La NASA alerta del aumento inesperado de un fenómeno solar que amenaza la Tierra
El Sol está aumentando su actividad y podría desencadenar más tormentas solares con riesgos para satélites, astronautas e infraestructuras terrestres clave para nuestra civilización
Tras varias décadas en calma, el Sol está viviendo un sorprendente repunte de su actividad, según revela un nuevo estudio de la NASA. El hallazgo preocupa a los investigadores porque sugiere un aumento imprevisto de la frecuencia de tormentas solares, eyecciones de masa coronal capaces de afectar no solo a los satélites y astronautas, sino también a infraestructuras en la Tierra que son claves para el normal funcionamiento de nuestra sociedad tecnológica.
La actividad del Sol oscila en ciclos de unos 11 años, marcados por la aparición y desaparición de manchas solares, unas regiones más oscuras y frías generadas por intensos campos magnéticos. Durante los picos de actividad, estos puntos van acompañados de fenómenos como las ráfagas de radiación o las eyecciones de masa coronal, unas enormes nubes de plasma lanzadas al espacio.
Si estas tormentas encuentran a la Tierra en su trayectoria, pueden desembocar en un evento catastrófico para la humanidad, como los eventos Carrington y Miyake que ocurren cada pocos milenios. La diferencia es que, ahora mismo, toda nuestra existencia, fuera de las zonas rurales, depende de la infraestructura eléctrica y digital.
Los científicos de la Agencia Espacial estadounidense sostienen que la actividad de tormentas solares potencialmente peligrosas se ha intensificado en las últimas dos décadas, lo que sugiere una desviación de los ciclos solares conocidos de 11 años. "Todo apuntaba a que el sol iba a entrar en una fase prolongada de baja actividad", afirma Jamie Jasinski, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y autor principal del nuevo estudio publicado recientemente en la revista The Astrophysical Journal Letters. "Por eso fue una sorpresa ver que esa tendencia se invirtió. El sol se está despertando lentamente".
Del mínimo histórico al despertar
Las tormentas solares se llevan observando desde hace más de cuatro siglos y no siempre se han mantenido estables. Entre 1645 y 1715 se produjo una calma tan prolongada que pasó a la historia como el Mínimo de Maunder. Los científicos descubrieron otro parón solar similar entre 1790 y 1830, pero las causas que los producen siguen siendo un misterio.
“Realmente no sabemos por qué el Sol pasó por un mínimo de 40 años a partir de 1790. Las tendencias a largo plazo son mucho menos predecibles y todavía no las entendemos completamente”, reconoce Jasinski.
Lo que acaba de ocurrir ha sorprendido a los científicos. Desde los años 80, la actividad solar llevaba décadas descendiendo, hasta alcanzar en 2008 el que se consideró el mínimo más profundo en la era espacial. Todo apuntaba a que se iniciaba un periodo de baja actividad prolongada, pero la NASA acaba de ver que eso no es así.
El estudio muestra que desde 2008, los parámetros del viento solar —velocidad y densidad de protones, presión dinámica y magnitud del campo magnético— se han incrementado constantemente. Es decir, que el Sol está lanzando más partículas y con más fuerza hacia el resto del sistema solar.
Vuelta a la Edad Media
Las tormentas solares cargadas de partículas y campos magnéticos impactan sobre nuestra magnetosfera, la burbuja protectora generada por el campo magnético terrestre. Pero cuando la presión es muy grande, pueden alterarla, provocando desde auroras espectaculares hasta cortes en comunicaciones por radio, errores en sistemas GPS, fallos en satélites y, en casos extremos, la inutilización de los sistemas eléctricos que nos devolverían en solo 72 horas a la Edad Media.
Eventos como el Miyake o el Carrington ya han sucedido, pero si se repitieran hoy sobrecargarían y destruirían la mayor parte de la infraestructura eléctrica y de comunicación a nivel global. Los transformadores de la red eléctrica fallarían de manera generalizada, lo que provocaría apagones masivos en cadena que dejarían a las sociedades modernas sin electricidad, deteniendo el funcionamiento de hospitales, servicios de emergencia, suministro de agua potable y la producción y distribución de alimentos.
Como explican los responsables del estudio, la única manera de prevenir este escenario es avanzar en los modelos de predicción del clima espacial para que nos dé margen para actuar y desactivar los sistemas eléctricos. Una herramienta así es crítica no solo para evitar los estragos de una tormenta solar extrema en nuestra civilización, pero además ayudarán a salvaguardar satélites y redes en la Tierra en caso de tormentas más débiles. También servirán para garantizar la seguridad de los astronautas que participen en los programas de exploración espacial que hay en marcha y que buscan establecer presencia humana en la Luna y, más adelante, en Marte.
La NASA está preparando así mismo nuevas misiones que reforzarán la vigilancia del Sol. Entre ellas destacan la sonda IMAP (Interstellar Mapping and Acceleration Probe), el Observatorio Carruthers de la Geocorona y el satélite SWFO-L1 de la NOAA, todos diseñados para mejorar la predicción del clima espacial en la era de los viajes interplanetarios.
Tras varias décadas en calma, el Sol está viviendo un sorprendente repunte de su actividad, según revela un nuevo estudio de la NASA. El hallazgo preocupa a los investigadores porque sugiere un aumento imprevisto de la frecuencia de tormentas solares, eyecciones de masa coronal capaces de afectar no solo a los satélites y astronautas, sino también a infraestructuras en la Tierra que son claves para el normal funcionamiento de nuestra sociedad tecnológica.