Al portaviones del futuro de EEUU no le funcionan los váteres: un fallo operativo grave
A pesar de ser el portaaviones más avanzado del planeta, el sistema de saneamiento del Gerald Ford es una auténtica chapuza que limita seriamente su capacidad operativa
El portaaviones nuclear más caro de la historia estadounidense —valorado en 13.000 millones de dólares— tiene un serio problema. No, no son los misiles hipersónicos chinos que según el Pentágono los pueden destruir en minutos. El enemigo son los chapuzas que le han hecho la fontanería y las deposiciones de su propia tripulación. El CVN-78 arrastra desde 2023 un problema que la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) describe como permanente: su sistema de saneamiento falla continuamente.
Los equipos técnicos a bordo registran averías diarias, un hecho que no es nuevo y debería haber sido previsto por la todopoderosa US Navy. El problema ya arruinó el estreno de otro buque en 2011: el portaaviones USS George H.W. Bush zarpó por primera vez con el mismo sistema de evacuación de residuos y, durante aquella travesía inaugural, las 423 unidades sanitarias del barco quedaron inutilizadas en dos ocasiones distintas. Los hombres orinaban en botellas que después lanzaban al océano o usaban los lavabos de sus estaciones de trabajo. Las mujeres aguantaban hasta desarrollar infecciones urinarias y otros problemas médicos. Un colapso del sistema obligó a los técnicos a trabajar sin parar más de un día para restaurar el servicio. Solo en ese año, el buque consumió 10.000 horas de trabajo en reparaciones del alcantarillado.
El problema de succión neumática
La tecnología detrás del fracaso se llama VCHT y funciona mediante succión neumática en lugar de gravedad. El concepto es simple: un motor genera vacío que arrastra los desechos a través de tuberías hasta depósitos de tratamiento. Es el mismo principio que usan los aviones comerciales, pero aplicado a una escala monstruosa. Más de 4.000 personas viven en el Ford, produciendo residuos que deben viajar por 400 kilómetros de conductos. El sistema se divide en sectores independientes. Cuando la presión cae en uno de ellos, todos los inodoros de esa zona dejan de funcionar al mismo tiempo.
La Armada ha culpado históricamente a la tripulación de tirar trapos, cabezas de fregona, calcetines y productos de higiene femenina por los retretes. Pero los documentos internos obtenidos por NPR revelan otra causa. El buque utiliza agua de mar para las descargas. Al entrar en contacto con la orina humana, el agua salada provoca una precipitación de carbonato de calcio. Este compuesto químico se adhiere a las paredes de las tuberías, que ya son más estrechas que las tradicionales por diseño. La acumulación reduce el diámetro hasta que el flujo se detiene por completo.
Eliminar esas incrustaciones calcáreas requiere un procedimiento industrial que la Armada llama lavado ácido. Consiste en bombear sustancias corrosivas a través de todo el sistema para disolver los depósitos minerales. La GAO documentó que cada intervención cuesta 400.000 dólares. El portaaviones ha necesitado múltiples lavados desde que comenzó su actual despliegue. El tratamiento solo puede realizarse en puerto, nunca en alta mar, por riesgos ambientales y de seguridad. Un buque de propulsión nuclear diseñado para operar indefinidamente sin repostar ahora depende de las instalaciones terrestres para mantener operativos sus baños. Sería de risa si no hubiera costado 13.000 millones de dólares y no fuera el barco del futuro de la US Navy, su buque insignia.
Ausencia de urinarios
El Ford introduce otra modificación discutible: la ausencia total de urinarios. Todos los espacios sanitarios del buque están equipados únicamente con inodoros de asiento, una configuración que la Armada justifica como "neutral en cuanto al género" para facilitar cambios en la distribución de dormitorios sin obras de fontanería. Menos del 18% de la dotación naval estadounidense es femenina. Chuck Kaufman —director de la Public Restroom Company, una empresa especializada en instalaciones sanitarias con mucho tráfico— afirma que es "con diferencia un entorno menos limpio que un urinario". Añade que el problema fundamental es que los inodoros convencionales ocupan más del doble de espacio que los urinarios de pared, reduciendo el número de unidades disponibles y ralentizando el flujo de usuarios en momentos de saturación.
Bryan Clark, analista del centro de estudios especializado en defensa Instituto Hudson, afirma que "tal vez este sea un ejemplo en el que deberían haber mantenido el viejo sistema en lugar de ir tras la nueva tecnología". La GAO ha determinado que los lavados ácidos serán "una acción de mantenimiento no planificada durante toda la vida útil del buque", con la limitación operativa que ello conlleva y que afecta seriamente a la función principal del buque, que tendrá que interrumpir sus misiones cada vez que se vea obligado a volver a puerto para uno de estos lavados ácidos. Los documentos oficiales confirman que desde junio de 2023, "cada día que toda la tripulación está presente en el barco, se registra una llamada de avería" del sistema.
El superportaaviones del futuro de los EEUU está condenado a un ciclo infinito de reparaciones que consumirá presupuesto y tiempo operativo para solucionar un problema que la gravedad resolvía gratis. Una metáfora perfecta de lo que ahora mismo pasa en ese país.
El portaaviones nuclear más caro de la historia estadounidense —valorado en 13.000 millones de dólares— tiene un serio problema. No, no son los misiles hipersónicos chinos que según el Pentágono los pueden destruir en minutos. El enemigo son los chapuzas que le han hecho la fontanería y las deposiciones de su propia tripulación. El CVN-78 arrastra desde 2023 un problema que la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO) describe como permanente: su sistema de saneamiento falla continuamente.