Es noticia
Cómo China adelantó a EEUU en la creación de su caza de sexta generación
  1. Tecnología
  2. Novaceno
En tiempo récord

Cómo China adelantó a EEUU en la creación de su caza de sexta generación

China ha publicado un nuevo estudio en el que describe todas las claves para que su programa del caza de sexta generación J-36 haya adelantado al proyecto norteamericano del NGAD

Foto: Imagen 3D del teórico nuevo portaviones de tipo 004 chino, con tres cazas pesados de sexta generación Chengdu J-36.
Imagen 3D del teórico nuevo portaviones de tipo 004 chino, con tres cazas pesados de sexta generación Chengdu J-36.

El rápido desarrollo del avión de combate de sexta generación J-36 no es producto de la casualidad, sino de años de experiencia consolidada en el diseño de cazas furtivos —copiados inicialmente de los norteamericanos—que han resultado en nuevos procesos de I+D más avanzados y ágiles que los de EEUU. A diferencia del programa NGAD estadounidense, plagado de retrasos y sobrecostes, el enfoque chino se centra en la rápida generación de capacidades, el control de gastos y la retroalimentación con el Ejército del Aire chino.

No importa si son teléfonos, coches eléctricos, o misiles hipersónicos. Como en todo lo demás, Pekín ha puesto todo su conglomerado académico, militar e industrial a construir la cadena de desarrollo, suministro y fabricación más ágil y potente en su categoría. Esta estrategia ha permitido a China entregar rápidamente aviones casi listos para el combate, lo que facilita mejoras iterativas y mantiene una ventaja competitiva en la carrera de cazas de sexta generación.

O, por lo menos, todo esto es lo que afirma un nuevo estudio publicado a finales de noviembre en el diario científico revisado por pares 'Ingeniería de Sistemas y Electrónica'.

Foto: china-guerra-eeuu-armas-hipersonicas-portaviones

Qué es lo que revela el estudio

El estudio, liderado por Yang Shuifeng, ingeniero superior y director de la división de investigación de rendimiento del Instituto de Diseño de Aeronaves de Chengdu (CADI), afirma que la experiencia no se puede improvisar. "La capacidad del equipo de investigación y desarrollo no puede empezar desde cero", apunta Shuifeng. Para él, entregar un proyecto crítico a una empresa sin antecedentes en cazas furtivos no es solo un error de gestión, sino un "regalo estratégico" al adversario. Esta afirmación parece un dardo directo a la decisión del presidente Donald Trump de adjudicar en marzo el contrato del programa NGAD X-47 (F-47) a Boeing, un gigante que, pese a su tamaño, jamás ha diseñado ni construido un caza furtivo operativo para el ejército estadounidense, a diferencia de sus rivales que llevan décadas "escribiendo el libro" de la invisibilidad al radar.

placeholder Sólo hay un póster del F-47.
Sólo hay un póster del F-47.

La filosofía china se basa en lo que un experto ruso describe como un ecosistema industrial "cargado como un resorte". Mientras en Occidente cada nuevo proyecto implica una burocracia paralizante —donde los proveedores deben presentar propuestas, calcular costes y contratar personal solo después de ganar el concurso—, en China la estrategia es aprovechar todo su aparato industrial al servicio del proyecto. Disponen de la infraestructura, los chips, los materiales y las piezas estándar preparadas de antemano. No hay tiempos muertos, asegura Shuifeng. Es una maquinaria estatal engrasada que permite movilizar recursos humanos y financieros al instante, eliminando los meses o años de baile administrativo que lastran a los programas del Pentágono, aparte del inflado de costes por los comisionistas.

Esta agilidad se traslada también a la gestión financiera, un talón de Aquiles habitual en la industria de defensa. Shuifeng explica en su artículo cómo evitan la "bola de nieve" de sobrecostes que es endémica al otro lado del Pacífico. En lugar de pedir más dinero a los contribuyentes cuando surgen problemas, los ingenieros chinos revisan el diseño para reducir el coste total. Y lo más importante: al final de cada año fiscal, los equipos deben "limpiar" cualquier exceso presupuestario. Los problemas económicos se resuelven o se eliminan, pero nunca se arrastran al ejercicio siguiente, impidiendo que una deuda técnica o financiera se convierta en una montaña impagable.

El plano técnico

En el plano puramente técnico, Shuifeng asegura que el equipo del J-36 aplica una estrategia dual para manejar la incertidumbre. Por un lado, establecen objetivos de rendimiento altísimos pensando en la guerra del futuro; por otro, mantienen los pies en la tierra, sacrificando requisitos secundarios si eso garantiza avances en las capacidades nucleares del avión. Es una mentalidad pragmática: "El equipo está hecho para ser usado", escriben. Prefieren entregar un avión funcional que pueda ser probado en escenarios reales y mejorado con la opinión de los pilotos, antes que mantenerlo encerrado en el laboratorio durante una década buscando una perfección teórica que, a menudo, llega tarde y mal.

placeholder Nueva perspectiva del J-36, con las tres toberas orientables bidimensionales.
Nueva perspectiva del J-36, con las tres toberas orientables bidimensionales.

Shuifeng compara esta carrera tecnológica con un combate aéreo real, utilizando el concepto del ciclo OODA (Observar, Orientar, Decidir y Actuar). En un duelo, gana el piloto que completa este ciclo mental más rápido. En la ingeniería, ocurre lo mismo: el bando que puede diseñar, probar y desplegar más rápido, gana. Para China, programas como el NGAD estadounidense, que permanecen en debates de diseño durante diez años, son inútiles. La velocidad de desarrollo no es solo una cuestión de eficiencia industrial, sino una capacidad de combate en sí misma que permite lanzar más "ataques" de innovación en el mismo periodo de tiempo.

El resultado de esta filosofía es una evolución constante, o lo que los ingenieros llaman "optimización iterativa". El avión que sale de fábrica hoy no será el mismo dentro de cinco años. A través de actualizaciones constantes de software y hardware —una "optimización pasiva" basada en el uso en campo y una "activa" basada en nuevas tecnologías—, la primera y la última versión de un modelo como el J-36 pueden diferir radicalmente. Esto permite saltos generacionales dentro de la misma plataforma, manteniendo el avión relevante frente a nuevas amenazas sin necesidad de diseñar uno nuevo desde cero cada vez.

El objetivo final de esta aceleración frenética no es solo tener mejores aviones, afirma, sino alterar el equilibrio estratégico global. "El desarrollo rápido tiene como objetivo entregar capacidad de combate velozmente", concluye Shuifeng. En la competición entre grandes potencias, esta velocidad permite a China hacer el primer movimiento, tomar la iniciativa y, en palabras del propio ingeniero, "posiblemente lograr la victoria sin luchar". Es una ruptura total con los modelos tradicionales de desarrollo, una apuesta por la velocidad y la adaptación como las armas definitivas del siglo XXI.

Veremos si toda esta teoría se traslada realmente a un avión que en la práctica sea superior o si los EEUU terminan con la hegemonía tecnológica como siempre han hecho en la aeronáutica militar desde la Segunda Guerra Mundial.

El rápido desarrollo del avión de combate de sexta generación J-36 no es producto de la casualidad, sino de años de experiencia consolidada en el diseño de cazas furtivos —copiados inicialmente de los norteamericanos—que han resultado en nuevos procesos de I+D más avanzados y ágiles que los de EEUU. A diferencia del programa NGAD estadounidense, plagado de retrasos y sobrecostes, el enfoque chino se centra en la rápida generación de capacidades, el control de gastos y la retroalimentación con el Ejército del Aire chino.

Defensa Aeronáutica
El redactor recomienda