Japón podría tener sus primeras armas nucleares en solo tres años
Una serie de declaraciones en Tokio y Pekín alimentan la idea de que Japón, único país víctima de un ataque nuclear, podría crear sus propias armas atómicas en menos de un lustro
En 2023, Henry Kissinger advirtió que Japón “se dirigía a convertirse en una potencia nuclear en cinco años”. Según el veterano diplomático estadounidense, el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial se está erosionando en Asia y potencias como China y Rusia actúan de forma cada vez más agresiva. Ahora, a finales de 2025, voces dentro del propio gobierno japonés han reavivado un tema que parecía muerto en el país nipón, y la comunidad militar china ha empezado a tratar el asunto casi como una cuestión de calendario, no de capacidades.
El desencadenante de esta nueva amenaza nuclear ha sido una frase que hasta hace poco habría sido impensable en Tokio. Un alto cargo de la Oficina del Primer Ministro, responsable de seguridad nacional, dijo a periodistas, en una conversación off the record, que “Japón debería poseer armas nucleares”. En paralelo, la primera ministra Sanae Takaichi ha empezado a tocar los tres principios no nucleares de Japón, una línea roja que no se ha movido durante décadas. Esos tres principios son no poseer, no producir, no permitir la introducción de armas nucleares en su territorio. Según recoge la prensa japonesa, Takaichi ha insinuado en declaraciones al diario Asahi Shimbun posibles cambios legales en estos principios.
Sin embargo, el jefe de gabinete, Minoru Kihara, ha intentado contener el temblor estratégico y diplomático al reafirmar que la política nuclear del país no ha cambiado y que Tokio mantiene su compromiso de no poseer armas nucleares. La filtración también provocó una fuerte reacción entre los hibakusha, los supervivientes de las bombas atómicas. Mimaki Toshiyuki, copresidente de la organización Nihon Hidankyo, confesó que nunca habría esperado “que se hiciera un comentario así”, y expresó “frustración, rabia y decepción” porque las vivencias de los supervivientes “no se han comprendido en absoluto”.
Desde China, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, advirtió en rueda de prensa de que, si se confirma la veracidad de la declaración, la situación es “extremadamente grave” y demuestra que “el peligroso plan de algunas personas en Japón de poseer armas nucleares ha quedado al descubierto”.
La latencia nuclear japonesa
Japón es la única nación del mundo que ha sufrido ataques nucleares, pero aun así no ha firmado el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, el acuerdo que busca erradicarlas por completo, aunque sí es parte del Tratado de No Proliferación. Técnicamente, el país lleva décadas situado en la categoría de potencia nuclear latente. En jerga estratégica, se trata de un país que no despliega armas nucleares, pero que puede cruzar el umbral y producir arsenales operativos en un plazo muy corto.
Varios expertos citados por medios chinos estiman que Japón podría desarrollar armas nucleares en menos de tres años, un plazo que encaja con el cálculo de analistas occidentales que consideran que el país podría diseñar una ojiva básica, integrarla en un sistema de lanzamiento ya existente y alcanzar un despliegue limitado —posiblemente sin pruebas explosivas— en ese intervalo de tiempo.
La clave de esa rapidez potencial está en la combinación de combustible nuclear acumulado y una industria nuclear civil altamente sofisticada. Ya en 2014, Japón disponía de unas 9 toneladas de plutonio separado, suficientes, según estimaciones, para fabricar alrededor de 5.000 bombas nucleares, más aproximadamente 1,2 toneladas de uranio enriquecido.
Hoy, datos de la Comisión de Energía Atómica de Japón citados por expertos chinos elevan el plutonio separado total a unas 44,4 toneladas, de las cuales 8,6 se almacenan en territorio japonés y 35,8 en Reino Unido y Francia. Aunque este plutonio no está preparado para uso militar, los especialistas subrayan que Japón tiene capacidad de refinado muy sofisticada y que, dado que solo se requieren unos 8 kilos para fabricar una bomba, la reserva doméstica bastaría de sobra para dotarse de un pequeño arsenal.
Preparada tecnológicamente
La comunidad científica china va más lejos en su diagnóstico técnico. Un investigador nuclear del oeste de China recuerda que “los principios de las armas nucleares pueden ser comprendidos incluso por estudiantes de secundaria” y que países como Corea del Norte, India o Pakistán han conseguido desarrollarlas; en ese contexto, sostiene que “técnicamente hablando, Japón posee capacidad industrial suficiente para construir armas nucleares incluso más avanzadas que las de esos países en poco tiempo”, y añade que lo ha hecho acumulando combustible bajo el pretexto de la energía nuclear civil.
Otros expertos apuntan que Japón no solo tiene el combustible y la industria, sino también cohetes, misiles, capacidades de lanzamiento espacial y una élite científica e industrial que completaría el ecosistema necesario para convertirse en potencia nuclear.
El país dispone de una infraestructura de investigación y pruebas que podría sustituir, en parte, a los ensayos nucleares clásicos en desiertos o atolones. Japón no tiene territorio remoto para pruebas explosivas, pero su superordenador Fugaku figura entre los más potentes del planeta y permitiría simular detonaciones avanzadas a partir de datos experimentales, siguiendo una senda similar a la de Estados Unidos. A esto se suma la instalación láser Gekko XII, en Osaka, que comprime pequeñas cápsulas de combustible para investigación en fusión nuclear civil.
En cuanto a la artillería que llevaría la carga nuclear, Japón también está preparado. La Agencia de Exploración Aeroespacial japonesa (JAXA) opera el cohete Epsilon, un cohete de combustible sólido, de respuesta más rápida que los de combustible líquido que necesitan ser prellenados, una característica típica de los misiles balísticos intercontinentales modernos. El Epsilon puede poner en órbita baja cargas de hasta 1,2 toneladas; si en lugar de un satélite se integrara una cabeza nuclear y se modificaran los sistemas de guiado, señalan los analistas, este diseño podría adaptarse a ataques nucleares de largo alcance.
Al mismo tiempo, Tokio ha modernizado su misil de crucero Tipo 12, que combina guiado por GPS, correlación de terreno y radar activo terminal. En su versión actualizada, este misil alcanzará unos 1.000 kilómetros de alcance. A este sistema nacional se suman los misiles de crucero Tomahawk adquiridos a Estados Unidos, con un alcance de alrededor de 1.600 kilómetros para despliegue embarcado. Juntos, estos vectores conformarían una capacidad de ataque de largo alcance que, en un escenario nuclear, podría servir tanto para disuasión como para represalia, aunque un experto advierte de que uno de los principales desafíos para Japón seguiría siendo desarrollar vehículos de entrega adecuados y acceder a uranio altamente enriquecido bajo la estricta supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica, algo que “tendría que hacerse de forma encubierta”.
En 2023, Henry Kissinger advirtió que Japón “se dirigía a convertirse en una potencia nuclear en cinco años”. Según el veterano diplomático estadounidense, el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial se está erosionando en Asia y potencias como China y Rusia actúan de forma cada vez más agresiva. Ahora, a finales de 2025, voces dentro del propio gobierno japonés han reavivado un tema que parecía muerto en el país nipón, y la comunidad militar china ha empezado a tratar el asunto casi como una cuestión de calendario, no de capacidades.