Los satélites de Starlink están contaminando la atmósfera terrestre, según los científicos
Científicos alemanes han descubierto que un cohete Falcon 9 de SpaceX contaminó la atmósfera en 2025, provocando una nube de litio con consecuencias preocupantes
Un cohete Falcon 9 de SpaceX con 28 satélites Starlink a bordo despega del Complejo de Lanzamiento Espacial 40 en la Estación Espacial de Cabo Cañaveral. (Jennifer Briggs/ZUMA Press)
En febrero de 2025, un cohete de SpaceX que había transportado 22 satélites Starlink a órbita sufrió una avería. No logró ejecutar la quema de desorbitación planificada y fue a la deriva en órbita durante 18 días antes de iniciar un descenso no controlado a unos 100 km de la costa oeste de Irlanda. Algunas partes del cohete aterrizaron en Polonia y, aunque no causaron heridos, la falta de comunicación generó tal preocupación que Polonia destituyó al director de su agencia espacial. Pero ese no fue el único impacto duradero de este fallo. Un nuevo estudio de Robin Wing y sus colegas del Instituto Leibniz de Física Atmosférica, publicado en Communications Earth & Environment, vincula por primera vez la reentrada de ese cohete con una enorme nube de contaminación.
Para ello, emplearon un sistema de lidar de fluorescencia por resonancia de alta sensibilidad, situado en Kühlungsborn, Alemania. Sin embargo, no lo hacían específicamente para detectar las consecuencias de ese lanzamiento. Simplemente estaban monitorizando la atmósfera superior, como suelen hacer los científicos atmosféricos. Pero justo en torno a la medianoche del 20 de febrero de 2025, observaron un repunte en los niveles de vapor de litio.
El litio no suele encontrarse en concentraciones elevadas en la atmósfera, pero es uno de los componentes principales de una etapa de cohete Falcon 9. En la atmósfera, los niveles de litio rondan habitualmente los 3 átomos por centímetro cúbico. Solo 20 horas después del descenso del cohete Falcon 9, la densidad se disparó hasta los 31 átomos por centímetro cúbico a una altitud de entre 94,5 y 96,8 km.
Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, y vincular la nube de litio a la reentrada de un cohete concreto exige algo más que decir "mira, este cohete acaba de caer y ahora hay más litio". Así que los autores recurrieron a la modelización atmosférica. Ejecutaron 8.000 simulaciones de trayectorias de viento hacia atrás desde su estación de lidar en Alemania hasta el punto de reentrada del cohete sobre Irlanda. Después comprobaron otras posibles fuentes y todo arrojó resultados negativos.
Cobertura de CBS sobre el lanzamiento fallido del Falcon 9 que originó la nube de litio. (CBS LA)
El propio litio fue un factor clave en este descubrimiento. Como se ha señalado, existe en la atmósfera en cantidades ínfimas; incluso los meteoritos solo aportan unos 80 gramos del elemento al día a todo el planeta. En cambio, la etapa superior de un Falcon 9 contiene un estimado de 30 kilogramos de litio, distribuidos entre baterías de iones de litio y el revestimiento del casco de aleación de aluminio y litio. Otro hallazgo fundamental del estudio es que dicho revestimiento comenzaría a fundirse exactamente a 98,2 km, lo que coincide con las observaciones de la estación de lidar.
Ya hemos hablado anteriormente sobre la preocupación que los científicos expresan respecto a los productos químicos que introducimos en la atmósfera al quemar etapas de cohetes y satélites. Esto representa la primera vez que un incidente concreto se vincula con una nube de contaminación de este tipo. Pero plantea preguntas más amplias: ¿qué impacto tendrá esta llegada de litio en la química atmosférica? Dado que los satélites son desorbitados de forma intencionada, ¿existe alguna manera de limitar el riesgo de contaminación cuando lo hacen?
Estas son, por ahora, preguntas sin respuesta. A medida que se lanzan cada vez más satélites a megaconstelaciones para mantener nuestras comunicaciones y se utilizan más cohetes para ello, estas cuestiones adquieren una importancia creciente. Este estudio representa un primer paso para rastrear las consecuencias medioambientales reales de la reentrada no intencionada de restos espaciales. Desde luego, no será el último.
En febrero de 2025, un cohete de SpaceX que había transportado 22 satélites Starlink a órbita sufrió una avería. No logró ejecutar la quema de desorbitación planificada y fue a la deriva en órbita durante 18 días antes de iniciar un descenso no controlado a unos 100 km de la costa oeste de Irlanda. Algunas partes del cohete aterrizaron en Polonia y, aunque no causaron heridos, la falta de comunicación generó tal preocupación que Polonia destituyó al director de su agencia espacial. Pero ese no fue el único impacto duradero de este fallo. Un nuevo estudio de Robin Wing y sus colegas del Instituto Leibniz de Física Atmosférica, publicado en Communications Earth & Environment, vincula por primera vez la reentrada de ese cohete con una enorme nube de contaminación.