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Una amenaza futura

Cómo Rusia está espiando las comunicaciones de los satélites europeos

Dos satélites rusos espían comunicaciones de satélites europeos desde 2014. Podrían interceptar señales de control y amenazar operaciones espaciales. Europa todavía no tiene defensa para esta amenaza

Foto: (Fuerza Aérea de los EEUU)
(Fuerza Aérea de los EEUU)

Las autoridades han dado la voz de alarma recientemente sobre la interceptación rusa de comunicaciones procedentes de satélites europeos. Sin embargo, este no es un problema nuevo.

Desde la primera invasión de Ucrania en 2014, dos satélites rusos han estado acechando en secreto a naves espaciales europeas. Han efectuado maniobras lo suficientemente próximas como para suscitar inquietudes que van más allá de la mera observación.

En 2018, la ministra de Defensa francesa acusó a Rusia de espionaje tras detectarse uno de estos vehículos en las inmediaciones de un satélite militar de comunicaciones francoitaliano. Dos satélites de Intelsat fueron objeto de una actuación similar con anterioridad.

Foto: ciencia-investigacion-espacio-ovnis-proyecto-galileo

Estas llamadas operaciones de aproximación y encuentro (RPO, por sus siglas en inglés), en las que una nave espacial maniobra deliberadamente para acoplarse u operar cerca de otro objeto en el espacio, se están volviendo habituales en la órbita geoestacionaria (GEO), donde los satélites permanecen fijos sobre un mismo punto de la Tierra.

Las RPO no son intrínsecamente malintencionadas. Estas operaciones pueden emplearse en ocasiones para repostar combustible en un satélite y prolongar su vida útil, o para retirar satélites y residuos fuera de servicio, manteniendo las órbitas despejadas para futuras misiones.

Dado que la tecnología destinada a mejorar la maniobrabilidad de los satélites es de uso dual —civil y militar—, el reto consiste en determinar la intención y, si procede, responder en consecuencia.

Inspecciones de satélites

Lanzados en 2014 y 2023, los dos satélites rusos inspectores de alto secreto, Luch/Olymp 1 y 2, forman parte de los esfuerzos de Rusia por identificar posibles vulnerabilidades técnicas en satélites de países de la OTAN.

Si ese hubiera sido su único propósito, las autoridades europeas habrían tenido escasos motivos para albergar una preocupación o queja seria. Aproximarse a un satélite para caracterizar su perfil no es una misión novedosa ni exclusiva de Rusia.

placeholder Lanzamiento de un cohete Angara como los que llevan a órbita a las armas espaciales rusas. (Ministerio de Defensa de Rusia)
Lanzamiento de un cohete Angara como los que llevan a órbita a las armas espaciales rusas. (Ministerio de Defensa de Rusia)

Los satélites de inspección del Programa de Conciencia Situacional Espacial Geosíncrona de EEUU (GSSAP) se han acercado a menos de diez kilómetros de otros satélites en el pasado. Incluso empresas comerciales han comenzado a ofrecer servicios de inspección.

Una empresa australiana llamada HEO sobrevoló recientemente un satélite chino clasificado para descubrir sus características técnicas. En teoría, información de este tipo podría utilizarse en el futuro para perturbar el funcionamiento de satélites.

No obstante, los satélites rusos han seguido a las mismas naves durante meses, aproximándose en ocasiones a menos de cinco kilómetros de sus objetivos. Esto no se ajusta al perfil de una inspección satelital, que consistiría simplemente en sobrevolar el objetivo, tomar imágenes y pasar rápidamente a otra trayectoria.

Los satélites GSSAP, por ejemplo, suelen operar por parejas, adoptando una aproximación en tenaza: un satélite orbita por encima de la GEO inspeccionando la cara posterior del satélite objetivo, mientras el otro se mueve justo por debajo para explorar su cara frontal.

placeholder Los satélites rusos podrían haber interceptado transmisiones de estaciones terrestres que les permitirían interrumpir el funcionamiento de naves espaciales europeas. (Trisna.id)
Los satélites rusos podrían haber interceptado transmisiones de estaciones terrestres que les permitirían interrumpir el funcionamiento de naves espaciales europeas. (Trisna.id)

Los satélites Luch, en cambio, son esencialmente sistemas de inteligencia de señales (Sigint). Al situarlos entre un satélite objetivo y su estación terrestre, Rusia puede interceptar la señal y espiar las comunicaciones de satélites europeos como los operados por Eutelsat, empresa francesa, e Intelsat, empresa luxemburguesa-estadounidense. Entre otros clientes, estos satélites europeos proporcionan ancho de banda a los ejércitos europeos para comunicaciones seguras.

Analizados de forma aislada, estos vehículos Luch deben considerarse satélites de vigilancia y no armas contrespaciales, es decir, satélites capaces de perturbar o inutilizar otra nave espacial. Los satélites rusos se limitan a recopilar información. Por este motivo, por sí solos no representan una amenaza significativa para la seguridad.

Sin embargo, el espacio como dominio sigue estando entrelazado con la dinámica geopolítica más amplia en la Tierra. Cualquier operación espacial rusa debe interpretarse como parte de una campaña estratégica mayor, ya sea para obtener una ventaja militar sobre Ucrania o para presionar a los países europeos a retirar su apoyo a Ucrania.

Amenaza futura

Desde esta perspectiva, las RPO de los satélites Luch podrían interpretarse no solo como parte de un esfuerzo de Sigint, sino también como una advertencia a los países europeos de que sus satélites son vulnerables a posibles perturbaciones.

Tal como ha señalado el general de división Michael Traut, comandante del Mando Espacial alemán, es probable que los satélites Luch hayan interceptado también los enlaces de mando de sus objetivos. Estos enlaces de mando son transmisiones supuestamente seguras desde estaciones terrestres a satélites que contienen instrucciones operativas.

Si esto es cierto, Rusia podría potencialmente replicar las señales de enlace ascendente utilizadas por las estaciones terrestres para controlar los satélites, lo que le permitiría perturbar las operaciones espaciales europeas en el futuro.

Si este escenario resulta familiar, es porque se asemejaría en gran medida a la campaña híbrida rusa contra los cables submarinos europeos. Esta ha incluido años de cartografía encubierta de infraestructuras occidentales y, más recientemente, un esfuerzo sostenido por cortar cables de fibra óptica.

Las RPO llevadas a cabo durante los últimos años por los dos satélites Luch podrían ser indicativas de actuaciones más escalatorias en el futuro, si Rusia sigue sin lograr disuadir a Europa de continuar su apoyo a Ucrania.

¿Qué puede hacer Europa en este escenario? Un primer paso bienvenido ha sido la publicación de información que expone las actividades rusas en órbita geoestacionaria. En el pasado, las operaciones espaciales solían ocultarse bajo un velo de secretismo.

Una mayor transparencia puede aprovecharse para deslegitimar estas actividades ante la comunidad internacional, al tiempo que se legitima el desarrollo de los propios programas contrespaciales europeos de autodefensa.

De hecho, países europeos como el Reino Unido y Alemania se han mostrado mucho más explícitos respecto a la necesidad de desplegar sus propios sistemas contrespaciales. Rusia ha demostrado otras capacidades en órbita que emplean RPO y pueden utilizarse para este propósito.

Sin un conjunto de herramientas integral que incluya opciones de autodefensa, Europa podría quedar expuesta a actividades espaciales de mayor escalada para las que no está suficientemente preparada.

Proteger su dependencia de los servicios habilitados por el espacio —desde las comunicaciones militares hasta la conectividad económica— exige, por tanto, tratar la seguridad orbital como un componente intrínseco de su postura estratégica general.

Las autoridades han dado la voz de alarma recientemente sobre la interceptación rusa de comunicaciones procedentes de satélites europeos. Sin embargo, este no es un problema nuevo.

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