatura ambiente, pero solo porque el animal se colocó prácticamente tocando el sensor dentro de una habitación fuertemente blindada. Fuera del ámbito académico, las empresas están desarrollando sensores basados en diamantes para navegar sin GPS o mapear campos magnéticos para medir el estado de salud de las baterías de los vehículos eléctricos, pero nadie posee la capacidad de buscar constantes vitales humanas a través de vastos paisajes sin blindaje.
A pesar del aplastante consenso científico, las filtraciones de inteligencia pintan un panorama de supremacía operativa absoluta. Lockheed Martin declinó hacer comentarios sobre la tecnología, pero el New York Post afirma que Ghost Murmur ya se ha probado con éxito en helicópteros Black Hawk para su posible integración en cazas F-35. La fuente del periódico comparó la hazaña operativa con "oír una voz en un estadio, excepto que el estadio es un desierto de 2590 kilómetros cuadrados". Suena a cuento chino.
Lo más probable es que todo esto tenga poco o nada de verdad. Sembrar una historia sobre un detector de latidos del corazón omnisciente que rompe las leyes de la física solo puede tener dos propósitos. Uno, Washington está vendiendo de manera intencionada ciencia ficción para asustar a sus adversarios y hacerles creer que nunca podrán esconderse. O dos: alguien acaba de ganar mucho dinero filtrando información falsa para desencadenar un beneficio masivo en opciones de compra de acciones de Lockheed Martin.
El reciente rescate de un oficial de sistemas de armas de un caza F-15 estadounidense derribado —conocido como 'Dude 44 Bravo'— de una desolada grieta montañosa en el sur de Irán fue un logro militar de enormes proporciones. El aviador sobrevivió dos días en el duro terreno mientras las tropas iraníes peinaban la zona con una recompensa por su cabeza. Activó una baliza física de localización para supervivientes y evasores en combate fabricada por Boeing que guio a cientos de soldados estadounidenses hasta su ubicación. Fue una extracción caótica en la que dos aviones de rescate se quedaron atascados en un campo, lo que requirió aún más aeronaves y la posterior destrucción de los reactores varados, afortunadamente sin bajas estadounidenses. Sin embargo, fuentes gubernamentales anónimas proporcionaron al New York Post una versión completamente distinta. Una que parece la premisa de una mala película de espías de los 90. Lo cual, a la vista de la reacción de los expertos, es probable que sea el caso.