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Muere el científico que transformó nuestra visión de la vida en la Tierra
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James Lovelock

Muere el científico que transformó nuestra visión de la vida en la Tierra

Ha muerto James Lovelock, figura transcendental que nos hizo ver la vida en la Tierra como un todo interconectado y el inventor del Novaceno, santo y patrón de esta sección

Foto: James Lovelock en plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela. (EFE/Lavandeira jr)
James Lovelock en plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela. (EFE/Lavandeira jr)

James Lovelock, científico e inventor inconformista, murió rodeado de su familia el 27 de julio de 2022, cuando cumplió 103 años. Jim tuvo una vida extraordinaria. Se le conoce sobre todo por su hipótesis Gaia, desarrollada con la brillante bióloga estadounidense Lynn Margulis en la década de los 70, que transformó la forma en que concebimos la vida en la Tierra.

Gaia desafió la visión ortodoxa de que la vida simplemente evolucionó y se adaptó al entorno en constante cambio. En su lugar, Lovelock y Margulis argumentaron que las especies no solo compiten, sino que también cooperan para crear las condiciones más favorables para la vida.

Estaba más que dispuesto a irritar a quien fuera, ya fuera expresando su aversión hacia los puntos de vista consensuados, a la educación formal y a los comités, o expresando su apoyo entusiasta por la energía nuclear

La Tierra es un sistema autorregulado mantenido por comunidades de organismos vivos, afirmaron. Estas comunidades ajustan los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en la atmósfera, la salinidad en el océano e incluso la temperatura del planeta para mantenerlos dentro de los límites aceptables para que la vida prospere.

Al igual que Charles Darwin antes que él, Lovelock publicó su nueva y radical idea en un popular libro, 'Gaia: Una nueva mirada a la vida en la Tierra' (1979). Fue un éxito instantáneo que desafió a los investigadores maduros a reevaluar su ciencia y animó a los nuevos. Como dijo mi amigo y colega, el profesor Richard Betts, del Centro Hadley de la Oficina Meteorológica:

“Fue una fuente de inspiración para mí durante toda mi carrera, y de hecho su primer libro sobre Gaia fue una de las principales razones por las que elegí trabajar en el cambio climático y la modelización del sistema terrestre”.

El libro no solo desafió la noción clásica del darwinismo de que la vida evolucionó y prosperó a través de la constante competencia y un obstinado interés propio, sino que fundó un campo completamente nuevo: la ciencia del sistema terrestre. Los científicos del sistema terrestre estudiamos todas las interacciones entre la atmósfera, la tierra, el océano, las capas de hielo y, por supuesto, los seres vivos.

placeholder James Lovelock, científico y autor más conocido por la hipótesis de Gaia. (Bruno Comby/Asociación de Ambientalistas por la Energía Nuclear/CC)
James Lovelock, científico y autor más conocido por la hipótesis de Gaia. (Bruno Comby/Asociación de Ambientalistas por la Energía Nuclear/CC)

Lovelock también inspiró al movimiento ecologista al dar a sus ideas un matiz espiritual: Gaia era la diosa que personificaba la Tierra en la mitología griega.

Esto enemistó a muchos científicos, pero creó un fructífero debate en los años 80 y 90. Ahora se acepta generalmente que los organismos pueden mejorar su entorno local para hacerlo más habitable. Por ejemplo, los bosques pueden reciclar la mitad de la humedad que reciben, templando el clima a nivel local y estabilizando las precipitaciones.

Al igual que Charles Darwin antes que él, Lovelock publicó su nueva y radical idea en un popular libro, 'Gaia: Una nueva mirada a la vida en la Tierra'

Pero la hipótesis original de Gaia, según la cual la vida regula el medio ambiente de modo que el planeta se asemeja a un organismo en sí mismo, sigue siendo tratada con escepticismo por la mayoría de los científicos. Esto se debe a que no se ha descubierto ningún mecanismo viable para explicar cómo las fuerzas de la selección natural, que operan en los organismos individuales, dieron lugar a la evolución de esta homeostasis [el balance de condiciones que permiten el funcionamiento de la vida — N. del T.] a escala planetaria.

Un científico independiente

Había mucho detrás de James Lovelock, que se describía a sí mismo como un "científico independiente desde 1964", debido a los ingresos generados por su invención del detector de captura de electrones mientras estudiaba para su doctorado en 1957.

placeholder El detector de captura de electrones que Lovelock inventó para medir la contaminación del aire. (Museo de Ciencias de Londres/CC BY-SA)
El detector de captura de electrones que Lovelock inventó para medir la contaminación del aire. (Museo de Ciencias de Londres/CC BY-SA)

Este dispositivo del tamaño de una caja de cerillas puede medir diminutas trazas de sustancias químicas tóxicas. Fue esencial para demostrar que los clorofluorocarbonos (CFC) presentes en la atmósfera, procedentes de los aerosoles y frigoríficos de la época, estaban destruyendo la capa de ozono. También demostró que existen residuos de pesticidas en los tejidos de prácticamente todos los seres vivos, desde los pingüinos de la Antártida hasta la leche materna humana.

El dinero que ganó con el detector de captura de electrones le dio libertad porque, como le gustaba decir a la gente, la mejor ciencia proviene de una mente sin restricciones, y él odiaba ser dirigido. El detector fue solo el comienzo de una carrera de inventor en la que registró más de 40 patentes.

placeholder La famosa fotografía 'Earthrise', otro de los grandes impulsores de los movimientos para la protección del medioambiente. (NASA)
La famosa fotografía 'Earthrise', otro de los grandes impulsores de los movimientos para la protección del medioambiente. (NASA)

También escribió más de 200 artículos científicos y muchos libros de divulgación que ampliaban la hipótesis Gaia. Recibió medallas científicas, premios internacionales y doctorados honoríficos de universidades de todo el mundo.

El Dr. Roger Highfield, director científico del Museo de la Ciencia de Londres, resumió a Jim a la perfección:

“Jim era un inconformista que tenía un punto de vista único por ser, como él decía, medio científico y medio inventor. Un sinfín de ideas surgieron de esta sinergia entre el hacer y el pensar. Aunque se le asocia sobre todo con Gaia, realizó un extraordinario abanico de investigaciones, desde la congelación de hámsters hasta la detección de vida en Marte... Estaba más que dispuesto a irritar a quien fuera, ya fuera expresando su aversión hacia los puntos de vista consensuados, a la educación formal y a los comités, o expresando su apoyo entusiasta por la energía nuclear”.

Jim estaba profundamente preocupado por lo que la humanidad está haciendo con el planeta. En su libro de 1995 'Las edades de Gaia', sugirió que los periodos cálidos entre las edades de hielo, como el actual Holoceno, son el estado febril de nuestro planeta. Dado que en los últimos dos millones de años la Tierra ha mostrado una clara preferencia por una temperatura media global más fría, Jim entendía que la humanidad está añadiendo grados a esta fiebre.

placeholder La foto 'Pale Blue Dot' —el punto pálido azul que es la Tierra— tomada por el Voyager 1 en su viaje hacia el exterior del sistema solar el 14 de febrero de 1990 muestra la soledad de Gaia y la humanidad en la inmensidad del cosmos. Fue idea de Carl Sagan, el otro patrón de Novaceno junto con Lovelock. (NASA/JPL)
La foto 'Pale Blue Dot' —el punto pálido azul que es la Tierra— tomada por el Voyager 1 en su viaje hacia el exterior del sistema solar el 14 de febrero de 1990 muestra la soledad de Gaia y la humanidad en la inmensidad del cosmos. Fue idea de Carl Sagan, el otro patrón de Novaceno junto con Lovelock. (NASA/JPL)

Jim se desesperaba ante la incapacidad de la humanidad para cuidar el medio ambiente y gran parte de su trabajo lo refleja, en particular su libro 'La venganza de Gaia', de 2006. Pero, a la edad de 99 años, publicó 'Novaceno: la próxima era de la hiperinteligencia' (2019), una visión optimista que preveía que la humanidad creará formas de vida artificialmente inteligentes que, a diferencia de nosotros, entenderán la importancia de otros seres vivos para mantener un planeta habitable. [Esta visión optimista es el origen de esta sección sobre futurismo. N. del T.]

Su menguante fe en la humanidad fue sustituida por la confianza en la lógica y la racionalidad de la inteligencia artificial. Nos dejó con la esperanza de que los cíborgs tomarán el control y nos salvarán de nosotros mismos.

Mark Maslin es profesor de Ciencias de la Tierra del University College London en Inglaterra, codirector de la Asociación de Formación Doctoral NERC de Londres, miembro del Comité Asesor del Festival de Ciencias de Cheltenham y miembro del Grupo Asesor de Crisis Climáticas. Puedes leer aquí su artículo en inglés original, publicado en 'The Conversation' con licencia Creative Commons.

James Lovelock, científico e inventor inconformista, murió rodeado de su familia el 27 de julio de 2022, cuando cumplió 103 años. Jim tuvo una vida extraordinaria. Se le conoce sobre todo por su hipótesis Gaia, desarrollada con la brillante bióloga estadounidense Lynn Margulis en la década de los 70, que transformó la forma en que concebimos la vida en la Tierra.

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