Ucrania despliega los primeros robots humanoides de guerra de la historia
Dos Phantom MK-1 han llegado a Ucrania para probar su valía en condiciones reales de combate. Hasta donde se sabe, es la primera vez que se usan robots humanoides en una guerra
En febrero de este año, la startup estadounidense Foundation envió dos unidades de su robot Phantom MK-1 al frente ucraniano para misiones de reconocimiento. La empresa, con sede en San Francisco, confirmó el despliegue en una reciente entrevista de su cofundador Mike LeBlanc con la revista Time, convirtiéndose en la primera vez que se prueba oficialmente un robot humanoide en primera línea de guerra.
De tanto repetirlo se está convirtiendo en un cliché, pero es cierto: Ucrania se ha convertido en el mayor laboratorio de tecnología militar del mundo. Según la agencia estatal ucraniana United24, el país ejecutó 7.495 operaciones robóticas solo en enero de 2026, la mayoría de carácter logístico —entrega de munición, armas y suministros— aunque algunas de las máquinas ya portaban ametralladoras Kalashnikov y explosivos.
El objetivo de Ucrania es reducir el número de soldados humanos que ponen en riesgo su vida en el frente. "Creemos que hay un imperativo moral para poner estos robots en la guerra en lugar de soldados", declaró LeBlanc. El cofundador de Foundation afirma que el conflicto ya es en gran medida una guerra de robots, donde los humanos juegan mayoritariamente roles de apoyo.
Cómo es el Phantom MK-1
El Phantom MK-1 es un robot humanoide de aproximadamente 1,75 metros de altura y entre 79 y 82 kilogramos de peso, diseñado expresamente para entornos militares e industriales de alto riesgo. LeBlanc asegura que el robot es capaz de utilizar "cualquier tipo de arma que pueda usar un humano", desde revólveres, pistolas semiautomáticas, escopetas a fusiles M-16.
Su movilidad se basa en actuadores cicloidales creados por la propia Foundation. Se trata de un sistema de engranajes de geometría curva que combina resistencia, movimientos en silencio y lo que los ingenieros llaman backdrivability: la capacidad de ceder ante una fuerza externa sin romperse, lo que lo hace más seguro en entornos con presencia humana.
El sistema no actúa de forma completamente autónoma. Está diseñado bajo el principio de human-in-the-loop (supervisión humana), por lo que el robot gestiona su movimiento y navegación de manera independiente, pero le deja al operador humano la última palabra sobre cualquier decisión letal.
El Phantom MK-1 es el primer robot humanoide que participa en la guerra de forma oficial en toda la historia. Aunque es imposible saber si algún programa militar clasificado ha testado algo similar antes sin hacerlo público.
Los ejércitos de metal
De momento, los dos Phantom MK-1 desplegados en Ucrania realizan misiones de reconocimiento en primera línea mientras son evaluados en condiciones reales de combate. Pero el catálogo de tareas previstas por estos androides va mucho más allá: vigilancia, apoyo logístico, desactivación de explosivos y manejo de materiales peligrosos. Y si las pruebas salen bien, también combate directo.
Foundation planea fabricar hasta 50.000 unidades del Phantom para finales de 2027, con un modelo de negocio basado en el alquiler, no en la venta, a un coste estimado de unos 100.000 dólares por unidad al año. Un robot como estos que opera sin descanso y puede sustituir varios turnos humanos en operaciones militares prolongadas, siempre que se le pueda cargar la batería. También pueden trabajar en entornos contaminados por radiación, armas químicas o biológicas.
Ucrania es solo el primer escenario de prueba. Foundation mantiene contacto estrecho con el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos para estudiar el uso de robots Phantom en patrullas en la frontera con México.
La pregunta que queda en el aire es filosófica y legal: ¿quién es responsable cuando un robot toma una decisión equivocada en combate? El modelo human-in-the-loop intenta responder a eso con un humano detrás del gatillo virtual, pero a medida que estos sistemas ganen autonomía y velocidad, ese humano tendrá cada vez menos tiempo para decidir. Además, el uso de robots en la guerra puede hacer que políticamente para los gobiernos sea más fácil iniciar un conflicto o escalarlo.
En febrero de este año, la startup estadounidense Foundation envió dos unidades de su robot Phantom MK-1 al frente ucraniano para misiones de reconocimiento. La empresa, con sede en San Francisco, confirmó el despliegue en una reciente entrevista de su cofundador Mike LeBlanc con la revista Time, convirtiéndose en la primera vez que se prueba oficialmente un robot humanoide en primera línea de guerra.