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Preocupación por los submarinos nucleares rusos situados en el epicentro del terremoto
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Un pilar central de su disuasión atómica

Preocupación por los submarinos nucleares rusos situados en el epicentro del terremoto

Un terremoto de magnitud 8,8 ha sacudido la península de Kamchatka, en Rusia. La inquietud no se limita al habitual temor a los daños civiles, el

Foto: El submarino nuclear Alexander Nevsky en la base de Rybachiy en Kamchatka.  (Ministerio de defensa de Rusia)
El submarino nuclear Alexander Nevsky en la base de Rybachiy en Kamchatka. (Ministerio de defensa de Rusia)

El terremoto de magnitud 8,8 que ha sacudido la península de Kamchatka, en Rusia, ya se considera uno de los peores de la historia. Pero, la inquietud por sus efectos no se limita a los daños provocados en infraestructuras civiles, el epicentro estuvo peligrosamente cerca de la base de submarinos nucleares más estratégica del país. Mientras el Kremlin asegura que todo está bajo control, militares, analistas y geólogos no lo tienen tan claro. El riesgo de daños ocultos en el corazón mismo del poder nuclear ruso sigue siendo real, aseguran.

El temblor, el más potente en Kamchatka desde 1952 y comparable al Gran Terremoto de Japón de 2011, tuvo su foco a tan solo 120 kilómetros de la Bahía de Avacha. Precisamente ahí se encuentra la base de Rybachiy, hogar de los submarinos nucleares de misiles balísticos Borei y Borei-A, un pilar central de la disuasión atómica de Moscú.

Lejos de minimizar su impacto, varios analistas militares y expertos regionales han levantado la mano para avisar de su preocupación. Si bien el Ministerio de Defensa ruso afirma que “no hubo daños críticos”, las imágenes difundidas por residentes contradicen parcialmente la versión oficial. En ellas aparecen edificios derrumbados, puertos dañados y zonas costeras inundadas. El catálogo de daños visibles deja abierta la pregunta más preocupante, ¿qué ha pasado bajo el agua?

Foto: ucrania-guerra-rusia-drones-forzar-negociacion

Estas bases están diseñadas para sobrevivir incluso a un ataque nuclear”, explica un antiguo oficial de la Marina rusa, citado por The War Zone, restando hierro a la alarma. La robustez estructural está fuera de duda, al menos sobre el papel. Pero la combinación de ondas sísmicas, posibles tsunamis y la extrema sensibilidad del material que alberga la base invita a la sospecha: “La ausencia de daños inmediatos no descarta problemas internos que, de existir, podrían no ser visibles desde el exterior.”

Silencio oficial y especulaciones

Los analistas revisan ahora imágenes satelitales para confirmar qué submarinos estaban atracados al inicio del seísmo. Algunos apuntan que, ante la alerta de tsunami, parte de la flota habría sido enviada a aguas profundas para esquivar lo peor. Pero otros admiten que “probablemente algunos submarinos seguían en la base antes del terremoto, dadas las limitaciones de profundidad en la bahía”.

Si alguno de estos submarinos se encontraba en mantenimiento, con compuertas abiertas o sistemas críticos expuestos, el riesgo no se limita a rayaduras en el casco: “La entrada de agua o la alteración de los sistemas eléctricos podría acarrear daños a largo plazo o incluso comprometer el uso futuro del submarino”, avisan fuentes expertas consultadas por The War Zone.

Por el momento, no se han publicado imágenes ni confirmaciones sobre el estado concreto de los submarinos anclados en Avacha. El Ministerio de Defensa se mantiene hermético, más allá de insistir en la normalidad. Pero el hermetismo solo alimenta el apetito occidental por más datos, sobre todo teniendo en cuenta que la fiabilidad de los Borei y los Yasen constituye un asunto de máxima importancia militar.

Porque, como reconocen los observadores: aunque las infraestructuras estén reforzadas contra lo impensable, la combinación de terremoto, posible tsunami y trabajos de mantenimiento puede hacer mella donde menos se espera. “La estructura puede aguantar, pero los sistemas internos pueden decir basta tiempo después de que se marchen las cámaras”, alerta un analista.

El terremoto de magnitud 8,8 que ha sacudido la península de Kamchatka, en Rusia, ya se considera uno de los peores de la historia. Pero, la inquietud por sus efectos no se limita a los daños provocados en infraestructuras civiles, el epicentro estuvo peligrosamente cerca de la base de submarinos nucleares más estratégica del país. Mientras el Kremlin asegura que todo está bajo control, militares, analistas y geólogos no lo tienen tan claro. El riesgo de daños ocultos en el corazón mismo del poder nuclear ruso sigue siendo real, aseguran.

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