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Cómo Rusia ha construido el sistema de guerra espacial más potente y suicida que existe
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Cómo Rusia ha construido el sistema de guerra espacial más potente y suicida que existe

Así son las capacidades de guerra orbital de Rusia, desde los sistemas antisatélites coorbitales a los de ascenso directo. No solo amenazan a la OTAN, sino que ponen en riesgo a toda la humanidad

Foto: Lanzamiento de un cohete Angara como los que llevan a órbita a las armas espaciales rusas. (Ministerio de Defensa de Rusia)
Lanzamiento de un cohete Angara como los que llevan a órbita a las armas espaciales rusas. (Ministerio de Defensa de Rusia)

El dictador ruso Vladimir Putin está jugando con el futuro de la humanidad. Bajo sus órdenes, Rusia ha desarrollado sistemas antisatélite orbitales y sistemas de ascenso directo diseñados para barrer la infraestructura espacial occidental, algo que pondría en riesgo la civilización tecnológica. Pero lo realmente terrorífico no es este extremo sino que un ataque espacial afectaría directamente a los sistemas de vigilancia nuclear, que son la única garantía para que no estalle una guerra atómica.

Los sistemas, probados y operativos, representan una amenaza seria para Occidente y el resto del planeta, tanto en órbita baja (LEO) como geoestacionaria (GEO). Lanzamientos recientes demuestran las crecientes capacidades ASAT de Rusia, incluyendo operaciones de proximidad, posibles interceptores cinéticos y dispositivos nucleares para emitir pulsos magnéticos. ¿Cómo ha podido llegar Rusia a este punto sin que la comunidad internacional haya puesto freno a esta estrategia suicida? El profesor Markos Trichas y el doctor Matthew Mowthorpe han publicado un artículo detallado de qué capacidades han puesto en órbita y cómo pueden afectarnos.

Foto: trump-desclasificar-documentos-ovnis-vida-extraterrestre

Satélites cazadores y misiles terrestres

Uno de los sistemas que ha probado y desplegado Rusia es el Nudol, un misil que sale disparado desde camiones militares y alcanza objetivos hasta 850 kilómetros sobre nuestras cabezas—la zona donde vuelan satélites estadounidenses de reconocimiento, comunicaciones y navegación. Almaz-Antey, fabricante estatal ruso de armamento espacial, vende el misil explícitamente como herramienta para destruir vehículos espaciales de Estados Unidos. En noviembre de 2021, Moscú hizo detonar el arma contra un satélite ruso obsoleto, produciendo más de 1.500 pedazos detectables por radar más cientos de miles de partículas microscópicas que seguirán orbitando durante años.

Otro programa es el Nivelir, un sistema de satélites cazador de satélites que por ahora podría incluir casi una decena de unidades orbitales. Los rusos han realizado muchas pruebas peligrosas con estas máquinas. Durante octubre de 2017, el satélite Cosmos 2523 fue eyectado desde otro satélite alcanzando 27 metros por segundo. En julio de 2020, Cosmos 2543 lanzó material viajando entre 140 y 186 metros por segundo. Los mandos militares espaciales británico y estadounidense protestaron oficialmente tras ambos ensayos. El general James Dickinson, en ese momento jefe del US Space Command, afirmó que "las pruebas persistentes de Rusia de estos sistemas demuestran que las amenazas a los sistemas espaciales estadounidenses y aliados avanzan rápidamente".

placeholder Imagen de uno de los satélites Nivelir en órbita.
Imagen de uno de los satélites Nivelir en órbita.

Los estadounidenses afirman que dos vehículos Nivelir navegan ahora mismo cerca de satélites militares norteamericanos. Cosmos 2558, lanzado en agosto de 2022, sigue al satélite espía clasificado USA 326. El 26 de junio de 2025 desplegó un subsatélite llamado Objeto C que maniobró hasta 58 kilómetros cerca del objetivo americano. El US Space Command afirmó el 18 de agosto de 2022 que este comportamiento es "irresponsable y peligroso". El Cosmos 2588, operativo desde mayo de 2025, vuela en trayectoria paralela a USA 338, acercándose hasta menos de 100 kilómetros cada cuatro días.

Nuevo campo de batalla

También está el Cosmos 2589, que despegó el 23 de junio de 2025 en una órbita de elipse extrema—con un punto alto a 51.200 kilómetros y un punto bajo a 20.374 kilómetros. Tres días después, soltó el subsatélite Objeto D, ahora Cosmos 2590. Entre julio y octubre de 2025, ambos ejecutaron aproximaciones hasta separaciones inferiores al kilómetro entre ellos.

En noviembre, Cosmos 2589 inició ajustes para alcanzar órbita circular geoestacionaria alrededor del 21 de abril de 2026. El analista Bart Hendrickx confirma que esta máquina tiene la capacidad de aproximación en órbita geostacionaria, donde orbitan satélites críticos de comunicaciones militares y detección de lanzamientos nucleares.

placeholder El sistema Tirada-2S.
El sistema Tirada-2S.

Moscú ha desplegado también un arsenal de guerra electrónica terrestre contra satélites. El Tirada-2S, terminado en 2018 y aparentemente activo, puede bloquear transmisiones hacia satélites de comunicaciones. Bylina-MM puede atacar repetidores de satélites militares occidentales incluyendo Milstar, Skynet e Italsat. El Tobol emplea conjuntos de antenas para sabotear satélites extranjeros mediante interferencia de señales descendentes. Krashuka-4, sistema móvil con alcance de 300 kilómetros, puede inutilizar satélites de radar de apertura sintética en órbita baja.

Rayos láser y dispositivos atómicos

Putin también afirma tener Peresvet, un láser móvil desplegado en diciembre de 2018, el único sistema láser antisatélite ruso confirmado en servicio. Ciega sensores ópticos de satélites de reconocimiento sin generar escombros. También el Sokol-Echelon, un láser aerotransportado de dióxido de carbono que vuela en aviones Beriev A-60 y que se terminó, en teoría, en 2020 El avión prototipo ardió durante un bombardeo ucraniano contra Taganrog el 25 de noviembre de 2025, aunque el programa ya estaba muerto.

En febrero de 2024, las autoridades estadounidenses revelaron que Rusia fabrica armas antisatélite con cargas nucleares. John Kirby, entonces portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmó el en febrero de 2024 que "esta no es una capacidad activa que se haya desplegado" y "está relacionada con un arma antisatélite que Rusia está desarrollando".

placeholder El sistema Peresvet.
El sistema Peresvet.

Los americanos creen que el satélite Cosmos 2553 despegó el 5 de febrero de 2022 hacia una órbita de 2.000 kilómetros con inclinación de 67 grados. Los servicios de inteligencia estadounidenses concluyeron que era un ensayo para situar bombas atómicas en órbita. Sin embargo, una investigación independiente con datos públicos rechaza esta interpretación y argumenta que la misión principal era la observación militar mediante radar. Cosmos 2553 gira ahora sin control desde finales de 2024.

Detonar un arma atómica en órbita baja liberaría un pulso electromagnético capaz de convertir esa zona en un cementerio de escómbros,

El riesgo del holocausto por accidente

Eliminar los satélites de alerta temprana en órbita geoestacionaria provocaría un colapso en la seguridad mundial. Rusia y Estados Unidos necesitan estos aparatos para detectar cuándo el enemigo dispara misiles nucleares. La red rusa funciona con diez satélites, pero solo mantiene cuatro activos. Cegar estos sensores forzaría a las potencias nucleares a disparar sus misiles por miedo a sentirse atacado, sin tiempo para comprobar si es real o falsa.

Si un trozo de basura espacial golpease uno de estos satélites durante una crisis geopolítica, los mandos militares podrían creer que es el inicio de un ataque. Un fallo técnico o una maniobra rusa mal interpretada cerca de estos satélites críticos podría iniciar la guerra nuclear que se supone deben evitar.

El dictador ruso Vladimir Putin está jugando con el futuro de la humanidad. Bajo sus órdenes, Rusia ha desarrollado sistemas antisatélite orbitales y sistemas de ascenso directo diseñados para barrer la infraestructura espacial occidental, algo que pondría en riesgo la civilización tecnológica. Pero lo realmente terrorífico no es este extremo sino que un ataque espacial afectaría directamente a los sistemas de vigilancia nuclear, que son la única garantía para que no estalle una guerra atómica.

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