Un nuevo tipo de arma rusa llega a Ucrania: 'campos de minas aéreos'
Un nuevo dron ruso utiliza paneles solares para mantenerse activo y oculto en caminos y bosques, una capacidad que le permite esperar indifinidamente para realizar emboscadas
Si los campos de minas terrestres son temibles, Rusia puede haber dado con una nueva manera de hacerlos aún más terroríficos: hacerlos volantes. Un vídeo capturado cerca del puente Dnipro en la región de Jersón muestra un nuevo dron FPV ruso equipado con una modificación inédita hasta ahora en los campos de batalla: células solares instaladas sobre el fuselaje. Aunque su montaje es muy rudimentario, un dron así puede permanecer oculto de forma ilimitada hasta que aparece un enemigo contra el que lanzarse para eliminarlo. De esta forma, un Ejército podría montar 'campos de minas aéreos' que serían mortíferos y difíciles de evitar para soldados y vehículos.
Esta apaño primitivo pero funcional combina la autonomía energética con la naturaleza de los drones kamikaze para dotar a estas aeronaves de una capacidad de acecho ilimitada. A diferencia de las minas terrestres tradicionales, estos centinelas aéreos pueden maniobrar, perseguir blancos y trasladarse a nuevas posiciones. Un enjambre de drones solares desplegado a lo largo de kilómetros de territorio convertirían rutas logísticas, senderos de patrulla y carreteras secundarias en trampas mortales imposibles de predecir.
El concepto resulta especialmente siniestro porque estos aparatos pueden hibernar durante días o semanas sin intervención humana, activándose únicamente cuando detectan movimiento. Un ejército podría sembrar cientos de unidades en territorio disputado y dejarlas operando de forma autónoma mientras las fuerzas humanas se repliegan. Los soldados enemigos nunca sabrían si avanzan por terreno seguro o si atraviesan un campo minado invisible lleno de cazadores aéreos. La guerra del futuro que ya está aquí abre un nuevo episodio.
Centinelas que se recargan con el sol
El dron detectado tiene un panel de células solares comerciales extendidas sobre el cuerpo del aparato, permitiéndole recargar las baterías durante las horas de sol y mantener operativos los sistemas de cámara y transmisión de vídeo. Los drones FPV de ataque se emplean cada vez más en emboscadas donde el operador aterriza el aparato junto a un sendero o sobre un tejado y espera objetivos posibles, alertado por un dron espía o utilizando la propia cámara del vehículo. Los modelos más recientes incorporan patas de aterrizaje o patines para poder ver por encima de la hierba u otra vegetación mientras permanecen posados. Los drones de fibra óptica resultan especialmente populares para ataques de emboscada porque la conexión mediante cable consume menos energía que mantener contacto visual por radio, prolongando la vida de la batería y permitiendo esperas más largas.
Pero el uso de paneles solares para mantener la batería cargada va mucho más allá, permitiendo que un dron permanezca emboscado y vigile durante un período prolongado, si no indefinido. Como cuenta la revista Forbes, existe un vasto número de paneles solares ligeros para recarga en el mercado comercial. Estos equipos, que habitualmente cuestan menos de 45 euros, pueden generar cinco vatios con un peso de menos de doscientos gramos. Son lo suficientemente pequeños para instalarse en un dron.
Una unidad de este tipo debería producir entre quince y cuarenta y cinco vatios-hora de energía al día, aunque esta cifra varía según las condiciones. Un FPV puede consumir más de cien vatios durante el vuelo, pero en tierra puede requerir tan sólo siete vatios-hora diarios, de modo que el cargador solar puede mantenerlo indefinidamente en modo latente. Mantener la cámara y otros componentes electrónicos encendidos requiere unos cinco vatios, permitiendo que un dron permanezca despierto mientras brille el sol.
"Utilizarlo para cargar la batería resulta problemático dados los voltajes implicados", explica el analista militar DanielR. "En lugar de eso, probablemente está conectado simplemente al bus de cinco voltios, que alimenta el VTX [transmisión de vídeo] y la cámara, sin circuitería adicional". La célula solar permite efectivamente que el dron actúe como centinela de circuito cerrado de televisión durante las horas de luz, ahorrando energía de la batería para cuando se detecta un objetivo.
Tecnología probada
Equipar drones con células solares comerciales resulta suficientemente sencillo como para que tanto Rusia como Ucrania comiencen a hacerlo de forma sistemática en sus cadenas de producción. Es un concepto que ha sido probado en el pasado en otros campos, desde proyectos de aficionados de fin de semana a esfuerzos industriales y académicos serios. Un estudio de 2022 de la Universidad de Washington construyó un multicóptero con células solares plegables y software para seleccionar sitios de aterrizaje adecuados. El dron podía recargarse en tres horas y luego volar durante cinco minutos, realizando vuelos cortos repetidos a largas distancias.
El proyecto Aqua-Quad de la Marina estadounidense emplea un concepto similar, pero con un dron flotante que transporta sensores de sonar para caza de submarinos. Enjambres de Aqua-Quads podrían recorrer los mares como flotas de sonoboyas móviles. También es un concepto que se probó en Marte, con el helicóptero que la NASA voló en el planeta rojo en 2021.
Negro futuro
La idea de montar enjambres de drones alimentados por energía solar, transformando el concepto estático de campo de minas en uno móvil y dinámico, son malas noticias para los soldados. Los campos de minas terrestres permanecen estáticos hasta que alguien los pisa o activa, por lo que pueden ser detectados y evitados. Pero estos centinelas aéreos pueden detectar, perseguir y eliminar objetivos de forma activa. Pueden controlarse por operador, como la generación actual de drones de emboscada, o configurarse para atacar objetivos que detecten usando AI, automáticamente.
Un campo minado extenso podría enviar uno o dos drones en barridos periódicos para revisar las áreas circundantes, creando una red de vigilancia imposible de neutralizar mediante técnicas convencionales. Los zapadores que tradicionalmente desactivarían minas enterradas se enfrentarían a amenazas móviles capaces de reposicionarse y atacar desde cualquier ángulo.
Estos drones solares pueden enviarse en misiones prolongadas hacia territorio enemigo, avanzando sigilosamente en saltos de unas pocas millas cada vez. Pueden ser lentos, pero pueden volar bajo y de forma discreta. Resultarán difíciles de detener a lo largo de toda una frontera o línea de frente. Serán una amenaza persistente que puede esperar semanas el momento óptimo para atacar. Una patrulla que atraviese el mismo sendero durante días sin incidentes podría encontrarse súbitamente bajo fuego cuando un enjambre se coloque en posición.
Y aunque el vídeo muestra que el dron ruso es una chapuza, está claro por dónde van a ir los tiros. La guerra del futuro se está volviendo cada vez más oscura y temible para todos.
Si los campos de minas terrestres son temibles, Rusia puede haber dado con una nueva manera de hacerlos aún más terroríficos: hacerlos volantes. Un vídeo capturado cerca del puente Dnipro en la región de Jersón muestra un nuevo dron FPV ruso equipado con una modificación inédita hasta ahora en los campos de batalla: células solares instaladas sobre el fuselaje. Aunque su montaje es muy rudimentario, un dron así puede permanecer oculto de forma ilimitada hasta que aparece un enemigo contra el que lanzarse para eliminarlo. De esta forma, un Ejército podría montar 'campos de minas aéreos' que serían mortíferos y difíciles de evitar para soldados y vehículos.