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"Trump destruye el futuro tecnológico de EEUU, beneficia a China", dice un Nobel de Economía
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"Trump destruye el futuro tecnológico de EEUU, beneficia a China", dice un Nobel de Economía

El premio Nobel Joel Mokyr denuncia que la 'actitud irreflexiva' de EEUU hacia la ciencia da a China una ventaja en industrias estratégicas y pone en peligro el liderazgo tecnológico de Washington

Foto: El presidente Trump hace un anuncio en la Casa Blanca. (REUTERS/Kevin Lamarque)
El presidente Trump hace un anuncio en la Casa Blanca. (REUTERS/Kevin Lamarque)

El académico israelí-estadounidense Joel Mokyr —galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2025— advierte que la hegemonía tecnológica americana está en serio peligro de desaparecer para siempre. Mientras Washington se obsesiona con aranceles y muros para defenderse, Mokyr afirma que la verdadera amenaza es interna: una "embestida total" contra la investigación científica de vanguardia impulsada por la administración de Donald Trump. Para Mokyr, Estados Unidos ha entrado en una espiral autodestructiva, actuando "en contra de cualquier tipo de innovación" y creando un vacío que China no solo está dispuesta a llenar, sino que ya está capitalizando activamente.​

La advertencia de Mokyr trasciende la crítica política. Él describe un desmantelamiento sistémico. El economista sostiene que la Casa Blanca está purgando en las instituciones académicas, un proceso que califica de "demasiado radical, demasiado dramático". La consecuencia de esta "actitud irreflexiva", asegura, es que todas las áreas en la vanguardia de la ciencia estadounidense están "sufriendo". Mokyr es tajante en su veredicto final: si Estados Unidos es incapaz de elegir un gobierno que respete la ciencia pura, entonces "merecen perder ante China". El Nobel afirma que él estará "animando a China desde la barrera" si la hostilidad hacia el conocimiento y el pensamiento científico persiste en la administración de los EEUU.

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La mecánica del colapso

Para entender la gravedad de esta "embestida", hay que mirar más allá de la retórica y analizar la mecánica del colapso. La ciencia moderna no es una fábrica que se pueda encender y apagar a voluntad; es un ecosistema frágil que requiere estabilidad generacional. Mokyr compara la trayectoria actual de Estados Unidos con la de "otros regímenes populistas" como Turquía, Hungría o Rusia, donde la lealtad ideológica asfixia el descubrimiento empírico. Al politizar los laboratorios, Washington está rompiendo el contrato social implícito con sus científicos, forzándolos a navegar un campo minado político en lugar de explorar las fronteras del conocimiento.​

Esta tensión se agrava porque el contexto global ha cambiado fundamentalmente. Chen Zhiwu, catedrático de la Universidad de Hong Kong, argumenta que hemos entrado en una era de "reglas impulsadas por la guerra". En este nuevo paradigma, la tecnología ya no busca solo el bienestar civil o el beneficio comercial, sino la supremacía en el campo de batalla. La ironía que señalan los expertos es que, justo cuando la ciencia se convierte en la herramienta definitiva de supervivencia nacional, Estados Unidos ha decidido sabotear su propia herramienta.​

La ejecución de esta política es quirúrgica y brutal en sus detalles. Según informes de Nature, Washington suspendió o canceló más de 7.800 subvenciones de investigación federales solo en el último año. Una subvención de la investigación pura es el combustible esencial que paga los reactivos, las supercomputadoras y los salarios de los doctorandos. Al cortar este flujo, se apagan proyectos que tardaron años en gestarse. Además, el Departamento de Estado propuso la suspensión de 38 universidades —incluyendo gigantes como Harvard y Yale— de programas de colaboración federal, castigándolas específicamente por sus prácticas de contratación de diversidad, equidad e inclusión (DEI).

placeholder Campus de Harvard, especialmente afectada por las políticas anti-ciencia de Trump. (REUTERS/Reba Saldanha)
Campus de Harvard, especialmente afectada por las políticas anti-ciencia de Trump. (REUTERS/Reba Saldanha)

Diferencias innegables

El contraste en la financiación de la investigación revela dos trayectorias opuestas. Mientras los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) congelaron miles de proyectos y cerca de 1.400 millones de dólares en fondos ya asignados, Pekín inyecta estabilidad en su sistema. El presupuesto central de China para 2025 incluyó un aumento explícito del 10% en el gasto en ciencia y tecnología, alcanzando los 398.100 millones de yuanes (aproximadamente 51.000 millones de euros). Donde Estados Unidos aplica el freno de mano por motivos ideológicos, China pisa el acelerador con financiación estatal garantizada.

En el tablero de las tecnologías clave, esta disparidad de enfoques ya se traduce en dominio territorial. Estados Unidos mantiene su liderazgo en las plataformas digitales abstractas: la computación cuántica, los modelos de inteligencia artificial (como los que potencian ChatGPT) y la infraestructura en la nube. Sin embargo, China está cerrando la brecha rápidamente en el mundo físico. Según el rastreador de tecnología crítica del Australian Strategic Policy Institute, China lidera ahora en 66 de 74 tecnologías críticas, con una ventaja casi de monopolio en robótica avanzada, baterías y biología sintética. Mientras América domina el software, China domina la máquina.

El flujo de talento, quizás el recurso más valioso de todos, está cambiando de dirección. Históricamente, Estados Unidos era el imán mundial de cerebros, pero el miedo se ha convertido en un repelente eficaz. Estudios recientes indican que hasta un 75% de los investigadores chinos en Estados Unidos han considerado abandonar el país debido al escrutinio político y la inestabilidad de la financiación, un fenómeno conocido como la 'Iniciativa China'. China, por su parte, se ha convertido en el beneficiario neto de este éxodo, recibiendo una "fuga de cerebros inversa" de científicos formados en Occidente que regresan a un entorno donde los fondos fluyen y la política apoya, en lugar de perseguir, su trabajo.

Estas posturas políticas definirán el futuro inmediato. La estrategia de Estados Unidos se caracteriza por el caos y la interrupción que sacrifica la viabilidad a largo plazo por victorias ideológicas a corto plazo contra el 'wokeismo' académico. En contraste, China utiliza su estabilidad estratégica para saltar etapas en el desarrollo tecnológico y científico. Al evitar caer en la trampa de politizar la ciencia básica, Pekín puede concentrarse en dominar las industrias emergentes. Como advierte Mokyr, en una carrera tecnológica impulsada por la guerra, el país que declara la guerra a sus propios científicos es el que tiene todas las papeletas para perder. Y ese país es hoy Estados Unidos.

El académico israelí-estadounidense Joel Mokyr —galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2025— advierte que la hegemonía tecnológica americana está en serio peligro de desaparecer para siempre. Mientras Washington se obsesiona con aranceles y muros para defenderse, Mokyr afirma que la verdadera amenaza es interna: una "embestida total" contra la investigación científica de vanguardia impulsada por la administración de Donald Trump. Para Mokyr, Estados Unidos ha entrado en una espiral autodestructiva, actuando "en contra de cualquier tipo de innovación" y creando un vacío que China no solo está dispuesta a llenar, sino que ya está capitalizando activamente.​

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