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Descubren el invento de la Edad de Hielo que hizo que los humanos pudieran sobrevivir al frío
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Un nuevo estudio

Descubren el invento de la Edad de Hielo que hizo que los humanos pudieran sobrevivir al frío

Aguja y punzones de hueso de hace 45.000 años permitieron a nuestros antepasados fabricar tejidos para mantener el calor corporal y sobrevivir a la hipotermia

Foto: Herramienta hecha con hueso de animal. (Wikimedia Commons)
Herramienta hecha con hueso de animal. (Wikimedia Commons)

Un nuevo estudio confirma lo que los arqueólogos siempre habían sospechado, pero nunca habían podido demostrar: las agujas y punzones de hueso fueron la tecnología clave que permitió a los humanos del Paleolítico sobrevivir el frío de la Edad de Hielo y colonizar los entornos más hostiles del planeta.

Los autores del estudio, los investigadores McKenna Litynski, Sean Field y Randall Haas, analizaron registros etnográficos de 59 grupos indígenas de América del Norte y encontraron que cuanto más baja es la temperatura, más probable es encontrar estas herramientas en el registro arqueológico. A −35,5 °C, la probabilidad de hallar perforadores —el nombre técnico que agrupa agujas y punzones— alcanza el 52%, frente al 37% en zonas donde el termómetro llega a los +12,9 °C.

El hallazgo más sorprendente del estudio es que, aunque la fabricación de ropa es con diferencia la actividad individual más frecuente asociada a estas herramientas —con 133 observaciones registradas—, el 69% de todos los usos documentados corresponden a actividades sin relación directa con preservar el calor corporal: tatuajes, cestería, ceremonias rituales, sutura médica o pesca.

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El estudio también conecta este invento con el Younger Dryas, un enfriamiento abrupto que se prolongó 1.300 años entre hace aproximadamente 12.900 y 11.600 años. Según los investigadores, aquel episodio de frío extremo "incrementó significativamente la importancia de la tecnología termorreguladora, como la fabricación de ropa de piel a medida, e impulsó la producción de agujas de coser".

Cómo lo han demostrado

El equipo de Litynski trabajó con etnografías, documentos sobre más de 300 grupos indígenas y étnicos de todo el mundo recopilados en la base de datos eHRAF World Cultures. Los investigadores rastrearon todas las menciones a aguja y punzón en los registros de 59 grupos norteamericanos, anotando el tipo de herramienta, el material y, sobre todo, la actividad asociada. En total, catalogaron 1.191 observaciones individuales, procedentes de 467 documentos etnográficos distintos.

Para medir el efecto del frío, utilizaron el dato de temperatura mínima media del mes más frío (MTCM) de cada territorio, obtenido de la base de datos climática WorldClim. El MTCM permite medir las condiciones extremas que realmente ponen a prueba la capacidad de sobrevivir y después aplicaron modelos estadísticos que tienen en cuenta la autocorrelación espacial —el hecho de que grupos geográficamente próximos tienden a parecerse culturalmente—, para asegurarse de que la correlación entre frío y agujas fuera real y no un artefacto geográfico.

placeholder Fragmentos de una antigua aguja de hueso, cuya antigüedad se estima en unos 4.000 años (Servicio de Parques Nacionales de EEUU).
Fragmentos de una antigua aguja de hueso, cuya antigüedad se estima en unos 4.000 años (Servicio de Parques Nacionales de EEUU).

Los resultados mostraron una relación estadísticamente significativa entre temperaturas bajas y mayor uso de perforadores para actividades termorreguladoras como ropa, calzado y raquetas de nieve. En cambio, actividades como los tatuajes, las ceremonias o la cestería no mostraron ninguna correlación con la temperatura, lo que refuerza la idea de que estas herramientas surgieron por necesidad climática y después encontraron una segunda —y tercera, y cuarta— utilidad.

La herramienta más antigua de la ropa humana

Este estudio ha permitido establecer un puente cuantitativo entre el clima y el comportamiento humano prehistórico y el uso de la aguja que ofrece una nueva herramienta para entender las migraciones del Paleolítico. Las agujas de hueso más antiguas conocidas datan de al menos 45.000 años, y los punzones retroceden aún más, hasta hace aproximadamente 75.000 años, lo que sitúa este invento en el corazón mismo de la expansión del Homo sapiens por el globo.

Sin embargo, los propios autores advierten de que sería un error convertir la aguja en un indicador directo e infalible del empleo ropa de abrigo. "Los investigadores deberían proceder con cautela al evaluar agujas y punzones en contextos arqueológicos y evitar ideas preconcebidas de que estas herramientas actúan como intremediarios directos de la fabricación de cultura material termorreguladora en el pasado", señalan en el estudio.

Lo que el estudio sí consolida es la teoría de la cultura acumulativa. La aguja nació como solución al frío, pero generación tras generación fue ampliando su repertorio funcional hasta impregnar casi todos los aspectos de la vida cotidiana y ritual. Es el mismo principio que convierte un cuchillo de cocina en bisturí, arma defensiva o herramienta artística dependiendo de quién lo empuña y en qué época.

"En última instancia, no solo son importantes las herramientas en sí mismas, sino también las personas que las utilizaron en el pasado", afirma Litynski. "Es al examinar agujas y punzones desde diferentes perspectivas como los arqueólogos como yo podemos revelar su capacidad para desentrañar la historia más amplia del ingenio humano, la adaptabilidad y la evolución cultural a lo largo de los últimos miles de años y en todo el mundo".

Un nuevo estudio confirma lo que los arqueólogos siempre habían sospechado, pero nunca habían podido demostrar: las agujas y punzones de hueso fueron la tecnología clave que permitió a los humanos del Paleolítico sobrevivir el frío de la Edad de Hielo y colonizar los entornos más hostiles del planeta.

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