Científicos descubren un nuevo lugar donde puede haber vida alienígena: las enanas blancas
La vida en el universo puede ser aún más común de lo que imaginamos porque las enanas blancas, restos de estrellas como el Sol, podrían tener planetas habitables pese a su pequeño tamaño y baja luminosidad
El Sol morirá algún día. Eso ocurrirá cuando agote el hidrógeno de su núcleo y deje de producir energía mediante fusión nuclear, como hace actualmente. La muerte del Sol suele considerarse el final del sistema solar, aunque en realidad podría ser el inicio de una nueva etapa para todos los cuerpos que habitan en él.
Cuando mueren estrellas como el Sol, pasan por una fase de rápida expansión, conocida como fase de Gigante Roja: el radio de la estrella aumenta considerablemente y su color adquiere un tono más rojizo. Cuando la gravedad superficial ya no es suficiente para retener sus capas externas, una fracción considerable—hasta la mitad—de su masa se dispersa en el espacio, dejando una reliquia llamada enana blanca.
Soy profesora de astronomía en la Universidad de Wisconsin-Madison. En 2020, mis colegas y yo descubrimos el primer planeta intacto orbitando una enana blanca. Desde entonces, me fascina la posibilidad de que exista vida en planetas alrededor de estas pequeñas y densas enanas blancas.
La búsqueda de indicios de vida en el universo consiste, a menudo, en esperar a que un planeta pase entre su estrella y la línea de visión de un telescopio. Con la luz estelar iluminando el planeta desde detrás, es posible aplicar principios físicos sencillos para averiguar qué moléculas contiene la atmósfera planetaria.
En 2020, los investigadores se dieron cuenta de que podían aplicar esa técnica a planetas que orbitan enanas blancas. Si un planeta así contuviese moléculas generadas por seres vivos en su atmósfera, el telescopio espacial James Webb probablemente podría detectarlas durante el tránsito del planeta frente a la estrella.
En junio de 2025, publiqué un estudio para responder a una pregunta que me inquietaba desde 2021: ¿Podría un océano—probablemente necesario para la vida—sobrevivir en un planeta que orbite muy cerca de una estrella muerta?
Un universo repleto de enanas blancas
Una enana blanca tiene aproximadamente la mitad de la masa del Sol, pero toda esa masa está comprimida en un volumen similar al de la Tierra, con los electrones tan próximos como permiten las leyes físicas. El Sol tiene un radio 109 veces mayor que la Tierra, de modo que un planeta terrestre que orbite una enana blanca podría tener un tamaño semejante al de la propia estrella.
Las enanas blancas son muy comunes: se estima que existen 10 mil millones solo en la Vía Láctea. Como todas las estrellas de baja masa acaban convirtiéndose en enanas blancas, quedan muchas más por formarse. Si resulta que la vida puede existir en planetas que orbitan enanas blancas, estos restos estelares serían objetivos muy prometedores y abundantes en la búsqueda de vida fuera de la Tierra.
Pero ¿puede existir vida realmente en uno de estos planetas? Los astrónomos saben desde 2011que la zona habitable está extremadamente cerca de la enana blanca. Esta zona es la región en que podría haber agua líquida en la superficie de un planeta: ni tan cerca de la estrella como para que el agua hierva, ni tan lejos que se congele.
En el caso de una enana blanca, la zona habitable estaría entre 10 y 100 veces más cerca que la zona habitable en torno al Sol, ya que las enanas blancas brillan mucho menos.
El reto del calentamiento por marea
Esa proximidad presenta nuevos desafíos para la posible aparición de la vida que planetas más distantes, como la Tierra, no tienen. Uno de ellos es el calentamiento por marea.
Las fuerzas de marea—las diferencias de atracción gravitatoria que los objetos espaciales ejercen sobre partes distintas de otro cercano—deforman el planeta y el rozamiento genera calor. Un ejemplo claro es Ío, satélite de Júpiter. Las fuerzas gravitatorias de los demás satélites jovianos alteran la órbita de Ío, deformando su interior y calentándolo, lo que resulta en cientos de volcanes activos en su superficie. Así, no puede haber agua superficial en Ío porque la temperatura es demasiado elevada.
Sin embargo, la luna vecina Europa también sufre calentamiento por marea, aunque en menor grado por hallarse más lejos de Júpiter. El calor generado ha fundido parcialmente su corteza helada, dando lugar a un océano subterráneo.
Los planetas situados en la zona habitable de una enana blanca tendrían órbitas lo bastante próximas para sufrir calentamiento por marea, similar al que experimentan Ío y Europa con respecto a Júpiter.
Esta cercanía entraña también riesgos para la habitabilidad. Si el sistema tiene varios planetas, las fuerzas de marea entre ellos podrían provocar que la atmósfera retuviera calor en exceso, llegando a temperaturas que harían imposible la existencia de agua líquida.
Sobrevivir a la fase de gigante roja
Incluso si solo hay un planeta en el sistema, podría no conservar el agua.
Durante su conversión en enana blanca, la estrella pasa por una fase de gigante roja en la que aumenta su radio entre 10 y 100 veces. Todo cuanto se sitúe dentro de ese radio será engullido y destruido. En nuestro sistema, Mercurio, Venus y la Tierra desaparecerán cuando el Sol se convierta en gigante roja antes de transformarse en una enana blanca.
Para sobrevivir, un planeta debería encontrarse mucho más lejos de la estrella—quizá a la distancia de Júpiter, o más.
Si un planeta se encuentra a esa distancia, debería migrar hacia el interior tras la formación de la enana blanca para poder ser habitable. Las simulaciones informáticas muestran que este tipo de migración es posible, pero el proceso podría provocar un calentamiento por marea tan intensoque evaporase toda el agua superficial, como ocurre en Ío. Si la migración genera suficiente calor, entonces el planeta podría perder toda el agua antes de alcanzar una órbita habitable.
Sin embargo, si la migración tiene lugar lo bastante tarde en la vida de la enana blanca—cuando ya no es una estrella joven, caliente y brillante—, es posible que conserve agua en la superficie.
En condiciones adecuadas, los planetas alrededor de enanas blancas pueden mantener agua líquida y albergar vida.
Buscar vida en planetas que orbitan enanas blancas
No se ha hallado aún ningún exoplaneta habitable, parecido a la Tierra, orbitando enanas blancas. Pero son mundos muy difíciles de detectar.
Los métodos clásicos, como la técnica del tránsito, resultan menos eficaces ya que las enanas blancas son mucho más pequeñas que las estrellas típicas con planetas. La técnica del tránsito observa la disminución de la luz estelar cuando un planeta pasa por delante de su estrella visto desde la Tierra. Al ser tan pequeñas, la probabilidad de captar tal alineación es muy baja.
A pesar de ello, los científicos exploran nuevas estrategias para detectar y caracterizar estos mundos esquivos empleando telescopios avanzados como el telescopio Webb. Si se descubre que hay planetas habitables en torno a enanas blancas, ello ampliaría notablemente el abanico de entornos donde la vida podría persistir, demostrando que los sistemas planetarios pueden seguir albergando vida incluso mucho después de que muera la estrella que los creó.
El Sol morirá algún día. Eso ocurrirá cuando agote el hidrógeno de su núcleo y deje de producir energía mediante fusión nuclear, como hace actualmente. La muerte del Sol suele considerarse el final del sistema solar, aunque en realidad podría ser el inicio de una nueva etapa para todos los cuerpos que habitan en él.