Elon Musk ha perdido la carrera del móvil espacial antes de empezar
Los expertos coinciden: Starlink no tiene ni satélites ni móviles ni espectro de radio para ofrecer servicio 5G desde el espacio. Un rival desconocido en España, financiado por Google, AT&T, Carlos Slim y ahora el Pentágono, sí los tiene
La carrera espacial más encarnizada no trata de volver a la Luna. Trata de permitirte hacerte un TikTok o ver Netflix en tu móvil en cualquier lugar del planeta, desde los salares de Atacama hasta las dunas de Khongor, en el desierto de Gobi. Para que esto suceda, dos filosofías de diseño radicamente distintas están en guerra y varias empresas construyen la infraestructura necesaria para garantizar que cada teléfono del planeta esté permanentemente conectado a Internet.
Por un lado está SpaceX, de Elon Musk —y todas las imitadoras que han seguido la estela de Starlink. Su enfoque consiste en invadir el espacio con decenas de miles de satélites, creando una red de objetos que cubre la órbita terrestre baja. Por otro lado está una pequeña empresa con sede en Texas llamada AST SpaceMobile, que cree que puede proporcionar un mejor servicio con menos de 100 satélites en el espacio.
Ambas compañías —junto con Amazon y un puñado de organizaciones chinas— quieren dominar las comunicaciones inalámbricas mundiales. La constelación de satélites con el servicio más rápido, la cobertura más amplia, la mejor compatibilidad con teléfonos móviles 5G y los costes operativos más bajos dominará nuestra forma de comunicarnos en los próximos años. El enfoque que prevalezca tendrá un impacto grave no solo en el futuro de Internet, sino también en la salud de nuestro planeta y el futuro de internet y la humanidad en el espacio.
Una nueva era de carrera espacial
SpaceX, propietaria de Starlink, lanzó el primer satélite en 2019, proporcionando acceso a Internet de banda ancha a cualquiera que tuviera una gran antena Starlink y un módem en tierra. Desde entonces, ha puesto más de 9.000 satélites en órbita. La compañía proyecta tener una constelación de 34.000 satélites. Tras el lanzamiento inicial de Starlink, varios competidores siguieron su ejemplo, incluido Jeff Bezos y su constelación Kuiper —ahora llamada Amazon Leo— y los chinos, cuyos planes incluyen hasta 250.000 satélites.
Pero existe un problema fundamental con este diseño de megaconstelación: el plan de Musk para el Internet espacial es un juego de ruleta rusa orbital defectuoso, derrochador y peligroso.
A los científicos les preocupa que la constelación proyectada de 34.400 satélites de Starlink (podrían llegar hasta 75.000) cause daños irreparables a la atmósfera. Una constelación a gran escala también aumenta drásticamente la posibilidad de una colisión espacial que podría iniciar una reacción en cadena catastrófica, destruyendo redes orbitales que son cruciales para nuestra supervivencia como especie.
Jonathan McDowell, astrofísico e historiador de vuelos espaciales en el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, ha estado documentando los lanzamientos de satélites en su boletín Jonathan's Space Report. Él cree que puede haber otras formas mejores de lograr una cobertura global vía satélite, si es que necesitamos hacerlo. "Personalmente, prefiero un número menor de satélites más grandes", me comenta en una entrevista telefónica. "Una de las razones es el riesgo de colisiones espaciales. Si tienes 10 veces más satélites, tienes 100 veces más casi accidentes. Así que, solo desde ese punto de vista, consolidar en un número menor de satélites parece más sensato".
La alternativa mejor y más eficiente
Ahí es donde entra en juego el mayor competidor de Musk. AST SpaceMobile ha desarrollado una tecnología directa al móvil que utiliza grandes satélites llamados BlueBirds. Estas máquinas usan miles de antenas para ofrecer cobertura de banda ancha directamente a teléfonos móviles estándar, dice el presidente de la compañía, Scott Wisniewski.
"Este enfoque es notablemente eficiente: podemos lograr una cobertura global con aproximadamente 90 satélites, no miles o incluso decenas de miles como requieren otros sistemas", me cuenta Wisniewski en un correo electrónico. McDowell está de acuerdo en que el enfoque de AST —si logra cumplir sus objetivos— es el camino mejor, más eficiente y menos derrochador.
La clave es el tamaño y la sofisticación de sus satélites. La primera generación de satélites comerciales de AST, los BlueBird 1-5, se despliega en una enorme matriz de 64,4 metros cuadrados en el espacio. Hoy, la compañía tiene cinco satélites BlueBird 1-5 operativos en órbita, pero sus ambiciones son mucho mayores. El 24 de diciembre, AST lanzó el primero de sus satélites de nueva generación desde la India —llamado Bloque 2— y este batió récords. El BlueBird 6 tiene una superficie de casi 223 metros cuadrados, lo que lo convierte en el satélite individual más grande en órbita terrestre baja. La compañía planea lanzar hasta 60 más para finales de 2026.
"Esta gran superficie es esencial para captar señales débiles de teléfonos móviles estándar no modificados en tierra", explica Wisniewski. "Es, en esencia, una única torre de telefonía extremadamente potente y sensible en el cielo, capaz de dar servicio a una enorme zona geográfica... Esta filosofía de diseño aborda directamente las dos mayores amenazas que plantea el modelo de megaconstelación". En primer lugar, al necesitarse solo unos 90 satélites del Bloque 2 para la cobertura global, el volumen absoluto de material que se lanza y se saca de órbita es órdenes de magnitud menor que las decenas de miles planeadas por SpaceX y otros. Con una vida útil de 7 a 10 años, los satélites de AST están diseñados para durar más que los satélites de Starlink, que tienen una vida útil de unos 5 años. Esta combinación de factores reduce drásticamente el potencial de contaminación atmosférica.
Además, un número menor de satélites reduce drásticamente el riesgo de colisiones orbitales. "Menos satélites en órbita reduce inherentemente la probabilidad de colisiones y la creación de basura espacial, promoviendo un entorno orbital más sostenible", dice Wisniewski. Es una solución basada en la ingeniería de precisión en lugar de en la fuerza bruta numérica, un testimonio de una forma diferente de pensar sobre el problema.
Como dice McDowell, desde el punto de vista del tráfico espacial, "menos satélites y más grandes es probablemente mejor". Es una elección de diseño que prioriza la sostenibilidad y la mitigación de riesgos. Y el coste total, mucho menor en el caso de AST.
Un plan imprudente de fuerza bruta
La idea central detrás del servicio directo al móvil de Starlink es la fuerza bruta. Es el equivalente digital del bombardeo de saturación: saturar la órbita terrestre baja con decenas de miles de satélites relativamente pequeños, baratos y desechables. Cada uno actúa como una pequeña torre de telefonía en el cielo, hablando con el teléfono en tu bolsillo. Como están en una órbita baja, la latencia es mínima y la señal es lo suficientemente fuerte para un teléfono estándar. Es un concepto simple, pero su elegancia es engañosa. En realidad, tiene la elegancia de un bocadillo de torreznos.
El modelo de Starlink se basa en un ciclo constante de reemplazo. Después de unos cinco años, están programados para caer de nuevo a la Tierra, desintegrándose al reentrar. Aquí es donde surge el primer problema importante.
"Cuando se desintegran, no simplemente se desvanecen", explica McDowell. "Se convierten en polvo, polvo de alúmina, partículas de óxido de aluminio. Estas partículas son muy eficaces destruyendo el ozono".
El efecto a largo plazo de depositar toneladas de este material en la atmósfera superior todos los días es una incógnita aterradora. Estamos, en efecto, llevando a cabo un experimento incontrolado en las capas protectoras de nuestro propio planeta. McDowell señala que, si bien el lanzamiento de un solo cohete causa daños temporales y localizados en el ozono, la reentrada continua de miles de satélites crea un problema persistente y global que nunca se ha estudiado a esta escala.
SpaceX desestimó agresivamente estas preocupaciones en 2021 en una batalla legal con Viasat, un servicio rival de Internet por satélite para uso doméstico, empresarial y militar. Su defensa legal atacó directamente la premisa científica de que los satélites al quemarse crean cantidades nocivas de óxido de aluminio. La compañía ha estado ignorando las advertencias sobre el posible agotamiento del ozono desde 2024.
Musk sí ha intentado abordar la contaminación lumínica. Al enfrentarse a las protestas de la comunidad astronómica por el brillo de sus satélites, iteraron en su diseño. Primero llegó DarkSat, un revestimiento experimental que resultó ineficaz. Luego vino VisorSat, un parasol desplegable que bloqueaba el reflejo de la luz en las partes más brillantes del satélite.
Ahora, me cuenta McDowell, están usando una película de espejo dieléctrico que refleja menos luz hacia la Tierra. "Han hecho un esfuerzo significativo para reducir el brillo, y los Starlink más nuevos son sustancialmente más tenues que los primeros", admite. "Pero siguen siendo lo suficientemente brillantes como para ser un problema para los grandes telescopios de rastreo como el Observatorio Vera Rubin".
Estos esfuerzos de mitigación, aunque loables, solo abordan un problema relativamente menor —la contaminación lumínica— y no hacen nada para resolver los problemas más fundamentales de la contaminación atmosférica y la saturación orbital. El problema se ve agravado por el hecho de que todo el mundo está copiando ahora este modelo. El Proyecto Leo de Amazon planea lanzar más de 3.200 satélites... Pekín y algunas empresas chinas planeaban dos megaconstelaciones separadas, Guowang y G60 Starlink, con un total de casi 26.000 satélites. "Estamos solo al principio de esto", advierte McDowell. "Y eso se vuelve muy preocupante porque ahora no es solo una empresa, es un montón de empresas". Para aumentar aún más sus preocupaciones, justo hace unos días el gobierno chino ha solicitado permisos de lanzamiento para 200.000 satélites.
El enfoque de AST no está exento de sus propias controversias. El tamaño de sus satélites los hace muy brillantes en el cielo nocturno, una fuente importante de frustración para los astrónomos en tierra. McDowell confirma que, cuando se lanzó en 2022, el satélite prototipo de AST, BlueWalker 3, se convirtió en "uno de los diez objetos más brillantes del cielo nocturno durante un tiempo".
"Es un problema grave y estamos trabajando directamente con la comunidad astronómica para mitigar nuestro impacto", me dice Wisniewski. La compañía está explorando soluciones como recubrimientos antirreflectantes y ajustes operativos para minimizar el tiempo que sus satélites están en su máximo brillo. Sin embargo, McDowell no tiene constancia de que nadie esté trabajando con AST SpaceMobile y estos últimos no proporcionaron ningún detalle.
Según McDowell, sin embargo, el tamaño y el brillo es una contrapartida razonable. "Aunque los BlueBirds sean brillantes, no hay tantos. Así que prefiero en cierto modo ese enfoque", dice. "Siempre y cuando no cambien de criterio y digan: en realidad, necesitamos 30.000 de estos también". Pero sabemos que el diseño y la tecnología de AST no necesita de esos números. Musk sí.
Un juego orbital de ruleta rusa
Más allá de las preocupaciones ambientales, existe una amenaza existencial aún más inmediata: el síndrome de Kessler. Popularizado por la película Gravity, es un escenario que quita el sueño a expertos espaciales como McDowell. La teoría, propuesta por el científico de la NASA Donald Kessler en 1978, describe un efecto dominó en el que una colisión entre dos objetos en órbita crea una nube de escombros. Cada pieza de esos escombros se convierte entonces en un proyectil que puede causar otra colisión, creando aún más escombros, hasta que la órbita terrestre baja se convierte en un campo minado intransitable de metralla a hipervelocidad.
"Cuantos más satélites tienes, mayor es la probabilidad de una colisión", afirma McDowell llanamente. "Y el problema es que una vez que tienes la primera colisión, los escombros de esta amenazan ahora a todos los demás satélites".
SpaceX ha diseñado un sistema de evasión de colisiones altamente automatizado para Starlink, y McDowell reconoce su sofisticación. Sus satélites monitorizan constantemente sus trayectorias y pueden encender sus propulsores de forma autónoma para esquivar posibles impactos. "Realizan miles de maniobras al mes", dice, lo que es un testimonio tanto de la capacidad del sistema como del entorno terriblemente abarrotado en el que opera. En total, han realizado 50.000 maniobras evasivas desde 2019.
Pero aunque SpaceX afirma que sus satélites son 100% seguros, los hechos nos dicen que no son infalibles. "Incluso con una tasa de éxito del 99% en la desorbitación, una tasa de fallo del uno por ciento en una constelación de 30.000 satélites significa que estás añadiendo 300 satélites muertos de varios cientos de kilos a la órbita cada cinco años", calcula McDowell. Esas son 300 balas incontrolables esperando iniciar el síndrome de Kessler.
Una reacción en cadena catastrófica podría, en cuestión de horas o días, acabar con las redes de satélites esenciales que sustentan la civilización moderna. Esto no trata solo de perder tu navegación GPS de camino a un nuevo restaurante. Trata del colapso de las finanzas globales, la previsión meteorológica, las comunicaciones y los sistemas militares y de respuesta a desastres críticos. Estamos hablando de una regresión tecnológica de décadas, un escenario que McDowell encuentra cada vez más plausible a medida que se lanzan más megaconstelaciones. Es una apuesta de alto riesgo con la infraestructura esencial de la civilización.
También existe un peligro de impacto directo para las personas en tierra. Algunos satélites Starlink ya han fallado en órbita, convirtiéndose en basura espacial incontrolable que cayó de nuevo a la Tierra. Hay al menos un informe de un trozo de satélite golpeando un edificio en Canadá. El último incidente ocurrió el 17 de diciembre de 2025, cuando un satélite Starlink experimentó una anomalía, perdiendo la comunicación y provocando una purga del tanque de propulsión, un rápido decaimiento orbital y la liberación de escombros en la órbita terrestre baja. En un informe de 2023 al congreso, la FAA alerta de que existe un riesgo real de que los escombros de Starlink al caer hieran o maten a alguien para 2035.
La basura espacial también es un problema para los cohetes. A principios de noviembre, tres taikonautas regresaron tras quedarse varados en la estación internacional china durante nueve días. No pudieron usar la nave espacial que iba a llevarlos a la Tierra —la Chengdou-20— porque escombros orbitales la habían golpeado antes. La Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China dijo que los astronautas encontraron "grietas diminutas" en una pequeña ventana de su nave espacial Shenzhou-20.
El impacto no fue fatal, pero las cosas podrían haber salido muy mal. Los chinos, sin embargo, no están actuando de forma diferente. Pekín lanzará cientos de miles de satélites que imitan el diseño de Starlink. Están contribuyendo al problema y aumentando el riesgo para ellos mismos y para todos los demás.
Por qué AST SpaceMobile puede ganar a Musk
Ahora mismo, Starlink no ofrece banda ancha directa al móvil; en su lugar, ofrece solo conexiones de texto y datos limitados. Esta conectividad de baja velocidad requiere una línea de visión con el satélite, tal como afirma SpaceX en su sitio. Starlink, a pesar de su posición de liderazgo en el mercado del negocio de satélites de Internet, todavía está intentando ponerse al día en el frente del directo al móvil, y es muy probable que nunca sea capaz de cerrar la brecha con AST. Ciertamente, como admite el propio Musk, no a corto plazo.
La compañía de Musk tiene dos enormes factores en su contra. Primero es el hardware en órbita. Para proporcionar banda ancha a los teléfonos necesita un satélite Starlink V3 de nueva generación, que aún no existe. Y además, aunque lo tuvieran, SpaceX no tiene forma de lanzarlo. Con un peso estimado de unos 2.000 kilos, el satélite V3 es demasiado grande y pesado para que el cohete de batalla Falcon 9 lo despliegue en cantidades económicamente viables. Todo el modelo de negocio para Starlink V3 depende del éxito de la Starship, el vehículo de lanzamiento superpesado de nueva generación de Musk. Pero Starship sigue en desarrollo, y aún no ha logrado la cadencia de lanzamiento operativa y constante necesaria para desplegar y mantener una constelación de miles de satélites V3.
Pero incluso si Musk logra terminar la Starship y los satélites Starlink V3 a tiempo, hay un segundo problema de hardware aún mayor: la conectividad de banda ancha no funcionará a menos que el teléfono móvil tenga un chip de módem especial. Sí, cadetes espaciales, tendréis que comprar un teléfono nuevo para disfrutar de la conectividad de Starlink, mientras que AST funciona con cualquier teléfono actual no modificado. Ninguno de estos nuevos teléfonos habilitados para Starlink existe ni ha sido anunciado todavía. Según Gwynne Shotwell —la directora ejecutiva de SpaceX— la compañía está trabajando ahora en este chip.
"Estamos trabajando con fabricantes de chips para conseguir los chips adecuados en los teléfonos", dijo a la audiencia en la Semana Mundial del Negocio Espacial en París el pasado septiembre. Esperar que los fabricantes de teléfonos incorporen el módem propietario de Starlink en sus teléfonos parece mucho pedir. Especialmente cuando fabricantes como Apple tienen sus propios planes de directo del móvil al espacio. Parece improbable que Tim Cook vincule la joya de la corona de la compañía a los caprichos de Musk. O que haga los teléfonos aún más caros... Sin embargo, eso ni siquiera importa porque incluso si Musk tuviera 18.000 de estos satélites V3y las Starships listas para lanzar, el problema seguiría siendo el mismo: necesitarás teléfonos con módems Starlink en su interior para la banda ancha. Y el problema de la línea de visión persistirá. La banda ancha solo funciona cuando el teléfono puede "mirar" a los satélites en el cielo.
$ASTS Elon Musk just confirmed:
— YeahDave (@Yeah_Dave) September 10, 2025
-He is a threat to MNO's (Verizon, AT&T, etc)
-He can't deploy the $17B worth of spectrum. It requires new phone chips currently not present and likely will not be available for another two years@spacanpanman@thekookreport@kingtutcap pic.twitter.com/7yX3zXIt3V
Por esto el calendario inicialmente prometido por Musk para la banda ancha directa al móvil es totalmente especulativo. De hecho, mientras que Musk dijo que iba a estar lista en 2026, la propia SpaceX admitió que las pruebas de los primeros teléfonos equipados con chips Starlink están programadas para 2026, y Starlink tiene como objetivo completar su constelación de satélites V3 directos al móvil en 2027. Es una promesa construida sobre una promesa, un si tecnológico que depende de un cuándo logístico. Mientras tanto, AST SpaceMobile se está preparando para lanzar nuevos satélites operativos en cohetes existentes. Ahora, el propio Elon Musk ha admitido que por lo menos tardarán dos años en conseguir tener los satélites versión 3 en órbita y que los teléfonos que tengan ese chip. Y como la experiencia nos ha demostrado una y otra vez en Tesla, Neuralink y la propia SpaceX, cuando Musk dice dos años, generalmente se traduce en seis.
AST SpaceMobile ya ha demostrado que su tecnología funciona, con seis satélites operativos transmitiendo ahora a velocidades típicas de 5G directamente a teléfonos normales. Esto no significa que tenga una victoria garantizada contra Starlink o cualquiera de sus competidores. Aunque tiene el capital para ejecutar su plan —con el respaldo de inversores como AT&T, Alphabet, Rakuten, Vanguard, BlackRock y el magnate mexicano Carlos Slim, propietario del mayor operador de telecomunicaciones de América Latina— y una tecnología superior, necesita ejecutar docenas de lanzamientos.
Esta confianza en la tecnología explica por qué las acciones se han disparado un 333% en un año, pero las dudas sobre posibles problemas de ejecución también explican por qué las acciones experimentan oscilaciones salvajes. Con cada noticia de un lanzamiento o un retraso de un lanzamiento, la acción puede oscilar un 10% o un 20% arriba y abajo. Por eso el mercado trata a AST como un campo de batalla de alto riesgo y gran recompensa. Puede ser un negocio billonario o explotar en la plataforma de lanzamiento si la compañía no pone todos esos satélites arriba en 2026.
El golpe de gracia
Esta divergencia tecnológica y filosófica no ha pasado desapercibida para Musk. Viendo una amenaza directa a sus ambiciones, se ha embarcado en una campaña para socavar a AST SpaceMobile, con acusaciones infundadas, alegando que son un peligro en la órbita terrestre baja debido al tamaño de sus satélites. Al mismo tiempo, Musk está luchando contra sus propios problemas en la órbita terrestre baja. China ya ha denunciado dos casi accidentes con satélites Starlink que provocaron que su estación espacial Tiangong realizara maniobras evasivas de emergencia. El 2 de enero, SpaceX se vio obligada a mover 4.000 satélites a una órbita más baja después de que una nueva investigación de científicos chinos destacara la imprudencia de la compañía y el riesgo muy real de colisión.
Además, Musk intentó desesperadamente impedir que la FCC otorgara a AST acceso al espectro necesario —el rango de radiofrecuencias que necesita para que sus satélites conecten con los teléfonos móviles en la Tierra— alegando que sería "catastrófico" para su servicio porque las potentes señales de los grandes satélites de AST podrían interferir con los terminales de usuario de Starlink. En respuesta, AST SpaceMobile afirma que su sistema está diseñado para coexistir con otras redes y opera totalmente dentro de los límites acordados internacionalmente establecidos para prevenir tales interferencias. La FCC estuvo de acuerdo y permitió a AST usar el espectro. Y ese movimiento, si cada aspecto logístico se ejecuta según el plan, le otorga a AST una victoria aplastante sobre Musk.
Imagina el espectro de radio como una autopista gigante en el cielo con un número limitado de carriles. Llevando datos de un lado a otro, los camiones de AST tienen derecho a viajar por un número enorme de estos carriles gracias a socios como AT&T y Verizon. Aproximadamente 35 MHz de lo que la industria llama el "espectro dorado de banda baja". También adquirió un espectro extra de 45 MHz de banda baja de una empresa de comunicaciones en quiebra llamada Ligado. Son unos enormes 80 MHz. ¿Y recuerdas la fórmula mágica patentada de la compañía que mencionamos antes? Ésa es el arma secreta de AST para hacer funcionar esta autopista, un chip que une estas diferentes bandas de radio en una única tubería masiva, capaz de ofrecer velocidades máximas de 120 Mbps a los teléfonos, comparables a tu conexión 5G típica.
SpaceX y su socio T-Mobile tienen muy pocos carriles disponibles ahora mismo: solo 5 MHz. Eso es como comparar una superautopista de 80 carriles con una calle de 5 carriles. Para intentar arreglar eso, Musk ha gastado 17.000 millones de dólares para adquirir 50 carriles más: 50 MHz de espectro de banda S de otra compañía de comunicaciones en quiebra, EchoStar. El problema está en esa "S", que significa short (corto). La física dicta que las ondas de radio de frecuencia más baja penetran los objetos sólidos de manera más efectiva que las ondas de frecuencia más alta. Como las ondas de banda L son más largas (frecuencia más baja), son mejores atravesando obstáculos no metálicos como paredes, follaje y la meteorología en comparación con la banda S de frecuencia más alta.
Por eso el servicio del espacio al móvil de Starlink requerirá línea de visión para funcionar. Mientras tanto, AST afirma que su sistema funcionará en interiores y exteriores, penetrando edificios de manera similar a una señal de móvil normal. Wisniewski afirma que un teléfono conectará a través de "una pared" y funcionará a través del techo de tu coche debido a dos factores: usan una conexión de radio de baja frecuencia y sus satélites son lo suficientemente grandes para "escuchar" y "hablar" a los teléfonos en tierra incluso detrás de obstáculos. Sin embargo, este escenario aún no ha sido probado por la compañía ni por un tercero. Solo se ha probado con éxito múltiples veces la banda ancha con línea de visión con teléfonos normales. Si funciona dentro de coches y edificios como él afirma, sin embargo, la experiencia de usuario será perfecta. Su teléfono simplemente tendrá servicio donde antes no lo tenía, el cual será proporcionado a través de su operador existente como AT&T o Vodafone cuando esté operativo en algún momento de 2026.
¿De verdad deberíamos hacer esto?
La evidencia científcia y los expertos nos dicen que AST tiene todo lo que necesita para ganar la próxima carrera empresarial billonaria. Si ejecutan su plan como piensan, Musk lo tiene muy negro para poder competir en la telefonía móvil espacial (no así en la conectividad de internet en casas, con sus antenas de satélite Starlink).
Pero, gane quien gane, ¿debería existir esta carrera? ¿Y si estamos planetando esta competición por los motivos equivados?
Quizá deberíamos parar y dar un paso atrás. "Oigo a amigos que van de excursión a lugares lejanos, miran al cielo y dicen: 'vaya, ya nunca ves un cielo vacío'", me cuenta McDowell con un toque de tristeza y preocupación. Musk, Bezos, Wisniewski, los europeos y los chinos argumentarían que necesitamos Internet barato y ubicuo en todas partes del mundo, para aplicaciones civiles y militares. Y claro, hay mucho dinero por ganar y existe una necesidad genuina de dar servicio a comunidades en lugares remotos sin tener que invertir mucho más dinero en infraestructura terrestre, pero ¿de verdad necesitamos transmitir TikTok desde el espacio?
"No tengo necesariamente una postura sobre eso", dice McDowell. "Mi postura es que, incluso si ese es el caso, no debería ser solo EEUU quien lo decida. Debería ser decidido por todos los países del mundo porque todos se ven afectados, sean potencias espaciales o no. Y esa es la discusión que estoy tratando de promover: tengamos una conversación global, preferiblemente a nivel de la ONU, sobre cómo equilibrar los intereses del medioambiente y la industria espacial de manera más general".
Tiene razón. Y si todos decidimos que necesitamos esto, dejemos que todos acuerden cuál es la mejor solución para minimizar el impacto en la humanidad. La solución más inteligente. La tecnológicamente más avanzada.
Si al final hacemos esto, como especie, encontremos de verdad la forma más inteligente y menos dañina, que no nos haga depender a todos de un hombre que ha demostrado ninguna consideración por sus semejantes a pesar de tener complejo de salvador, pensando que solo él puede garantizar la supervivencia de la humanidad en un yermo planeta rojo.
La carrera espacial más encarnizada no trata de volver a la Luna. Trata de permitirte hacerte un TikTok o ver Netflix en tu móvil en cualquier lugar del planeta, desde los salares de Atacama hasta las dunas de Khongor, en el desierto de Gobi. Para que esto suceda, dos filosofías de diseño radicamente distintas están en guerra y varias empresas construyen la infraestructura necesaria para garantizar que cada teléfono del planeta esté permanentemente conectado a Internet.