Estrategas militares norteamericanos: China ganará la guerra a EEUU sin disparar un tiro
En una guerra del futuro con China, Estados Unidos se enfrentará a una posible "catástrofe absoluta" gracias al abandono de sus líneas de suministro. EEUU debe cambiar el camino ya si quiere prevenir el desastre, afirman dos analistas
"Si Pekín cree que carecemos de resistencia para un enfrentamiento prolongado, podría verse tentado a iniciar uno, asumiendo que nuestra voluntad —y la de nuestros vulnerables aliados— se desmoronará con el tiempo". Ésa es la advertencia de Eyck Freymann y Harry Halem, los estrategas militares norteamericanos que argumentan que las líneas logísticas de los EEUU en el Pacífico están abandonadas y eso permitirá que China pueda ganar un conflicto de forma fulminante prácticamente antes de que se lance el primer misil.
Los investigadores de los prestigiosos Hoover Institution en la Universidad de Stanford y del Yorktown Institute aseguran que la situación es poco menos que un desastre. EEUU está "invitando" a China a atacar y vencer con una falta de visión y acción en las últimas décadas, afirman en un artículo publicado en la publicación militar Breaking Defense a propósito de su último trabajo de investigación: El arsenal de la democracia: tecnología, industria y disuasión en la era de las decisiones difíciles. Algo que ya motivó, apuntan, el ataque de Japón en la Segunda Guerra Mundial: "La decisión del presidente Franklin D. Roosevelt en 1940 de trasladar la Flota del Pacífico a Pearl Harbor tenía como objetivo disuadir a Japón. Pero la flota desplegada no contaba con apoyo logístico para un combate sostenido. Esta vulnerabilidad no disuadió a Japón; invitó al ataque".
Las armas no valen de nada sin logística
Freymann y Halem la definen la logística militar como "el puente entre la economía nacional y las fuerzas de combate". Imagine un superdestructor de última generación en el Mar de China Meridional. Esa maravilla tecnológica necesita combustible para moverse, misiles para disparar, comida para su tripulación y piezas de repuesto para sus complejos sistemas. La logística es la red de barcos, aviones y almacenes que transporta todo eso desde una fábrica en Ohio hasta la cubierta de ese buque a miles de kilómetros de distancia. Sin ese puente, el destructor más avanzado del mundo es solo un trozo de metal inútil a la deriva, y según los analistas, ese puente "se está desmoronando".
El declive del sistema logístico norteamericano es sistémico y alarmante. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos operaba más de 6.000 buques mercantes para abastecer a las fuerzas aliadas por todo el globo. Hoy, la cifra es de menos de 200 barcos comerciales de alta mar con bandera estadounidense. La Flota de Reserva Estratégica, la fuerza de movilización rápida para emergencias, es descrita por los expertos como un "museo flotante", con una edad media de sus barcos superior a los 40 años. El Comando de Transporte Marítimo Militar, la columna vertebral de la Armada, sufre una escasez de personal tan grave que está retirando del servicio barcos que no puede tripular.
Durante la 2ª Guerra Mundial, EEUU operaba más de 6.000 mercantes para abastecer a las fuerzas aliadas. Hoy, la cifra es de menos de 200 barcos
Esta debilidad logística no es solo un problema de gestión de recursos; es un agujero en la estrategia de disuasión. La disuasión funciona cuando un adversario cree que el coste de atacar es mayor que cualquier posible beneficio. Sin embargo, como señalan Freymann y Halem, "los líderes de China pueden creer que podrían triunfar en una guerra larga simplemente desgastando las líneas de suministro de EEUU". Pekín podría mantener sus fuerzas en un alto estado de alerta, obligando a EEUU a una "costosa y agotadora contramovilización que agote nuestra logística antes de que se dispare un solo tiro". Es una guerra de desgaste ganada sin entrar en combate, explotando la falta de aguante del adversario.
La primera solución, según los estrategas, es dejar de pensar en solitario y empezar a colaborar. "La disuasión en el Pacífico es un deporte de equipo", sentencian. Proponen una alianza logística con naciones como Japón y Corea del Sur, que poseen "astilleros de clase mundial y robustas marinas mercantes". Estos países podrían ayudar a ampliar la capacidad de transporte marítimo y de buques cisterna mediante coinversiones y contratos comerciales. Al mismo tiempo, aliados como Australia, Filipinas y Palaos pueden albergar "instalaciones avanzadas y reforzadas para reparación, rearme y reabastecimiento", creando una red distribuida mucho más difícil de aniquilar que una centralizada.
Hay remedio, pero hay que actuar ya
La segunda y tercera claves para evitar la catástrofe logística miran hacia dentro. Freymann y Halem exigen reenfocar la Inciativa de Disuasión del Pacífico (PDI), un fondo del Congreso que, según denuncian, "se ha convertido en un cajón de sastre para prioridades no relacionadas". Argumentan que esos fondos deben dedicarse con precisión "milimétrica" a construir una red logística endurecida y distribuida, capaz de operar bajo el alcance de los misiles chinos. A largo plazo, afirman que es imprescindible comenzar un "proyecto generacional": revitalizar la industria marítima nacional, modernizando la flota de reserva, formando a una nueva generación de marinos y reformando las escalas salariales para retener a los trabajadores esenciales.
Su conclusión es tan simple como brutal: el músculo militar de Estados Unidos, sus portaaviones, cazas y submarinos, no servirá de nada si su esqueleto logístico se rompe. Reconstruir esta capacidad tendrá un coste sustancial, pero como advierten Freymann y Halem, "palidece en comparación con el coste del fracaso". Invertir de forma urgente en una logística regional resistente enviaría una "señal bipartidista inconfundible a Pekín de que China no tiene un camino rápido y fácil para dominar su vecindario por la fuerza". El puente esencial entre el poderío económico y la eficacia militar debe ser restaurado, no como una opción, sino como el pilar fundamental de toda la estrategia nacional. Es, en definitiva, el sistema de reparto que hace funcionar al arsenal de la democracia.
"Si Pekín cree que carecemos de resistencia para un enfrentamiento prolongado, podría verse tentado a iniciar uno, asumiendo que nuestra voluntad —y la de nuestros vulnerables aliados— se desmoronará con el tiempo". Ésa es la advertencia de Eyck Freymann y Harry Halem, los estrategas militares norteamericanos que argumentan que las líneas logísticas de los EEUU en el Pacífico están abandonadas y eso permitirá que China pueda ganar un conflicto de forma fulminante prácticamente antes de que se lance el primer misil.