Una nueva foto muestra un nuevo detalle clave del caza chino del futuro
Nuevas imágenes del fuselaje del segundo avión táctico pesado J-36 revelan importantes cambios externos, incluyendo toberas de escape bidimensionales con vectorización de empuje similares a las del F-22 americano
Una nueva fotografía tomada desde la retaguardia del segundo J-36 ha confirmado lo que los analistas sospechaban desde su aparición en octubre: la nueva versión del caza pesado chino tiene toberas de empuje vectorial bidimensional (2D-TVC). La imagen, obtenida mientras el aparato aterrizaba, muestra con claridad el bloque de tres escapes rectangulares que, según The War Zone, son "muy similares a los que se encuentran en los motores F119 del F-22" de Estados Unidos. Esta confirmación visual cierra el debate sobre la configuración motriz de este segundo fuselaje, que se aleja radicalmente de las toberas tipo artesa —ocultas y hundidas— del primer modelo visto hace un año.
La adopción de esta tecnología 2D supone una decisión técnica crítica. Como explica The War Zone, el sistema permite redirigir el flujo de los motores para controlar el avión en la zona "post-pérdida" y mejorar la estabilidad a gran altitud, algo vital para un diseño sin cola vertical. Aunque estas toberas añaden "peso y complejidad", China ha decidido que la ventaja de una maniobrabilidad superior compensa la penalización en eficiencia. Según The Aviationist, esta configuración otorga una agilidad "sobrehumana" en el combate cerrado, priorizando el control táctico sobre el sigilo infrarrojo absoluto del diseño original.
Avanzando a velocidad supersónica
Este sistema de propulsión se integra en el segundo prototipo del J-36 que apareció a finales de octubre, una iteración que ya reveló otros cambios estructurales significativos respecto al primer demostrador. El avión sustituyó las entradas de aire originales por tomas supersónicas sin desviador (DSI). Esta solución utiliza un abultamiento fijo calculado matemáticamente para gestionar las ondas de choque, eliminando las pesadas rampas móviles mecánicas. Es una ingeniería que, según los datos técnicos, resulta "más moderna, ligera y sigilosa" que las tomas convencionales.
Las imágenes previas de esta segunda versión también confirmaron una modificación clave en el tren de aterrizaje principal, que pasó de una configuración en tándem a una disposición en paralelo. Este cambio no es cosmético; busca liberar volumen en el vientre del aparato. El reordenamiento de las ruedas "potencialmente podría permitir más espacio dentro de las bodegas de armas", un requisito indispensable para alojar los misiles hipersónicos de gran tamaño o incrementar la carga interna hasta los 12 misiles aire-aire, duplicando la capacidad estándar de los cazas occidentales.
El J-36 consolida así su estatus como una anomalía en la aviación de combate: un diseño de más de 20 metros de largo, tri-motor y con una cabina de asientos lado a lado. Esta configuración, identificada en junio y propia de bombarderos tácticos como el F-111 o el Su-34, ha sido calificada por el veterano analista Bill Sweetman como "bastante impresionante". La disposición de la tripulación sugiere una optimización para misiones de muy largo alcance —estimado en 3.000 kilómetros— donde la carga de trabajo de dos pilotos es necesaria para gestionar sistemas complejos y enjambres de drones.
El control de esta plataforma masiva, que carece de timones de cola verticales u horizontales para reducir su firma de radar, recae en la combinación de las nuevas toberas vectoriales y cinco superficies móviles en el borde de salida de cada ala ('elevons'). Es una arquitectura de vuelo diseñada para mantener la estabilidad y el control a velocidades supersónicas de crucero, permitiendo al aparato operar como un nodo de mando avanzado difícil de detectar y derribar.
Rol estratégico
Su rol estratégico no es el dogfight, sino la proyección de poder. Con sus amplias bahías de armas y su alcance extendido, el J-36 está diseñado para "amenazar a los portaaviones de la Armada de EEUU" y atacar objetivos de alto valor en profundidad. Al sacrificar parte del sigilo trasero con las nuevas toberas a cambio de supervivencia en combate, China confirma que este avión no es un experimento científico, sino una plataforma de ataque destinada a negar la superioridad aérea en el Pacífico.
El ritmo de desarrollo chino contrasta con la parálisis occidental. Mientras el J-36 ya vuela con sistemas definitivos y un segundo prototipo evolucionado, el programa NGAD estadounidense —cuyo futuro caza será el F-47— y los proyectos europeos FCAS y Tempest no esperan estar operativos hasta mediados de la década de 2030. China, con dos modelos de sexta generación en pruebas (el J-36 y el J-XDS), podría tener estos aviones en servicio "antes de finales de esta década", obteniendo una "ventaja estratégica cualitativa" años antes de que Occidente pueda responder.
Una nueva fotografía tomada desde la retaguardia del segundo J-36 ha confirmado lo que los analistas sospechaban desde su aparición en octubre: la nueva versión del caza pesado chino tiene toberas de empuje vectorial bidimensional (2D-TVC). La imagen, obtenida mientras el aparato aterrizaba, muestra con claridad el bloque de tres escapes rectangulares que, según The War Zone, son "muy similares a los que se encuentran en los motores F119 del F-22" de Estados Unidos. Esta confirmación visual cierra el debate sobre la configuración motriz de este segundo fuselaje, que se aleja radicalmente de las toberas tipo artesa —ocultas y hundidas— del primer modelo visto hace un año.