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Nuevo golpe a Elon Musk: la NASA cancela el Starship para volver a la Luna
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Abre una nueva licitación

Nuevo golpe a Elon Musk: la NASA cancela el Starship para volver a la Luna

La nave de Elon Musk sufre múltiples retrasos, igual que el programa Artemis de la NASA. NASA busca una nueva opción, pero la batalla contra China para volver a la Luna en este siglo parece perdida

Foto: Ilustración del Starship HLS en la superficie lunar. (SpaceX/NASA)
Ilustración del Starship HLS en la superficie lunar. (SpaceX/NASA)

Pocas cosas deben doler más a Elon Musk que ver cómo ponen en evidencia sus muchas promesas falsas. Pero el golpe que la NASA acaba de asestar a SpaceX va mucho más allá de una afrenta a su egomanía. La agencia espacial norteamericana ha puesto en marcha una nueva licitación para construir el módulo de aterrizaje lunar. La agencia ve claro que la nave Starship no estará lista a tiempo para volver a la Luna. El fracaso de Musk con Starship, a pesar de su última prueba con éxito, pone en jaque todo el programa Artemis y, con ello, el regreso de Estados Unidos a su antigua gloria espacial. Una decisión desesperada que, en la nueva carrera espacial del siglo XXI, da una ventaja casi definitiva para que China sea la primera en establecer una base permanente y dé el primer paso en la colonización del sistema solar.

La noticia, confirmada por el jefe en funciones de la NASA, Sean Duffy, es un cambio radical pero esperado en la estrategia lunar estadounidense. La agencia ha decidido abrir de nuevo el multimillonario contrato que otorgó en exclusiva a SpaceX en 2021 para desarrollar la versión lunar de su nave Starship, el vehículo que debía llevar a los primeros astronautas a la superficie lunar desde la misión Apolo 17 en 1972. "Estamos en el proceso de abrir ese contrato", declaró Duffy, reconociendo que los continuos retrasos de SpaceX han hecho insostenible la situación.​

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Retraso imposible de recuperar

El cambio llega demasiado tarde. Aunque la medida es un salvavidas para los rivales de Musk, que llevaban años protestando por la decisión inicial de la NASA, Artemis parece herido de muerte. "Creo que veremos a compañías como Blue Origin implicarse, y quizás a otras", añadió Duffy. Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, tiene su propio módulo lunar en desarrollo, el Blue Moon, y ahora se posiciona como la principal candidata para hacerse con la crucial misión Artemis 3. Lockheed Martin también ha confirmado que está formando un equipo industrial para responder a la llamada de la NASA.​

placeholder Blue Moon, el sistema rival de Blue Origin. (Blue Origin/NASA)
Blue Moon, el sistema rival de Blue Origin. (Blue Origin/NASA)

El problema de fondo es que Starship, la gigantesca nave reutilizable en la que Musk ha basado todo el futuro de SpaceX —desde el despliegue de su red de satélites Starlink hasta la eventual colonización de Marte—, puede ser un prodigio de la ingeniería pero está resultando ser demasiado complejo para cumplir con los plazos requeridos por la NASA (y por la propia SpaceX). Aunque Musk asegura que avanzan "como un rayo en comparación con el resto de la industria espacial", la realidad es que los asesores de la propia NASA estiman que la fecha de alunizaje de 2027 podría retrasarse varios años.​

Pero culpar únicamente a Musk no sería justo. La crisis de Starship es solo el último síntoma de una enfermedad que afecta a todo el programa Artemis. Concebido como una colaboración público-privada, Artemis es un rompecabezas de una complejidad abrumadora, con múltiples contratistas y sistemas que no terminan de encajar. Como criticó el exadministrador de la NASA Mike Griffin, el programa es "excesivamente complejo y con un precio poco realista".

placeholder El Starship HLS con la nave espacial Orion. (SpaceX/NASA)
El Starship HLS con la nave espacial Orion. (SpaceX/NASA)

Los problemas se acumulan por doquier. El cohete principal, el Space Launch System (SLS), gestionado por Boeing, es una bestia de un solo uso cuyo coste por lanzamiento supera los 4.000 millones de dólares, una cifra astronómica que lo hace insostenible a largo plazo. La cápsula tripulada Orion, de Lockheed Martin, sufrió fallos críticos en su escudo térmico durante el vuelo de prueba no tripulado de Artemis I. Ni siquiera los trajes espaciales están listos. El programa en su conjunto acumula miles de millones en sobrecostes y años de retraso, y todo ello agravado por la incertidumbre política y los recortes presupuestarios de la administración Trump.​

China sigue adelante

Mientras Estados Unidos se enreda en su propia burocracia y en las prioridades contrapuestas de sus socios comerciales, China avanza con una precisión y una determinación implacables. Su programa lunar, centralizado y con el respaldo absoluto del Estado, funciona con la eficiencia que caracterizó al programa Apolo en los años sesenta. Mientras que la NASA no tiene el módulo elegido, diseñado, construido y probado, Pekín ya han completado con éxito pruebas integrales de su módulo de aterrizaje, el Lanyue, y su cohete pesado, el Larga Marcha 10, progresa sin contratiempos.​

El contraste es demoledor. Mientras la NASA pospone sus misiones tripuladas, China mantiene firme su objetivo de poner a sus taikonautas en la Luna antes de 2030 y completar una base permanente en la década siguiente. El subdirector de la Agencia Espacial Tripulada de China, Lin Xiqiang, lo dejó claro: «El desarrollo general de las misiones lunares tripuladas progresa sin problemas» y nada frenará su camino. Pekín ya ha desplegado una constelación de satélites para garantizar las comunicaciones entre la Tierra y la Luna, un paso fundamental que demuestra que su planificación es metódica y a largo plazo.​

Esta nueva carrera espacial ya no va solo de plantar banderas. El verdadero premio se encuentra en el polo sur lunar: vastas reservas de hielo que pueden convertirse en agua, oxígeno y combustible para cohetes. Quien controle esos recursos controlará el futuro de la exploración del sistema solar y el acceso a una nueva economía de trillones de euros. Es el equivalente a descubrir un nuevo continente rico en recursos estratégicos.​

Con cada retraso de Artemis y cada éxito de Pekín, la balanza se inclina del lado chino. La ventana de oportunidad para que Estados Unidos lidere esta nueva era se está cerrando a marchas forzadas. La decisión de buscar una alternativa a Starship es una admisión de que su plan ha fracasado. Ahora, mientras la NASA lucha por mantener cohesionado un programa que muchos consideran que debería cancelarse, China avanza sin pausa, lista para llegar primero y, esta vez, ser ella quien dicte las reglas del juego.

Pocas cosas deben doler más a Elon Musk que ver cómo ponen en evidencia sus muchas promesas falsas. Pero el golpe que la NASA acaba de asestar a SpaceX va mucho más allá de una afrenta a su egomanía. La agencia espacial norteamericana ha puesto en marcha una nueva licitación para construir el módulo de aterrizaje lunar. La agencia ve claro que la nave Starship no estará lista a tiempo para volver a la Luna. El fracaso de Musk con Starship, a pesar de su última prueba con éxito, pone en jaque todo el programa Artemis y, con ello, el regreso de Estados Unidos a su antigua gloria espacial. Una decisión desesperada que, en la nueva carrera espacial del siglo XXI, da una ventaja casi definitiva para que China sea la primera en establecer una base permanente y dé el primer paso en la colonización del sistema solar.

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