El asteroide Ryugu confirma que los elementos básicos del ADN están por todo el espacio
Un análisis de muestras del asteroide Ryugu ha encontrado por primera vez los cinco componentes básicos del ADN y el ARN juntos en un cuerpo primitivo del Sistema Solar
Las muestras del asteroide Ryugu. (JAXA / JAMSTEC)
En 2019, la sonda japonesa Hayabusa2 se posó sobre el asteroide Ryugu para tomar muestras de su superficie. Siete años más tarde el análisis de aquel material traído a la Tierra sigue dejándonos noticias. Un nuevo estudio asegura que Ryugu contiene todos los componentes esenciales del ADN y el ARN, algo que confirma lo que ya se había encontrado en otros asteroides similares. Aunque los autores insisten en que eso no significa que hubiera vida en el asteroide, el hallazgo apuntala la idea de que los cuerpos menores del Sistema Solar actuaron como transportistas de las moléculas clave para la vida que sembraron la Tierra hace miles de millones de años.
En otros análisis anteriores de las rocas del Ryugu ya se había identificado un compuesto llamado uracilo, una de las cuatro bases del ARN. Pero este nuevo estudio ha encontrado también adenina, guanina, citosina y timina, las cinco nucleobases consideradas clave para ADN y ARN. Este hallazgo sitúa a Ryugu en la misma liga que Bennu y meteoritos como Orgueil o Murchison, donde también se han detectado nucleobases formadas sin intervención biológica, lo que sugiere que estos compuestos se generan de forma natural bajo ciertas condiciones químicas en el espacio.
"La detección de nucleobases en asteroides y meteoritos demuestra su presencia generalizada en el Sistema Solar y refuerza la hipótesis de que los asteroides carbonáceos contribuyeron al inventario químico prebiótico de la Tierra temprana", escriben los autores en su estudio publicado recientemente en la revista Nature Astronomy.
La clave de los resultados de este estudio es que las muestras de Ryugu no están contaminadas, sino que son fragmentos del asteroide recogidos directamente y encapsulados en el espacio, sin haber pasado por la atmósfera terrestre ni por décadas de manejo en museos, como ocurre con otros meteoritos. La sonda espacial japonesa Hayabusa2 seleccionó dos pequeñas muestras del asteroide de apenas unos miligramos, que se procesaron en laboratorios ultralimpios para evitar cualquier contaminación terrestre.
Los investigadores aseguran además que Ryugu contiene proporciones casi iguales de purinas (adenina y guanina) y pirimidinas (citosina, timina y uracilo), un patrón diferente al de otros meteoritos, y que esas proporciones parecen depender de la cantidad de amoniaco disponible en el cuerpo original. A partir de la comparación con los otros asteroides analizados, el equipo sugiere que la relación entre purinas y pirimidinas podría ser una especie de huella química de las condiciones en las que se formaron estas moléculas en cada asteroide. "La disponibilidad de amoniaco puede haber sido un factor clave que impulsó rutas de formación similares de las nucleobases en estos entornos distintos", explican.
Imagen tomada por la sonda Hayabusa2 del asteroide Ryugu. (JAXA / JAMSTEC)
Además de las nucleobases, el equipo detectó otras moléculas orgánicas como nicotínico (vitamina B3), urea, aminoácidos y etanolamina, todas ellas con firmas isotópicas en carbono y nitrógeno claramente distintas de las terrestres, lo que refuerza su origen extraterrestre. Las concentraciones de nucleobases en una de las submuestras de Ryugu triplican las de la otra, lo que indica que incluso dentro de un mismo asteroide hay variabilidad local en la química orgánica.
Y ahora qué
Si todas las letras del alfabeto genético pueden formarse y conservarse en asteroides primitivos como Ryugu o Bennu, la hipótesis de que la Tierra recibió una lluvia continua de moléculas prebióticas deja de ser una especulación y se convierte en un escenario de trabajo muy sólido. " Esto no significa que hubiera vida en Ryugu", asegura el autor principal del estudio, Toshiki Koga, pero sí que el planeta no tuvo que inventar desde cero todos los ladrillos químicos necesarios para montar sus primeras biomoléculas.
"Estos resultados no sugieren que el origen de la vida tuviera lugar en el espacio", asegura César Menor Salvan, astrobiólogo de la Universidad de Alcalá que no ha participado en la investigación. Sin embargo, "gracias a esto y a los resultados obtenidos en Bennu, tenemos una idea muy clara de qué materiales orgánicos pueden formarse en condiciones prebióticas en cualquier lugar del universo", asegura el investigador español.
A largo plazo, los investigadores plantean que estudiar la distribución y los isótopos de nucleobases en más meteoritos y asteroides permitirá entender mejor hasta qué punto la Tierra fue solo un escenario más de una película química que se estaba rodando en muchos otros sitios a la vez. Esto, dicen, podría cambiar la forma en que pensamos sobre la singularidad de la vida en nuestro planeta. Quizá lo excepcional no sea tanto la química como el conjunto de condiciones geológicas y ambientales que permitieron que esas moléculas se acabaran ensamblándose y formando un ser vivo.
En 2019, la sonda japonesa Hayabusa2 se posó sobre el asteroide Ryugu para tomar muestras de su superficie. Siete años más tarde el análisis de aquel material traído a la Tierra sigue dejándonos noticias. Un nuevo estudio asegura que Ryugu contiene todos los componentes esenciales del ADN y el ARN, algo que confirma lo que ya se había encontrado en otros asteroides similares. Aunque los autores insisten en que eso no significa que hubiera vida en el asteroide, el hallazgo apuntala la idea de que los cuerpos menores del Sistema Solar actuaron como transportistas de las moléculas clave para la vida que sembraron la Tierra hace miles de millones de años.