La conspiración de las ‘chemtrails’ vuelve con fuerza: ¿por qué la gente cree en ella?
El atractivo de la teoría reside en su capacidad para dar una sensación de control y comprensión, atrayendo a quienes prefieren la ilusión de una gran conspiración al caos de la realidad
Estelas de vapor de agua de un Airbus A340. (Adrian Pingstone/CC/Wikimedia)
Todo el mundo ha mirado alguna vez a las nubes y ha visto caras, animales u objetos. El cerebro humano está configurado de forma innata para este tipo de juegos de imaginación. Pero algunas personas —quizá un número sorprendente— miran al cielo y ven tramas gubernamentales y actos perversos escritos allí. Los partidarios de teorías de la conspiración dicen que las estelas de condensación —esas largas franjas de condensación que dejan los aviones— son en realidad "chemtrails", nubes de agentes químicos o biológicos arrojados sobre una población desprevenida con fines siniestros. Se les atribuyen distintos objetivos, desde el control del clima hasta el envenenamiento masivo.
La teoría de los chemtrails circula desde 1996, cuando algunos conspiracionistas malinterpretaron un informe de investigación de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobre la modificación del clima, un tema de investigación legítimo. Desde entonces, las redes sociales y ciertos medios de comunicación conservadores han amplificado la teoría conspirativa. Un estudio reciente señala que X, antes Twitter, es un nodo especialmente activo de esta "amplia comunidad conspirativa en línea".
Soy investigador en comunicación y estudio las teorías de la conspiración. La teoría de los chemtrails, completamente desacreditada, constituye un ejemplo de manual de cómo funcionan las teorías conspirativas.
Aunque la creencia en los chemtrails atraviesa todo el espectro político, resulta especialmente visible en los entornos republicanos. El secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., ha manifestado públicamente su apoyo a la teoría. La congresista Marjorie Taylor Greene, de Georgia, ha redactado un proyecto de ley para prohibir el control químico del clima, y muchos parlamentos estatales han hecho lo mismo.
Influentes figuras en línea con millones de seguidores han llevado lo que antes era una teoría marginal a un público masivo. Encuentra terreno abonado entre quienes niegan el cambio climático y entre agitadores contrarios al llamado "Estado profundo" que temen un control mental por parte del gobierno.
"Cara gano yo, cruz pierdes tú"
Aunque la investigación sobre modificación del clima es real, la abrumadora mayoría de expertoscualificados niega que la teoría de los chemtrails tenga base sólida alguna en los hechos. Por ejemplo, el laboratorio del investigador en geoingeniería David Keith publicó en su página web una declaración tajante al respecto. En internet existe un abundante conjunto de recursos adicionales, y muchas de sus conclusiones están recogidas en contrailscience.com.
Pero incluso sin un análisis profundo de la ciencia, la teoría de los chemtrails presenta fallos lógicos evidentes. Dos de ellos son la falsabilidad y la parsimonia.
El filósofo Karl Popper explicó que, si una conjetura no puede ser refutada, queda fuera del ámbito de la ciencia.
Según el psicólogo Rob Brotherton, las teorías conspirativas presentan una estructura clásica de "cara gano yo, cruz pierdes tú". Los conspiracionistas sostienen que los chemtrails forman parte de una oscura trama gubernamental, pero que su existencia ha sido encubierta por los mismos villanos. Si hubiera alguna prueba de que la modificación del clima se está llevando a cabo realmente, eso respaldaría la teoría; pero cualquier prueba que niegue los chemtrails también la refuerza, en concreto la parte que afirma la existencia de un encubrimiento.
No importa lo claro que se expliques, los conspiranoicos no están interesados en los hechos científicos, sólo en sus ideas.
Quienes suscriben la teoría consideran que cualquiera que la confirme es un valiente denunciante, y que cualquiera que la niegue es un necio, malvado o alguien comprado. Por tanto, ninguna cantidad de información podría, ni siquiera en teoría, refutarla para los creyentes auténticos. Este rechazo sistemático convierte la teoría en no falsable, es decir, en imposible de refutar. Por el contrario, las buenas teorías no son falsas, pero también deben estar construidas de tal modo que, si lo fueran, las pruebas pudieran demostrarlo.
Las teorías no falsables son intrínsecamente sospechosas porque existen en un bucle cerrado de autoconsolidación. En la práctica, las teorías no suelen declararse "falsas" a partir de una sola prueba, sino que se toman más o menos en serio en función de la preponderancia de buenas evidencias y del consenso científico. Este enfoque es importante porque las teorías conspirativas y la desinformación a menudo afirman falsar teorías aceptadas o, cuando menos, explotan una comprensión deficiente de lo que significa la certeza en los métodos científicos.
Como la mayoría de las teorías conspirativas, el relato de los chemtrails suele incumplir el criterio de parsimonia, también conocido como navaja de Occam, que sugiere que, cuanto mayor sea el número de suposiciones que una teoría necesita para ser verdadera, menos probable es que lo sea en realidad. Aunque este criterio no sea perfecto, puede ser una herramienta útil para reflexionar sobre la probabilidad en el contexto de las teorías conspirativas. ¿Es más probable que el gobierno esté encubriendo un gigantesco programa de control del clima, un programa de control mental o ambos, que implique a miles o millones de agentes silenciosos y cómplices —desde el hombre del tiempo local hasta la Junta de Jefes de Estado Mayor—, o que lo que vemos sean cristales de hielo procedentes de motores de avión?
Por supuesto, calificar algo de "teoría de la conspiración" no la invalida automáticamente. Al fin y al cabo, las conspiraciones reales existen. Pero conviene recordar el conocido aforismo del científico y divulgador Carl Sagan, según el cual "las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias". En el caso de los chemtrails, sencillamente no existe tal evidencia.
Los científicos explican por qué los seres humanos somos propensos a creer en teorías de la conspiración.
Psicología de la creencia en teorías de la conspiración
Si las pruebas en contra son tan contundentes y la lógica tan débil, ¿por qué cree la gente en la teoría de los chemtrails? Como sostengo en mi nuevo libro "Post-Weird: Fragmentation, Community, and the Decline of the Mainstream", los conspiracionistas crean vínculos entre sí mediante prácticas compartidas de interpretación del mundo, viendo en cada detalle y cada fragmento de evidencia señales inamovibles de un significado mayor y oculto.
La incertidumbre, la ambigüedad y el caos pueden resultar abrumadores. Las teorías de la conspiración son un síntoma, intentos improvisados de gestionar la ansiedad provocada por la sensación de impotencia en un mundo caótico y complejo en el que acontecimientos terribles, como tornados, huracanes e incendios forestales, pueden ocurrir aparentemente al azar por razones que incluso personas muy informadas tienen dificultades para comprender. Cuando la gente se siente sobrepasada e indefensa, elabora fantasías que le dan una ilusión de dominio y control.
Aunque existen creyentes en los chemtrails de ideología progresista, la aversión a la incertidumbre podría explicar por qué la teoría se ha vuelto tan popular entre la audiencia de Carlson: los investigadores llevan mucho tiempoargumentando que las creencias autoritarias de derechas comparten una estructura de fondo similar.
En algún nivel, quienes creen en los chemtrails prefieren ser objetivo de una conspiración malvada antes que enfrentarse a los límites de su conocimiento y de su poder, aunque las creencias conspirativas no resulten plenamente satisfactorias. Sigmund Freud describió un juego fort-da ("se va-vuelve") al que jugaba su nieto, en el que arrojaba un juguete lejos y luego lo arrastraba de vuelta con una cuerda, algo que Freud interpretó como una simulación de control en una situación en la que el niño carecía de él. Las teorías de la conspiración podrían cumplir una función similar, permitiendo a sus creyentes sentir que el mundo no es realmente aleatorio y que ellos, los que "ven a través de la farsa", tienen en realidad algún tipo de control sobre él. Cuanto más grandiosa la conspiración, más brillantes y heroicos deben de ser quienes la "descubren".
Las conspiraciones son dramáticas y emocionantes, con líneas claras entre el bien y el mal, mientras que la vida real es aburrida y a veces aterradora. En último término, la teoría de los chemtrails es orgullosa: es una forma de que sus defensores se sientan poderosos e inteligentes cuando se enfrentan a cosas que desbordan su comprensión y su control. Las teorías de la conspiración van y vienen, pero responder a ellas a largo plazo exige encontrar mejores maneras de aceptar la incertidumbre, la ambigüedad y nuestros propios límites, junto con una nueva aceptación de las herramientas de las que sí disponemos: la lógica, las pruebas y, incluso, la humildad.
Todo el mundo ha mirado alguna vez a las nubes y ha visto caras, animales u objetos. El cerebro humano está configurado de forma innata para este tipo de juegos de imaginación. Pero algunas personas —quizá un número sorprendente— miran al cielo y ven tramas gubernamentales y actos perversos escritos allí. Los partidarios de teorías de la conspiración dicen que las estelas de condensación —esas largas franjas de condensación que dejan los aviones— son en realidad "chemtrails", nubes de agentes químicos o biológicos arrojados sobre una población desprevenida con fines siniestros. Se les atribuyen distintos objetivos, desde el control del clima hasta el envenenamiento masivo.