Rusia tiene un plan para destruir los satélites de Elon Musk, según documentos de inteligencia
Un arma antisatélite rusa basada en nubes de metralla podría destruir decenas de satélites Starlink a la vez, pero también desencadenar un caos orbital con riesgos para nuestra civilización
Los servicios de inteligencia de Canadá y Francia creen que Rusia trabaja en un nuevo tipo de arma diseñada para atacar la constelación Starlink de Elon Musk. A pesar de los vaivenes del director general de SpaceX en su apoyo a Ucrania, las comunicaciones de alta velocidad de la megaconstelación de satélites de Musk sigue siendo clave para la resistencia ucraniana frente a la invasión. El problema de desplegar esta posible arma rusa es que no solo destruiría los satélites de Starlink, sino que los impactos dejarían una nube de escombros espaciales podría destrozar otros satélites vitales para la civilización, haría inservible la órbita terrestre y nos dejaría sin la posibilidad de salir al espacio.
Según los documentos a los que ha tenido acceso Associated Press, el objetivo del Kremlin es desplegar un arma que inundaría las órbitas donde operan los satélites Starlink con cientos de miles de pequeños proyectiles de alta densidad, capaces de inutilizar múltiples satélites simultáneamente. Rusia ya intentó en 2021 destruir un viejo satélite soviético con un arma similar, pero este nuevo dispositivo no apuntaría a un objetivo individual, sino que liberaría una nube de perdigones diseñada para cubrir amplias franjas del espacio orbital para barrerlas un solo golpe.
Según señalan los informes, los miles de satélites de órbita baja han sido "fundamentales para la supervivencia de Ucrania frente a la invasión a gran escala de Rusia, ahora en su cuarto año". La red proporciona comunicaciones en el frente, permite el guiado de armamento y coordinación civil en zonas donde los bombardeos rusos han destruido las infraestructuras terrestres. Funcionarios rusos han advertido repetidamente que los satélites comerciales que apoyan a las fuerzas ucranianas pueden considerarse objetivos legítimos, y este mismo mes Moscú anunció el despliegue del S-500, un sistema de misiles terrestres capaz de alcanzar blancos en órbita baja.
Una metralla imposible de controlar
La posible arma rusa lanzaría unos proyectiles de apenas de unos milímetros de diámetro que son demasiado pequeños para ser detectados por los sistemas de rastreo terrestres y espaciales que monitorizan objetos orbitales. Esta invisibilidad dificultaría enormemente atribuir un ataque a Moscú, según explican los hallazgos de inteligencia. Sin embargo, a velocidades orbitales de más de siete kilómetros por segundo, incluso una partícula microscópica se comporta como un proyectil devastador capaz de atravesar paneles solares o perforar componentes críticos de cualquier satélite.
El problema, advierten los analistas que han revisado la información, es que una nube de perdigones de este tipo sería prácticamente imposible de confinar solo a los satélites de Starlink. "Si haces estallar una caja llena de balines, lo que consigues es cubrir todo un régimen orbital completo y destruir cada satélite de Starlink y todos los demás satélites que estén en un régimen similar. Y creo que esa es la parte que resulta increíblemente preocupante", asegura el brigadier general Christopher Horner, comandante de la División Espacial de las Fuerzas Armadas de Canadá, en declaraciones para la agencia de noticias.
Los satélites Starlink vuelan en torno a los 550 kilómetros de altura, donde operan centenares de satélites clave para las comunicaciones, observación y defensa de múltiples países. Por lo que un arma así haría inservible toda una franja de la órbita baja terrestre. "La mayor parte del daño probablemente se haría a los paneles solares porque son la parte más frágil de los satélites. Pero eso sería suficiente para dañar un satélite y probablemente dejarlo fuera de servicio", asegura Clayton Swope, especialista en seguridad espacial del Center for Strategic and International Studies.
Tras el ataque, los perdigones y los fragmentos de satélites destruidos caerían gradualmente hacia la Tierra, golpeando otros sistemas en su descenso. Según Swope, se trataría de un efecto paradojico en la que un ataque contra occidente podría acabar destruyendo tanto la estación espacial china Tiangong como la Estación Espacial Internacional, que cuenta con cosmonautas rusos en el espacio.
Todavía hay un escenario peor
Lo que más aterra a la comunidad científica es que un ataque de este tipo empuje a la órbita baja terrestre hacia lo que los científicos llaman el síndrome de Kessler a gran escala. Este fenómeno describe una reacción en cadena autosostenida en la que una nube de metralla con millones de fragmentos, desde el tamaño de una canica hasta el de un autobús, barre las órbitas donde residen nuestros satélites de comunicaciones, GPS y observación terrestre. Cada colisión genera más escombros, y cada nuevo fragmento multiplica las probabilidades de nuevos impactos. En cuestión de meses, la órbita baja se convertiría en un campo de minas intransitable.
Una nube de esa densidad inutilizaría la órbita baja durante siglos, devolviéndonos a una era pre-digital de forma inmediata y violenta. Una vez cruzado ese umbral, no hay forma de detener la cascada. La región más valiosa del espacio cercano quedaría clausurada para la humanidad durante generaciones. Cualquier intento de lanzar nuevos satélites se enfrentaría a un entorno saturado de proyectiles hipersónicos que multiplicarían el riesgo de destrucción en cadena.
Los efectos de este apagón orbital serían poco menos que apocalípticos para la economía global. Dependemos de transacciones sincronizadas por satélite, sin ellas, el sistema financiero colapsaría. Los sistemas de navegación para aviones y barcos dejarían de funcionar, el transporte mundial se paralizaría, las cadenas de suministro se romperían y la distribución de alimentos y medicinas se detendría. Las predicciones meteorológicas, la monitorización del cambio climático y las comunicaciones globales desaparecerían de golpe.
Frente a este panorama, incluso Victoria Samson, especialista de Secure World Foundation que se muestra escéptica sobre la viabilidad del arma rusa, reconoce que el riesgo no puede ignorarse del todo. "Han invertido una enorme cantidad de tiempo, dinero y recursos humanos en ser, ya sabes, una potencia espacial", señala. Usar un arma así "efectivamente cortaría el espacio para ellos también. No sé si estarían dispuestos a renunciar a tanto".
Los servicios de inteligencia de Canadá y Francia creen que Rusia trabaja en un nuevo tipo de arma diseñada para atacar la constelación Starlink de Elon Musk. A pesar de los vaivenes del director general de SpaceX en su apoyo a Ucrania, las comunicaciones de alta velocidad de la megaconstelación de satélites de Musk sigue siendo clave para la resistencia ucraniana frente a la invasión. El problema de desplegar esta posible arma rusa es que no solo destruiría los satélites de Starlink, sino que los impactos dejarían una nube de escombros espaciales podría destrozar otros satélites vitales para la civilización, haría inservible la órbita terrestre y nos dejaría sin la posibilidad de salir al espacio.