El plan de la película 'Armageddon' para salvar la Tierra funciona sorprendentemente bien
Un equipo del CERN ha bombardeado un meteorito con un haz de protones y demostrado que los asteroides metálicos aguantan explosiones nucleares mucho mejor de lo que se pensaba
La película Armageddon cuenta la historia de una desesperada misión espacial para salvar la Tierra del impacto de un asteroide del tamaño de Texas. Aunque la cinta tiene vocación palomitera —y unos agujeros en la trama tan grandes como el cráter del meteorito que acabó con los dinosaurios—, la idea de utilizar bombas nucleares como último recurso ante un impacto inminente funciona sorprendentemente bien, según una nueva investigación del Sincrotrón de Protones (SPS) del CERN.
Cada pocos siglos se acerca a nuestro planeta una roca espacial lo suficientemente grande como para causar daño en algunas regiones de la Tierra. Entre los últimos que impactos que hemos vivido están el evento de Cheliábinsk, que hirió a miles en 2013, o el de Tunguska, que arrasó miles de kilómetros cuadrados de bosque siberiano en 1908. También estamos expuestos a choques de objetos mayores que serían capaces de borrarnos de la faz de la Tierra. Afortunadamente, estas rocas espaciales son muchísimo más raras, pero como nos recuerda con sorna la película Don't look up, la defensa planetaria no es una broma y hay que estar preparados.
Uno de nuestros planes de defensa es la misión DART de la NASA, que ya demostró en 2022 que es posible desviar una roca espacial de su trayectoria haciendo chocar una nave contra ella. Una técnica mucho más elegante y menos arriesgada que volarlos en pedazos con una bomba. Los científicos consideran que la desviación nuclear puede fragmentar el asteroide en mil pedazos que igualmente podrían caer sobre nosotros. O al menos, eso pensaban hasta que ha llegado este nuevo estudio del CERN que se ha publicado recientemente en Nature Communications.
El trabajo ha revelado que las propiedades materiales de ciertos asteroides podrían soportar las detonaciones mucho mejor de lo que predicen los modelos actuales. Pero para que el plan Armageddon funcione, necesitamos entender la física del material al dedillo. "El mundo debe ser capaz de ejecutar una misión de desviación nuclear con gran confianza, pero no puede realizar una prueba en el mundo real por adelantado", asegura Karl-Georg Schlesinger, uno de los autores del estudio. Según el experto, esta incertidumbre "impone exigencias extraordinarias a los datos físicos y materiales", algo que este nuevo estudio ha intentado resolver.
Un meteorito bombardeado en el laboratorio
Para simular los efectos de una explosión nuclear sin tener que mandar un arma de destrucción masiva al espacio, el equipo utilizó las instalaciones HiRadMat del CERN. Allí, los investigadores tomaron un meteorito rico en hierro y níquel y le dispararon 27 pulsos cortos e intensos de un haz concentrado de protones de 440 gigaelectronvoltios. Esto es aproximadamente 470 veces la energía que tienen en reposo, lo suficiente como para reproducir en laboratorio las condiciones extremas de presión y choque similares a las de una explosión nuclear.
Lejos de desintegrarse catastróficamente, el material metálico se comportó de forma sorprendentemente: se ablandó, se flexionó y luego se volvió a endurecer. "El material se volvió más fuerte, mostrando un aumento en el límite elástico y un comportamiento de amortiguación autoestabilizador", explica Melanie Bochmann, colíder del equipo responsable del estudio junto a Schlesinger.
De hecho, los análisis posteriores confirmaron que la resistencia del material aumentó en un factor de 2,5 tras el experimento. Estos resultados indican que, al menos para los asteroides ricos en metales, podríamos usar un dispositivo nuclear mucho más grande de lo que se pensaba sin romper la roca. "Esto mantiene abierta una opción de emergencia para situaciones que involucren objetos muy grandes o tiempos de advertencia muy cortos", dice Bochmann.
Un asteroide vendrá en 2032
El estudio del CERN llega en un momento en el que necesitamos tener a mano todas las defensas planetarias posibles. El sistema ATLAS descubrió el año pasado el asteroide 2024 YR4, una roca de unos 50 metros que se ha convertido en el objeto más vigilado de la lista de riesgos actual. Aunque su probabilidad de impacto directo contra la Tierra se mantiene en poco preocupante 1,2%, un giro inesperado en noviembre de 2025 ha elevado la probabilidad de que choque contra la Luna hasta un preocupante 4,3%.
Un impacto lunar de este calibre podría expulsar al espacio unos cien millones de toneladas de escombros, iniciando una cascada de colisiones que destruiría miles de satélites en órbita terrestre. Esta metralla podría inutilizar la infraestructura tecnológica esencial para la civilización moderna, desde el GPS hasta las comunicaciones globales.
Además, monitorizar al escurridizo 2024 YR4 es muy complicado. Su órbita excéntrica hace que se aleje de nosotros casi en línea recta y pronto desaparecerá de nuestra vista hasta 2028, dejándonos a ciegas durante años. Con el encuentro potencial fijado para el 22 de diciembre de 2032, la comunidad científica trabaja a contrarreloj para decidir si bastará con un impacto cinético al estilo DART o si habrá que recurrir a la artillería nuclear de Armageddon.
La película Armageddon cuenta la historia de una desesperada misión espacial para salvar la Tierra del impacto de un asteroide del tamaño de Texas. Aunque la cinta tiene vocación palomitera —y unos agujeros en la trama tan grandes como el cráter del meteorito que acabó con los dinosaurios—, la idea de utilizar bombas nucleares como último recurso ante un impacto inminente funciona sorprendentemente bien, según una nueva investigación del Sincrotrón de Protones (SPS) del CERN.