Otro farol de Rusia: uno de sus misiles más avanzados lleva tecnología de la Guerra Fría
Expertos ucranianos consultados por la CNN analizan los restos del Oreshnik y aseguran que el misil nuclear de última generación de Putin no es la joya tecnológica que nos ha vendido
El Oreshnik, el arma que Vladímir Putin presenta como una de las joyas tecnológicas de su arsenal nuclear, ha resultado ser un Frankenstein militar armado con componentes de la era del cosmonauta Yuri Gagarin. Los especialistas ucranianos del Instituto de Investigación Científica de Exámenes Forenses de Kiev han analizado los restos del misil que Rusia lanzó contra Dnipro en noviembre de 2024 y han visto que no es tan avanzado como se ha venido diciendo públicamente desde el Kremlin.
Moscú lleva meses presumiendo del Oreshnik (avellano en ruso) como un misil imposible de interceptar capaz de volar a más de diez veces la velocidad del sonido. Los analistas rusos lo describieron como "obra maestra de la tecnología de cohetes militares rusos" y según la propaganda del Kremlin, este misil puede transportar varias cabezas nucleares o convencionales de forma independiente y tiene un alcance de entre 1.000 y 5.500 kilómetros que le permitirían golpear objetivos en toda Europa o parte de Asia.
En junio de 2025, Putin anunció su producción en serie como respuesta directa al uso de misiles ATACMS estadounidenses y Storm Shadow británicos por parte de Ucrania. Y el pasado día 9 de enero, Rusia lo ha usado por segunda para atacar la región ucraniana de Lviv.
Componentes de la Guerra Fría
Entre los restos del Oreshnik encontrado tras el ataque de noviembre de 2024 había giroscopios mecánicos idénticos a los que llevaba la nave del primer cosmonauta al espacio en 1961 y tubos de vacío encerrados en vidrio, probablemente critrones o resonadores de alta frecuencia. "Aquí hay un giroscopio del Oreshnik: Yuri Gagarin voló con uno de estos", comentó Andrii Kulchytskyi, experto del instituto ucraniano, a CNN.
Según los expertos ucranianos, el sistema de navegación inercial está controlado por el giroscopio analógico y las placas de control recuperadas sugieren que la arquitectura no es completamente digital. Algunos componentes llevan marcas de fabricación de 2018, indicando que probablemente estaban destinados a proyectos anteriores. El Instituto para el Estudio de la Guerra y el Royal United Services Institute consideran que el Oreshnik hereda tecnología de misiles balísticos intercontinentales más que innovaciones radicales.
Last night, russia launched an Oreshnik ballistic missile on Lviv Oblast.
— UNITED24 (@U24_gov_ua) January 9, 2026
Targeted at civilians living in a region far behind the frontline, this IRBM reached the speed of approximately 13,000 km/h.#russiaisaterroriststate pic.twitter.com/Z7BrT5XiaM
La inteligencia militar ucraniana afina más el tiro y atribuye los orígenes del Oreshnik a otro proyecto anterior que se abandonó por una serie de fallos. Vadym Skibitskyi, subdirector de la Dirección de Inteligencia de Ucrania, dice que entre 2018 y 2019 Rusia comenzó un nuevo trabajo de investigación y desarrollo llamado Kedr RV para reemplazar el RS-24 Yars, un misil que estuvo en servicio en la Unión Soviética. El sistema Kedr se desarrolló sobre la base del Rubezh, pero según Skibitskyi, algo salió mal y los rusos y detuvieron el trabajo en 2017. En su lugar, lanzaron entonces el proyecto Oreshnik, que el experto ucraniano describió como "solo un cifrado" del mismo sistema.
Las imágenes de CNN muestran el mecanismo de despliegue diseñado para liberar seis submuniciones que se fragmentan en proyectiles cinéticos más pequeños. Sin embargo, el ataque cerca de Lviv del 9 de enero demostró que la tecnología todavía no está tan avanzada como dicen desde Moscú. Solo cuatro grupos de submuniciones y dos elementos aislados alcanzaron el suelo, y lo hicieron una amplia dispersión que sugiere poca precisión o desintegración parcial durante la reentrada.
La inteligencia ucraniana cree que la ojiva depende puramente de energía cinética y masa, no de explosivos. Y que aunque teóricamente puede superar los Mach 11 durante su fase terminal, esa velocidad genera estrés tanto en la guía como en la integridad estructural del arma, aseguran.
Las chapuzas rusas
La producción en masa del Oreshnik enfrenta obstáculos formidables que van más allá de las sanciones. La propia inteligencia ucraniana señala que Rusia depende de equipos de fabricación alemanes y japoneses para ensamblar el misil. Según el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, 21 de las 39 empresas implicadas en su producción aún no están sancionadas, por lo que endurecer estas medidas podría frenar significativamente el ritmo de fabricación.
Los problemas de manufactura de Rusia son endémicos. El país tiene un largo historial de defectos de fabricación que viene de sus tiempos soviéticos y que ahora es más grave que nunca gracias a la corrupción rampante en todos los estamentos. Durante la invasión de Ucrania, se documentaron fallos de hasta el 60% en armas guiadas rusas, producto del corrupto entramado industrial del país. Hablando en plata: muchas de las armas convencionales rusas son una auténtica chapuza lastrada por errores de fabricación sistemáticos.
Los expertos advierten que el verdadero peligro del Oreshnik no está solo en su capacidad destructiva, sino en su potencial para aumentar la tensión, la desconfianza y el riesgo de errores fatales en un contexto de escalada nuclear.
El Oreshnik, el arma que Vladímir Putin presenta como una de las joyas tecnológicas de su arsenal nuclear, ha resultado ser un Frankenstein militar armado con componentes de la era del cosmonauta Yuri Gagarin. Los especialistas ucranianos del Instituto de Investigación Científica de Exámenes Forenses de Kiev han analizado los restos del misil que Rusia lanzó contra Dnipro en noviembre de 2024 y han visto que no es tan avanzado como se ha venido diciendo públicamente desde el Kremlin.