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Una sola inyección puede devolver la movilidad perdida en personas mayores
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Éxito del ensayo clínico

Una sola inyección puede devolver la movilidad perdida en personas mayores

Una infusión única de células madre mesenquimales puede mejorar hasta un 20% la capacidad de caminar de personas mayores con fragilidad, sin efectos secundarios graves

Foto: (EFE Orlando Barría)
(EFE Orlando Barría)

La empresa biotecnológica Longeveron acaba de publicar los resultados del ensayo en humanos de un tratamiento que abre un nuevo camino para revertir el deterioro funcional propio del envejecimiento. El estudio, con 148 participantes de entre 70 y 85 años con fragilidad leve o moderada, demuestra que una sola dosis de su terapia puede producir mejoras clínicamente significativas en la movilidad de las personas mayores.

La terapia lleva el nombre de Laromestrocel y es un compuesto de células madre extraídas de médula ósea de donantes jóvenes y sanos, de entre 18 y 45 años, que se cultivan en laboratorio antes de administrarse por infusión intravenosa. Estas células son multipotentes y pueden convertirse en múltiples tipos de tejido —como hueso, cartílago y músculo— y liberan moléculas de señalización antiinflamatoria con efectos en todo el organismo.

"Por primera vez existe un tratamiento que apunta directamente al envejecimiento acelerado", afirma Jorge Ruiz, coautor del estudio y geriatra del Memorial Healthcare System en Hollywood, Florida.

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Cómo funciona

El mecanismo principal del Laromestrocel consiste en inhibir unas enzimas llamadas metaloproteinasas de la matriz extracelular. Estas tienen un efecto degenerativo sobre las proteínas estructurales de los vasos sanguíneos y otros tejidos. Al frenar esa degradación, el tratamiento regenera el sistema vascular, lo que a su vez mejora la función de las fibras musculares implicadas en la resistencia al esfuerzo.

El estudio ya ha pasado la fase 2b, es decir, que se ha probado todavía con pocos pacientes, pero los resultados son prometedores. Los participantes que recibieron la dosis máxima caminaron, de media, 63,4 metros más en la prueba estándar de seis minutos a los nueve meses de la infusión, frente al grupo placebo. A los seis meses, la mejora ya era de 41,3 metros.

Además, no ha mostrado efectos secundarios graves. Según los investigadores, la gran ventaja del Laromestrocel es que presenta muy pocas proteínas de superficie capaces de activar el sistema inmunitario del receptor. Esto elimina la necesidad de inmunosupresores, medicamentos que en personas ya debilitadas pueden abrir la puerta a infecciones fatales. "Nadie tuvo fiebre, nadie tuvo sarpullido, nadie tuvo nada grave", afirma Joshua Hare, director científico de Longeveron.

Más allá de la fragilidad, el Laromestrocel se ha estudiado también en ensayos con pacientes de alzhéimer, mostrando reducción de la atrofia cerebral, mejora del rendimiento cognitivo y señales de menor inflamación cerebral frente al placebo. Si se confirma que su mecanismo antiinflamatorio y vascular tiene efectos transversales sobre múltiples patologías asociadas al envejecimiento, podríamos estar ante algo más que un tratamiento para la debilidad. Según sus creadores, el Laromestrocel podría convertirse en una terapia global para el envejecimiento biológico que ataca directamente a sus raíces moleculares.

El camino a la clínica

El síndrome de la fragilidad, que según el propio estudio afecta a entre el 12% y el 24% de la población mayor de 65 años, carece hasta ahora de tratamientos biológicos específicos. Las únicas opciones disponibles son programas de ejercicio físico y cambios en el estilo de vida.

Pero el camino del Laromestrocel hacia las clínicas todavía tiene obstáculos que superar. El principal es burocrático. Los investigadores aseguran que ni la FDA estadounidense ni las autoridades regulatorias europeas reconocen actualmente la fragilidad como una enfermedad. Sin ese reconocimiento, obtener la aprobación formal del tratamiento resulta muy difícil. Hare reconoce que una vía posible sería demostrar que la terapia reduce el riesgo de caídas o mejora la supervivencia tras una intervención quirúrgica, dos indicadores que sí tienen peso regulatorio.

A las trabas administrativas se suman también las económicas. Daisy Wilson, investigadora de la Universidad de Birmingham, advierte sobre el coste previsiblemente elevado de la terapia y lo compara con los resultados de programas de marcha controlada, que en algunos ensayos han mejorado la prueba de seis minutos en más de 50 metros. "Dado lo caro que probablemente será esto, no estoy segura de cómo se podría justificar su uso", señala en una entrevista para New Scientist.

Wilson también apunta a la dificultad logística de obtener células madre de voluntarios en volumen suficiente para tratar a toda la población frágil. Aunque, según Hare, hay ya varias empresas trabajando en la escalabilidad industrial de este tipo de terapias celulares y se muestra "confiado en que la necesidad será cubierta".

La empresa biotecnológica Longeveron acaba de publicar los resultados del ensayo en humanos de un tratamiento que abre un nuevo camino para revertir el deterioro funcional propio del envejecimiento. El estudio, con 148 participantes de entre 70 y 85 años con fragilidad leve o moderada, demuestra que una sola dosis de su terapia puede producir mejoras clínicamente significativas en la movilidad de las personas mayores.

La terapia lleva el nombre de Laromestrocel y es un compuesto de células madre extraídas de médula ósea de donantes jóvenes y sanos, de entre 18 y 45 años, que se cultivan en laboratorio antes de administrarse por infusión intravenosa. Estas células son multipotentes y pueden convertirse en múltiples tipos de tejido —como hueso, cartílago y músculo— y liberan moléculas de señalización antiinflamatoria con efectos en todo el organismo.

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