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El cañón hipersónico que quiere acabar con los cohetes espaciales, más cerca de ser realidad
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El cañón hipersónico que quiere acabar con los cohetes espaciales, más cerca de ser realidad

Longshot Space promete reducir radicalmente el precio de los lanzamientos espaciales con un cañón de acero y hormigón de 10 km de largo capaz de lanzar naves a una velocidad de Mach 23

Foto:  Longshot Space puede convertirse en una alternativa a los cohetes para los lanzamientos espaciales. (Unsplash)
Longshot Space puede convertirse en una alternativa a los cohetes para los lanzamientos espaciales. (Unsplash)

La única manera que tenemos hoy en día de lanzar una nave al espacio es usando cohetes propulsados por motores químicos. El problema es que crearlos, llenarlos de combustible y lanzarlos al espacio supone un coste prohibitivo que limita la capacidad de muchas empresas y científicos de tener sus naves orbitando el planeta. Varias compañías están intentando desarrollar tecnologías radicalmente diferentes que permitan hacer lanzamientos espaciales sin usar cohetes que sean tan baratos y rutinarios como los viajes en tren. Una de ellas es Longshot Space, que quiere construir un supercañón de hormigón de 10 kilómetros de largo capaz de disparar cargas al espacio a velocidades de hasta Mach 23 (28.400 km/h). La compañía acaba de construir un nuevo prototipo gigante para demostrar su tecnología.

El prototipo se ha montado en los astilleros de Alameda, en California. Tiene 36 metros de largo por casi un metro de ancho y Longshot está esperando a conseguir los permisos de las autoridades reguladoras que le permitan realizar sus primeras pruebas. Si tienen éxito, el siguiente paso será instalar un cañón aún mayor, esta vez en el desierto de Nevada (Las Vegas) y demostrar que se pueden enviar cerca de 100 toneladas al espacio sin usar una gota de combustible tradicional.

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“Cada vez que escalamos el cañón, ganamos eficiencia y reducimos las fuerzas G sobre la carga útil”, explica Mike Grace, el fundador y artífice de esta aventura, en una entrevista para reciente para New Atlas. La compañía ya ha efectuado más de cien disparos exitosos con modelos del cañón en miniatura y sus tubos han tenido que soportar fuerzas extraordinarias de hasta 30.000 G.

Aun así, aseguran que las simulaciones apuntan a que las versiones futuras de varios kilómetros de largo podrían reducir esa brutal aceleración hasta niveles tolerables para electrónica delicada o experimentos científicos que llevan las naves espaciales.

Cómo funciona

Las naves se lanzan gracias a tanques de gas a altísima presión que se liberan a intervalos perfectamente calculados sobre el proyectil a medida que recorre el tubo, lo que hace que se vaya elevando su velocidad según pasa por las distintas etapas. El acelerador, sellado y parcialmente al vacío, reduce la resistencia y permite alcanzar velocidades de hasta Mach 23 en un trayecto completamente horizontal.

placeholder El prototipo tiene 36 metros de largo por casi un metro de ancho. (Longshot Space)
El prototipo tiene 36 metros de largo por casi un metro de ancho. (Longshot Space)

El mayor reto, aseguran, es evitar que la enorme fricción atmosférica acabe con la nave que se quiere lanzar. Para eso, cada proyectil lleva una gruesa capa de material ablatorio que lo recubre y que se va quemando durante el ascenso, absorbiendo el calor y permitiendo que la carga científica o tecnológica en el interior sobreviva el viaje. Los diseños actuales equilibran el peso útil y la protección usando materiales de construcción civil fáciles de conseguir.

Sin embargo, nada de esto sirve si la carga se convierte en puré aplastada por la aceleración de las fuerzas G. La compañía cree que la solución está en la longitud del cañón. A más metros, menos impacto tiene la aceleración y menos violentos los picos térmicos, aseguran. El nuevo prototipo demostrará si esto es verdad y si la electrónica y los sensores pueden sobrevivir el trayecto sin ningún daño.

El futuro de los lanzamientos espaciales

Si la jugada sale bien, Longshot Space podría sacudir el sector aeroespacial con precios de lanzamientos ridículos, más frecuentes y con un acceso al espacio más sencillo que nunca. El objetivo de la empresa es poner satélites en órbita por unos 10 dólares el kilo. Actualmente, SpaceX cobra unos 1.500 dólares por kilo para un lanzamiento del Falcon Heavy a la órbita terrestre baja (LEO), mientras que para el Falcon 9, el precio varía entre unos 4000 dólares y más de 20 000 dólares por kilo, dependiendo de la masa media de la carga útil.

placeholder Las naves se lanzan gracias a tanques de gas a altísima presión. (Longshot Space)
Las naves se lanzan gracias a tanques de gas a altísima presión. (Longshot Space)

Esto abriría la puerta a realizar experimentos diarios en microgravedad y nuevas formas de logística espacial impensables por ahora. Además, tendríamos la posibilidad de responder en horas a cualquier necesidad, como la defensa contra un asteroide que amenace con impactar con la Tierra.

Pero para conseguir todo esto, Longshot, además de superar los retos técnicos, tiene que superar el escollo de los reguladores, que tendrían que permitir que cañones de este calibre disparar naves al cielo desde el desierto a más de 28.400 kilómetros hora.

La única manera que tenemos hoy en día de lanzar una nave al espacio es usando cohetes propulsados por motores químicos. El problema es que crearlos, llenarlos de combustible y lanzarlos al espacio supone un coste prohibitivo que limita la capacidad de muchas empresas y científicos de tener sus naves orbitando el planeta. Varias compañías están intentando desarrollar tecnologías radicalmente diferentes que permitan hacer lanzamientos espaciales sin usar cohetes que sean tan baratos y rutinarios como los viajes en tren. Una de ellas es Longshot Space, que quiere construir un supercañón de hormigón de 10 kilómetros de largo capaz de disparar cargas al espacio a velocidades de hasta Mach 23 (28.400 km/h). La compañía acaba de construir un nuevo prototipo gigante para demostrar su tecnología.

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