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Así es la nueva versión del caza del futuro chino J-36
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Segundo prototipo

Así es la nueva versión del caza del futuro chino J-36

El nuevo prototipo del J-36 tiene cambios estructurales: el diseño de la boquilla del motor, la geometría de admisión de aire y la configuración del tren de aterrizaje principal

Foto: Una de las fotografías del nuevo prototipo de J-36.
Una de las fotografías del nuevo prototipo de J-36.

Apenas diez meses después de que las primeras imágenes de un misterioso caza de sexta generación chino sorprendieran al mundo y conmocionaran a los militares de EEUU, acaba de aparecer un segundo prototipo del J-36. Y los cambios que ha sufrido son la prueba definitiva de que Pekín no está simplemente experimentando con conceptos futuristas, sino que está acelerando el desarrollo de una máquina de guerra pragmática, diseñada para dominar los cielos del Pacífico. La evolución entre el primer y el segundo avión revela un cambio estratégico fundamental: China está sacrificando parte del sigilo extremo de su diseño inicial a cambio de una maniobrabilidad y una capacidad de combate superiores.

Este nuevo prototipo, que según observadores chinos es mucho más representativo del modelo de producción final, abandona algunas de las soluciones más radicales del primer avión, que era probablemente un demostrador conceptual. Si el primer J-36 era una declaración de intenciones tecnológicas, esta segunda versión es una declaración de intenciones de combate. Mantiene la configuración central —un fuselaje masivo sin cola, superficies de control extensas y tres motores— pero refina cada elemento con un propósito claro: pasar del plano teórico a un arma letal y versátil.​

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Cambios más importantes

El cambio más revelador se encuentra en las toberas de los motores. El prototipo inicial presentaba una solución similar a la del prototipo norteamericano YF-23: una especie de canal que ocultaba los escapes para minimizar al máximo la firma infrarroja, una configuración optimizada para el sigilo absoluto. El segundo prototipo, en cambio, adopta unas toberas de estilo F-22, claramente orientadas al control de empuje vectorial bidimensional (2D-TVC). Esta tecnología, que permite desviar el chorro de los motores, otorga una agilidad sobrehumana en el combate a corta distancia. La elección es una encrucijada estratégica: China está dispuesta a "comprometer un cierto grado de sigilo a cambio de una mayor maniobrabilidad y control", afirma la publicación de aviación The Aviationist.

placeholder Otra foto del nuevo prototipo del J-36.
Otra foto del nuevo prototipo del J-36.

La segunda modificación clave está en las tomas de aire laterales. El diseño original usaba unas entradas de tipo "caret", mientras que el nuevo modelo parece adoptar unas tomas de aire supersónicas sin desviador (DSI), o una solución híbrida. Aunque las imágenes no son definitivas, el cambio de geometría es evidente. Las DSI son una solución más moderna, ligera y sigilosa que las tomas de aire convencionales, ya que carecen de las complejas y pesadas rampas móviles para gestionar el flujo de aire a velocidades supersónicas. Esto demuestra un proceso de refinamiento aerodinámico continuo, buscando optimizar el rendimiento en todo el rango de vuelo.​

El tercer gran cambio delata el enfoque en la capacidad de combate: el tren de aterrizaje principal. El primer prototipo tenía las dos ruedas dispuestas en tándem, una detrás de otra, como el cazabombardero ruso Su-34. El nuevo modelo las coloca en paralelo. Esta modificación, aparentemente menor, tiene una consecuencia crucial: "potencialmente podría permitir más espacio dentro de las bodegas de armas del avión". Más espacio significa la capacidad de portar misiles más grandes o en mayor número, como armas hipersónicas, una de las misiones para las que se cree que está diseñado este caza de más de 20 metros de longitud y 3.000 kilómetros de alcance.​

placeholder Las diferencias del nuevo diseño.
Las diferencias del nuevo diseño.

Plantar cara a EEUU en el Pacífico

Estos cambios, observados en menos de un año, demuestran un ritmo de desarrollo vertiginoso que Occidente no puede ignorar. El J-36 no es un proyecto aislado, sino la pieza central de un "sistema de sistemas" que China está construyendo para arrebatar la superioridad aérea a Estados Unidos. Su diseño de triple motor y gran tamaño apunta a su capacidad para actuar como un nodo de mando de enjambres de drones y como una plataforma de ataque de largo alcance capaz de amenazar a los portaaviones de la US Navy en mar abierto.​

El método es, además, un mensaje en sí mismo. A diferencia del secretismo con el que Estados Unidos ha rodeado su programa de sexta generación (NGAD), del que apenas se conoce un render artístico, China realiza las pruebas de sus prototipos a plena luz del día. Cada vuelo es una calculada maniobra de guerra psicológica, una demostración de confianza en su tecnología y un recordatorio para el Pentágono de que la era de su dominio aéreo indiscutible podría estar llegando a su fin.​

Apenas diez meses después de que las primeras imágenes de un misterioso caza de sexta generación chino sorprendieran al mundo y conmocionaran a los militares de EEUU, acaba de aparecer un segundo prototipo del J-36. Y los cambios que ha sufrido son la prueba definitiva de que Pekín no está simplemente experimentando con conceptos futuristas, sino que está acelerando el desarrollo de una máquina de guerra pragmática, diseñada para dominar los cielos del Pacífico. La evolución entre el primer y el segundo avión revela un cambio estratégico fundamental: China está sacrificando parte del sigilo extremo de su diseño inicial a cambio de una maniobrabilidad y una capacidad de combate superiores.

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