El fin del legendario superportaviones de EEUU: el Nimitz pone rumbo al desguace
El superportaaviones termina su último viaje. Ahora será trasladado a la Estación Naval de Norfolk, Virginia, para su desmantelamiento y reciclaje, un proceso que durará una década y costará más de mil millones de dólares
El legendario superportaviones USS Nimitz ha llegado a puerto, poniendo fin al último despliegue de su dilatada historia. Es el punto y final de un navío que ha protagonizado numerosos conflictos por los océanos y mares de todo el planeta, además de dar nombre a la clase de portaviones nucleares que ha dominado las aguas de la Tierra desde 1975. Es además el inicio del fin de los superportaviones nucleares norteamericanos de esta clase para dar paso a la nueva clase Ford.
El USS Nimitz volvió a la Base Naval Kitsap en Bremerton, Washington, tras 270 días en el mar. Es la última vez que este gigante atracará en su puerto base del Pacífico antes de morir. Pete Pagano, portavoz del Nimitz, confirmó que ahora toca preparar el barco para su final. "Durante este período, el barco se centrará en el mantenimiento y los requisitos administrativos para trasladar a nuestra tripulación y sus familias a nuestro nuevo puerto base", afirmó a la llegada. Es el comienzo de una despedida que culminará oficialmente en mayo de 2026, coincidiendo con el 51 aniversario de su entrada en servicio.
Un desafío de mil millones de dólares
Desmantelar una ciudad flotante de propulsión nuclear no es tan sencillo como enviar un coche al desguace; es un desafío de deconstrucción que costará hasta mil millones de dólares y más de una década. A diferencia de los portaaviones convencionales de los EEUU —que fueron vendidos a empresas de desguace para ser desarmados como cualquier otro barco— el Nimitz es un portaviones nuclear. El Pentágono ha tenido que adjudicar un contrato de más de 18 millones de dólares a Huntington Ingalls Industries solo para diseñar el paso a paso de cómo desmontar una bestia de acero que nunca fue pensada para ser desarmada fácilmente.
El núcleo del problema —y lo que diferencia este proceso de cualquier otro reciclaje industrial— reside en sus dos reactores nucleares A4W, las plantas de energía de agua presurizada que han impulsado sus hélices durante medio siglo. Estos deben someterse a un delicado proceso de 'defueling' o extracción de combustible en los astilleros de Newport News, Virginia, una fase crítica que durará aproximadamente 30 meses. Durante este tiempo, los ingenieros deberán extraer las varillas de combustible nuclear gastado con precisión quirúrgica para su almacenamiento seguro. Solo cuando este corazón radiactivo haya sido extirpado se podrá proceder a la inactivación total, apagando definitivamente los sistemas de ventilación y refrigeración que mantuvieron al buque con vida.
Autopsia a escala industrial
Una vez neutralizada la amenaza nuclear, el Nimitz será sometido a una disección en cinco fases claramente definidas que no comenzará "en serio" hasta finales de esta década. Los compartimentos del reactor, vacíos de combustible pero aún irradiados, serán empaquetados como residuos radiactivos de baja actividad y transportados a un cementerio nuclear en Hanford, Washington. Mientras tanto, el casco será cortado en secciones gigantescas. Nada se desperdicia en la economía de guerra: las piezas utilizables serán rescatadas quirúrgicamente para mantener operativos a los otros nueve portaaviones de la clase Nimitz que siguen en servicio. El resto del acero y materiales tóxicos se eliminarán siguiendo las estrictas directrices de la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
Este monumental esfuerzo logístico tiene un único precedente: el desguace del USS Enterprise (CVN-65), el primer superportaaviones nuclear del mundo, retirado en 2012 pero cuyo reciclaje no finalizará hasta 2029. La experiencia adquirida con los retrasos del Enterprise ha servido para trazar el mapa de ruta del Nimitz, que ahora debe navegar su última travesía desde el Pacífico hasta el Atlántico para morir. Mientras los 3.000 tripulantes preparan la mudanza a Norfolk, la Marina ya mira hacia el futuro con la llegada de los nuevos buques, cerrando así un ciclo tecnológico que comenzó en plena Guerra Fría.
El USS Nimitz es el primer portaaviones de su clase y el más antiguo en activo de la Marina de los EEUU hasta ahora. Cuando el Nimitz zarpó por primera vez, el mundo era muy diferente. Gerald Ford —el presidente de los Estados Unidos que da nombre a la nueva clase de superportaaviones que reemplazará a los actuales—estaba en la Casa Blanca, la Guerra de Vietnam acababa de concluir y la Guerra Fría estaba en un momento clave. En las décadas siguientes, el Nimitz participó en innumerables operaciones, proyectando el poder aéreo estadounidense en todo el globo. Diseñado para una vida útil de 50 años, el Nimitz ha superado las expectativas tecnológicas de su tiempo, sirviendo de plataforma para aeronaves icónicas como el F-14 Tomcat o el F/A-18 Hornet, que también está ya en la picota. Su clase y el mismo USS Nimitz ha sido fundamental en operaciones clave desde la Guerra Fría hasta conflictos más recientes en Oriente Medio.
Crónica de una muerte anunciada
El primer paso para el desguace el Nimitz comenzó el 6 de abril, con el anuncio de su retirada y la solicitud oficial de planes para llevarla a cabo. La planificación ha sido un proceso muy complicado y costoso, algo que refleja la dificultad de desmontar un navío así. La nave, que desplaza más de 100.000 toneladas, es extremadamente compleja, una verdadera ciudad flotante equipada con dos reactores nucleares tipo A4W, miles de toneladas de acero, millones de metros de cables y equipamiento especializado de todo tipo, desde computadoras y puestos de mando, hasta los talleres para el mantenimiento de aviones o las mismas cocinas. Sólo sus cuatro hélices de bronce pesan 120 toneladas. Ninguna nación del mundo se ha enfrentado jamás a una tarea de este calibre.
Según el Pentágono, el proceso final de desmantelamiento del Nimitz estará pendiente de un extenso informe de impacto medioambiental, enfocado no sólo en el reto de la eliminación de todos los materiales radiactivos de los reactores sino además en las decenas de miles de materiales tóxicos, como aceites y líquidos hidráulicos. El reciclaje de los metales será otra tarea de titanes.
La leyenda y el poder del Nimitz
Desde su introducción durante la Segunda Guerra Mundial, los portaaviones han sido considerados una de las herramientas más poderosas a disposición de una nación, quizás sólo superadas por los submarinos de ataque nuclear. Con la capacidad de llevar el poder militar a cualquier sitio sin necesidad de bases terrestres cercanas, son activos esenciales para cualquier armada pero, especialmente, de los Estados Unidos.
Ningún otro país opera una flota de superportaaviones de última generación de esta categoría, aparte de decenas de buques de ataque anfibios equipados con aviones de despegue vertical y helicópteros que hacen que portaaviones como el Juan Carlos I parezcan de juguete.
El USS Nimitz (CVN 68) y sus nueve hermanas son el máximo símbolo del poderío militar estadounidense y un componente clave de su estrategia de defensa nacional e influencia en el globo.
Construido en junio de 1964, el Nimitz se incorporó al servicio activo de la Armada en diciembre de 1975. Desde entonces, ha participado en numerosos conflictos internacionales, como la Tormenta del Desierto y la Libertad Duradera. Su último despliegue finalizó en marzo de este año pero le quedan todavía tres años de vida, hasta 2026. Con más de mil pies de eslora y más de 100.000 toneladas de desplazamiento, el Nimitz lleva una tripulación de seis mil marineros, aviadores e infantes de marina. Está equipado con dos reactores nucleares capaces de generar más de trescientos megavatios cada uno, lo que le permite navegar a velocidades superiores a los treinta nudos durante muchos años sin repostar. Esto le permite posicionarse rápidamente en cualquier parte del mundo en cualquier momento.
Los superportaaviones de la clase Nimitz llevan una extensa dotación de cazas de combate, helicópteros y otros aviones de apoyo, con capacidad de ataque contra objetivos en tierra y defensiva contra otras amenazas aéreas.
El USS Nimitz será el primero en retirarse pero pronto les seguirán otros, a medida que los portaaviones de la clase Ford entren en servicio en los próximos años. El nuevo superportaaviones nuclear norteamericano ya está oficialmente operativo y supuestamente entrará en servicio a principios de otoño de este año.
El primero de los superportaaviones de la clase Ford — que eventualmente sustituirá a las diez naves de la clase Nimitz — ha recibido el sello de aprobación de la marina después de numerosos retrasos y un incremento en su presupuesto de casi 30% que han llevado su coste final a 12.800 millones de dólares más 4.700 millones de investigación y desarrollo.
¿El fin del portaaviones?
La pregunta ahora es si el USS Gerald R. Ford y el resto de portaaviones de la marina norteamericana tienen futuro en un escenario en el que las nuevas armas hipersónicas chinas y rusas podrían eliminarles de un plumazo. Como ha ocurrido otras veces en el pasado, muchos analistas militares se preguntan si han quedado obsoletos tras el desarrollo de los llamados ‘carrier killers’ (asesinos de portaaviones), misiles balísticos e hipersónicos capaces de eludir sus defensas y hundirlos.
Pero según los capitanes de estos barcos, no hay nada más lejos de la verdad. Incluso pocos años después de demostrar su potencia y cambiar para siempre los enfrentamientos navales durante la Segunda Guerra Mundial, ya había gente que aseguraba que estaban obsoletos. Sin embargo, para el Capitán Paul Campagna, del USS Dwight D. Eisenhower, “el portaaviones ha demostrado ser muy duradero”. Durante la conferencia Sea Air Space en National Harbor, Maryland, el pasado 5 de abril, Campagna aseguró para “cualquiera que esté preocupado por la amenaza moderna que hay ahí fuera, solo diré que un portaaviones no está en una isla".
"Se despliega con su ala aérea [que en el caso del Eisenhower son 90 aviones y helicópteros ]. Se despliega con su grupo de ataque [tres cruceros, dos submarinos nucleares, cinco destructores y cuatro fragatas más otros buques de apoyo]. Se despliega con una defensa en capas que va desde el fondo del océano hasta el espacio, y cualquiera por ahí que piense que somos frágiles, pequeñas tazas de té o algo así, está muy equivocado", aseguró Campagna.
Por su parte, China también está invirtiendo en nuevos portaaviones y se espera que el siguiente en salir de sus astilleros tenga una configuración similar al Ford y, por primera vez, incorporará un reactor nuclear que le dará la misma capacidad de despliegue rápido por todo el globo. Sabiendo el incremento de la tensión en torno a Taiwán, quizás no nos quede mucho para saber si la era de los portaaviones ha llegado a su fin, como dicen los críticos, o si seguirán dominando el planeta como el Nimitz lo ha hecho durante casi cinco décadas.
El legendario superportaviones USS Nimitz ha llegado a puerto, poniendo fin al último despliegue de su dilatada historia. Es el punto y final de un navío que ha protagonizado numerosos conflictos por los océanos y mares de todo el planeta, además de dar nombre a la clase de portaviones nucleares que ha dominado las aguas de la Tierra desde 1975. Es además el inicio del fin de los superportaviones nucleares norteamericanos de esta clase para dar paso a la nueva clase Ford.