Un diminuto implante ocular devuelve la visión a personas con ceguera asociada a la edad
Un nuevo implante electrónico de retina puede restaurar parte de la visión en personas con degeneración macular asociada a la edad, consiguiendo mejoras en el 80% de los pacientes
Un minúsculo implante colocado en la retina y unas gafas inteligentes han permitido a un grupo de personas con una degeneración macular avanzada recuperar en parte su visión. Se trata del primer implante capaz de restaurar visión funcional —no solo sensibilidad a la luz— y, según expertos, abre una nueva era en la medicina ocular y que dará autonomía y esperanza a millones de personas que padecen esta enfermedad asociada a la edad que es la causa más común de ceguera irreversible en adultos mayores.
Según los resultados del ensayo clínico publicados el 20 de octubre en el New England Journal of Medicine, 27 de 32 participantes volvieron a leer un año después de instalado el implante. Algunos, gracias a las mejoras digitales del dispositivo, como zoom y alto contraste, lograron un aumento radical en su agudeza visual.
Prima es el nombre de este chip y está basado en investigaciones de un equipo internacional de investigadores encabezado por Daniel Palanker, de la facultad de medicina de la Universidad de Stanford, y José-Alain Sahel, de la Universidad de Pittsburgh. Después de más de veinte años de trabajo, múltiples prototipos y ensayos, el implante funciona: “El dispositivo que imaginamos en 2005 ahora funciona en pacientes notablemente bien”, asegura Palanker.
La historia de prima no ha sido un camino de rosas. Hasta 2024 lo desarrollaba la francesa Pixium Vision, pero fue comprada por Science Corporation —fundada por Max Hodak, antiguo presidente de su ahora competidora Neuralink— cuando estaba al borde de la quiebra. Hodak adquirió la tecnología por unos cuatro millones de euros justo antes de que saliera a la luz el éxito clínico. Ahora, Science busca ya la aprobación para la comercialización en Europa y está en negociaciones con las agencias regulatorias de Estados Unidos. Science asegura que su objetivo final es transformar el campo de los tratamientos neurosensoriales a gran escala.
“El objetivo aquí es construir una gran empresa independiente de tecnología médica que pueda estar a la altura de Apple, Samsung o Alphabet”, dice Hodak en una entrevista en los laboratorios de Science en septiembre. “La meta es cambiar el mundo de formas importantes, pero necesitamos ganar dinero para poder invertir en estos programas.”
Cómo funciona Prima
El sistema consta de dos piezas. Por un lado, una minicámara situada en unas gafas capta las imágenes y las envía con luz infrarroja a un chip inalámbrico implantado bajo la retina, justo donde deberían estar los fotorreceptores ya han desaparecido por la enfermedad.
Este chip —de solo 2x2 milímetros y la mitad del grosor de un cabello humano— convierte esas señales luminosas en impulsos eléctricos que sustituyen la función de los fotorreceptores naturales, reconstruyendo la imagen para que el cerebro la decodifique. “La proyección es por infrarrojo, invisible para las células aún sanas”, explica Palanker, permitiendo que los pacientes combinen su visión periférica natural con una nueva visión central electrónica.
El implante funciona con energía fotovoltaica, así que no requiere cables o fuentes externas de energía. La propia luz activa las microceldas del chip, replicando el principio de funcionamiento de los paneles solares. Los pacientes entrenados tardan unos meses en alcanzar su máximo rendimiento, algo comparable al aprendizaje de los implantes cocleares, y pueden leer libros, etiquetas o carteles, ampliar la imagen hasta 12 veces y ajustar contraste y brillo a voluntad.
Un cambio de vida para millones
La degeneración macular asociada a la edad afecta, según estimaciones recientes, hasta 200 millones de personas en todo el mundo y la probabilidad aumenta significativamente con la edad (cerca del 42% en mayores de 85). El estudio realizado por Palanker y Sahel incluyó a 38 pacientes de más de 60 años con atrofia geográfica avanzada y visión peor de 20/320 en al menos un ojo. Tras un año usando el chip, 27 de los 32 que completaron el seguimiento podían leer y 26 experimentaron una mejora significativa en la agudeza visual. “La magnitud del efecto es lo más notable”, subraya Sahel: “Hay una paciente en Reino Unido leyendo páginas de un libro, lo que no tiene precedentes”.
Aun así, el dispositivo no está exento de limitaciones. De momento solo ofrece visión en blanco y negro, sin grises, aunque ya se preparan actualizaciones de software para aportar escala de grises y facilitar así el reconocimiento de caras, que junto a la lectura es una de las demandas clave de los pacientes. También se está trabajando en una nueva generación de chips con píxeles de apenas 20 micras y hasta 10.000 puntos de resolución, que podría acercar la visión protésica al rango legal de normalidad.
Algunos expertos señalan que el ensayo clínico, al no contar con grupo placebo, podría haber sobreestimado el impacto debido a la motivación especial de los pacientes tras recibir un nuevo dispositivo revolucionario, pero nadie duda del salto cualitativo logrado. “En la historia de la visión artificial, esto representa una nueva era”, afirma Mahi Muqit, oftalmólogo del University College London Institute of Ophthalmology y otro de los autores del estudio. Ahora el reto ahora es llegar a más pacientes.
Un minúsculo implante colocado en la retina y unas gafas inteligentes han permitido a un grupo de personas con una degeneración macular avanzada recuperar en parte su visión. Se trata del primer implante capaz de restaurar visión funcional —no solo sensibilidad a la luz— y, según expertos, abre una nueva era en la medicina ocular y que dará autonomía y esperanza a millones de personas que padecen esta enfermedad asociada a la edad que es la causa más común de ceguera irreversible en adultos mayores.