Cómo Ucrania ‘torea’ a los misiles hipersónicos rusos para que impacten en campos vacíos
Ucrania está empleando un nuevo truco de guerra electrónica para desviar los temibles misiles Kinzhal rusos. En vez de golpear objetivos clave, acaban cayendo en campos de trigo
En las últimas semanas, los misiles Kinzhal, el arma hipersónica más avanzada de Rusia, han sido desviados de sus objetivos estratégicos por el Ejército ucraniano, haciendo que muchos de ellos terminen estrellándose en lugares donde no provocan graves daños. Aunque Rusia ha mejorado las capacidades de estos misiles para evadir interceptores como los Patriot estadounidenses, y las tasas de derribo han caído del 37% en agosto al 6% en septiembre, la técnica de spoofing que está aplicando Ucrania está desactivando el peligro de los Kinzhal que superan velocidades de Mach 5.
El grupo ucraniano Night Watch, el responsable de este descubrimiento, afirma haber eliminado 21 misiles Kinzhal hasta la fecha y están esperando la confirmación formal de dos más para añadir a su lista. Esta tecnología, apoyada por el sistema Lima de guerra electrónica, ya ha conseguido desviar docenas de misiles de diverso tipo, minimizando daños en infraestructuras clave ucranianas y ahorrando millones en pérdidas materiales.
Cómo funciona
Como explica el analista de Forbes, David Hambling, la técnica del spoofing electrónico engaña a los misiles rusos "como la muleta de un matador distrae al toro en su embestida". Los sistemas Kinzhal emplean navegación inercial, trazando su trayectoria con acelerómetros y los datos de la constelación rusa de satélites GLONASS, más fiable para el Kremlin que el GPS estadounidense. Mientras que la navegación inercial puede derivar decenas o incluso cientos de metros por minuto, la información satelital le aporta una corrección mucho más precisa. Al menos hasta que intervienen las nuevas contramedidas electrónicas ucranianas.
La clave es que el sistema Lima no se limita a bloquear las señales usando la fuerza bruta, un método bloquea o inutiliza el sistema rival a base de potencia, sino que envía señales falsas para que el misil calcule mal su posición y piense que está apuntando al objetivo correcto cuando en realidad está siendo guiado hacia un campo de trigo.
“Creamos una zona de negación de navegación y transmitimos una señal específica en formato binario. En ciertos modos de vuelo esto produce anomalías severas en uno de los canales del misil, forzando al piloto automático a buscar la estabilización e ignorar otros sensores”, explica una fuente de Night Watch.
La prueba de su efectividad salta a la vista. Hay cráteres que muestran desviaciones de hasta 144 metros respecto al objetivo, cuando el error probable del Kinzhal es de solo 10 metros según sus fabricantes. En uno de los casos, el spoofing llevó a un misil a estrellarse “200 km del aeródromo que era su objetivo”, afirma la misma fuente.
El futuro de la guerra electrónica
Las imágenes también confirman que los Kinzhal llevan receptores Kometa, equipados con múltiples antenas (han pasado de 4 hasta 16) para resistir las interferencias (jamming), pero incapaz de eludir el spoofing avanzado. El propio sistema Pokrova ucraniano lleva desde 2024 engañando drones Shahed con técnicas similares, aunque Lima es mucho más sofisticado.
Rusia ha empleado un sistema similar para detener a los Himars ucranianos, en este caso inhibiendo la señal del GPS que los guía. Y en el futuro cercano se espera que tanto EEUU como Rusia y otras potencias militares continúen desarrollando nuevos sistemas para detectar y mitigar el spoofing. La guerra se está convirtiendo en un vertiginoso juego del gato y el ratón donde cada innovación electrónica conlleva una reacción que lo contrarresta.
“El área afectada es muy grande, y nosotros influimos en todos los misiles que la atraviesan simultáneamente,” comenta de Night Watch, “Cada misil dentro de la zona asume que la señal es para él y reacciona en consecuencia”. Hasta que Rusia no encuentre el antídoto, los Kinzhal, que Putin describió como el arma ideal, seguirán sin alcanzar sus objetivos y derrochando millones de rublos.
En las últimas semanas, los misiles Kinzhal, el arma hipersónica más avanzada de Rusia, han sido desviados de sus objetivos estratégicos por el Ejército ucraniano, haciendo que muchos de ellos terminen estrellándose en lugares donde no provocan graves daños. Aunque Rusia ha mejorado las capacidades de estos misiles para evadir interceptores como los Patriot estadounidenses, y las tasas de derribo han caído del 37% en agosto al 6% en septiembre, la técnica de spoofing que está aplicando Ucrania está desactivando el peligro de los Kinzhal que superan velocidades de Mach 5.