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Por qué el plan de Elon Musk para lanzar 1 millón de satélites no es seguro ni viable
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Todos los expertos coinciden

Por qué el plan de Elon Musk para lanzar 1 millón de satélites no es seguro ni viable

El plan no sólo es de casi imposible ejecución sino que, además, representaría una sentencia de muerte para las actividades espaciales de toda la humanidad

Foto: Visualización de los objetos que rodean ahora mismo la Tierra.
Visualización de los objetos que rodean ahora mismo la Tierra.

La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) parece haber perdido el norte, o al menos su calendario. En una decisión burocrática sin precedentes que ha encendido todas las alarmas, la agencia ha aceptado tramitar en cuestión de días la solicitud de SpaceX para lanzar un millón de satélites con el fin de crear una red de centros de datos orbitales.

El presidente de la comisión, el 'trumpista' Brendan Carr, anunció el miércoles en la red social X que el organismo "da la bienvenida y busca comentarios" sobre esta propuesta, abriendo un periodo de consulta pública que finaliza el próximo 6 de marzo. Habitualmente, la burocracia de la FCC tarda semanas o meses en responder a una solicitud de este calibre, pero la urgencia por competir en la llamada "carrera espacial 2.0" contra China ha llevado al jefe de la Oficina Espacial, Jay Schwarz, a priorizar la velocidad sobre la cautela.​

Pero la FCC no necesita preguntar a un público que nada sabe de recursos, ingeniería, o estructuras en el espacio. Aunque la administración Trump desprecia la ciencia, sólo tiene que escuchar a los expertos que se agolpan para calificar el plan de Musk como algo completamente absurdo, peligroso, o ambas cosas.

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Un sinsentido

Las cifras son aterradoras y carecen de sentido común. Actualmente hay unos 14.500 satélites en órbita; el plan de Musk pretende multiplicar esa cifra por casi 70 veces, un aumento del 6.800%. Jonathan McDowell, astrónomo y experto en satélites, advierte que "será extremadamente difícil operar un número tan enorme de satélites de forma segura". Según McDowell, este incremento del "factor 100 sobre la ya abultada cantidad existente hoy" nos acerca peligrosamente al síndrome de Kessler, un escenario catastrófico en el que la órbita baja terrestre se satura tanto de objetos y escombros que cualquier colisión provoca una reacción en cadena, creando una nube de metralla capaz de destruir todo a su paso hasta destruir toda la infraestructura espacial vital para la supervivencia de la humanidad.

A este campo de minas orbital hay que sumar un problema básico de física que Musk parece ignorar: la termodinámica. En la Tierra, los centros de datos se refrigeran con aire o agua; en el vacío del espacio, no hay aire que se lleve el calor que generan los procesadores. El analista de la industria Carlos Placido explica que "los procesadores grandes y hambrientos de energía requieren radiadores desproporcionadamente grandes". Aunque SpaceX propone una arquitectura distribuida de nodos pequeños interconectados por láser para mitigar esto, la realidad técnica choca frontalmente con la promesa de Musk de que el espacio será "el lugar más barato para poner IA en 36 meses o menos". Como tantas otras cosas que promete Musk, es falso.

La viabilidad logística es otra fantasía que ignora la realidad de la ingeniería actual. Lluc Palerm, director de investigación satelital en la consultora Analysys Mason, se pregunta con escepticismo: "¿Factible en qué tiempos?", comparando la magnitud del reto con una misión a Marte. Todo el plan depende del cohete Starship, que aún está en fase de pruebas y no para de tener fallos. El analista Tim Farrar duda que la compañía tenga capacidad de lanzar cohetes hasta 2027 o 2028, señalando que incluso con lanzamientos semanales, apenas podrían poner en órbita una fracción minúscula de la capacidad necesaria para competir con la tierra.​ Es totalmente absurdo.

Lejos de preocuparse por saturar el cielo, la "solución" de SpaceX para cuando estos satélites terminen su vida útil es igualmente irresponsable. La compañía propone enviar los satélites retirados a órbitas más altas o en trayectorias hacia el Sol. Hugh Lewis, experto en basura espacial de la Universidad de Birmingham, califica estos planes de "optimistas, prematuros y posiblemente ingenuos desde las perspectivas de seguridad y sostenibilidad", añadiendo tajantemente que "esparcir basura espacial por el sistema solar no me parece responsable".​

Todo por la pasta

Pero además de toda esta realidad desde el punto de vista de la ingeniería o la gestión de recursos, el plan no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico. Según Christian Freiherr von der Ropp, consultor de tecnología satelital, la propuesta de Musk está "más en el reino de la visión especulativa que en la realidad de la ingeniería a corto o medio plazo". Según von der Ropp, los costes de lanzamiento, reemplazo y mantenimiento de tal cantidad de plataformas computacionales de vida corta "superarían probablemente el coste de construir y operar centros de datos terrestres suministrados por energía renovable barata".​

La pregunta es por qué propone Musk algo tan disparatado. Como suele ocurrir con las empresas de Musk y otras startups, sigan el rastro del dinero. SpaceX se prepara para una oferta pública de venta de acciones que se espera recaude hasta 50.000 millones de dólares para financiar estos centros de datos. Lewis sospecha que esto es "un intento de elevar el perfil de la empresa antes de cualquier oferta pública" con un plan absurdo que se traguen los analistas hambrientos de comisión y los especuladores. Von der Ropp coincide, interpretando estas visiones como una "narración estratégica" diseñada para el marketing más que como una planificación de infraestructura ejecutable.​

Pero parece que la FCC quiere bailar al son del magnate que propició el ascenso de Trump al poder en EEUU. Y aunque el espacio es de todos los países del planeta, corremos el riesgo de sacrificar la seguridad de nuestra órbita terrestre por el bombo publicitario de una corporación y la búsqueda de poder y dominio mundial de la Casa Blanca, que ve como China avanza en su expansión imperialista sobre el sistema solar con un plan a 100 años.

Musk asegura que, en el largo plazo, la IA espacial es la única forma de escalar, pero la realidad es que quiere llenar el cielo que nos pertenece a todos con su chatarra basándose en una solicitud apresurada que, según los expertos, es tan peligrosa como es de locos. Si la FCC aprueba esto sin escuchar a la comunidad científica, no será innovación; será negligencia a escala planetaria.

La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) parece haber perdido el norte, o al menos su calendario. En una decisión burocrática sin precedentes que ha encendido todas las alarmas, la agencia ha aceptado tramitar en cuestión de días la solicitud de SpaceX para lanzar un millón de satélites con el fin de crear una red de centros de datos orbitales.

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