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Los búnkeres atómicos son inútiles contra las nuevas armas nucleares
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Armas que penetran la tierra

Los búnkeres atómicos son inútiles contra las nuevas armas nucleares

China asegura que los búnkeres atómicos ya no tienen sentido ante una nueva generación de armas nucleares tácticas que penetran en la tierra y los destruyen sin remedio

Foto: Vehículos militares con misiles nucleares intercontinentales chinos DF-5B en la plaza de Tiananmen ( EFE EPA ROMAN PILIPEY)
Vehículos militares con misiles nucleares intercontinentales chinos DF-5B en la plaza de Tiananmen ( EFE EPA ROMAN PILIPEY)

Los búnkeres atómicos no sirven para nada ante las bombas nucleares tácticas chinas, rusas o americanas, como las que Rusia amagó con utilizar en Ucrania. Al contrario: estas estructuras subterráneas pueden ser una trampa mortal para los que se refugian en ellas mientras que la población en la superficie puede sobrevivir.

Foto: Un meteorito quemándose en la atmósfera, visto desde el desierto de Néguev. (Reuters/Amir Cohen)

Son los resultados de nuevos experimentos realizados por científicos chinos, que han construido un nuevo laboratorio de investigación para simular ataques nucleares contra búnkeres atómicos como los de Cheyenne Mountain Space Force Station, el famoso complejo subterráneo situado bajo 610 metros de granito, popularizado por la película Juegos de Guerra en los años 80.

placeholder Entrada del complejo de Cheyenne Mountain, centro de control de la Space Force americana (EFE)
Entrada del complejo de Cheyenne Mountain, centro de control de la Space Force americana (EFE)

Obviamente, con o sin búnker, una guerra nuclear mundial condenaría a la especie humana a su extinción. Las armas nucleares tácticas — y en concreto las que están diseñadas para penetrar en la tierra — están creadas para un uso localizado, destruyendo objetivos concretos sin provocar el mismo grado de contaminación radioactiva y efectos colaterales que una cabeza nuclear normal. Estas últimas están diseñadas para explotar en la atmósfera a varios metros la superficie, causando el mayor daño posible sobre la mayor zona posible. Las primeras son las que Rusia amenaza con lanzar si la OTAN interviene directamente en Ucrania.

Amplificación de la destrucción

El nuevo estudio — revisado por pares en el Diario Científico Chino sobre Mecánica de Rocas e Ingeniería — confirma un estudio anterior que utilizó simulaciones con supercomputadores, descubriendo que los búnkeres atómicos no ofrecen protección y que, de hecho, su localización les hace más vulnerables gracias a la naturaleza del subsuelo.

Según el diario hongkonés South China Morning Post, el estudio demuestra que un búnker a dos kilómetros bajo tierra puede ser destruido con facilidad por armas nucleares penetrantes. La clave está en cómo se transmiten las ondas de choque por la corteza terrestre. Aunque las cabezas nucleares tácticas diseñadas para penetrar el suelo no pueden llegar a más de 40 metros de profundidad, la explosión nuclear iniciaría una reacción “que liberaría hasta 1.000 veces más energía que la producida por la propia explosión atómica”.

placeholder La entrada blindada al búnker de Cheyenne Mountain
La entrada blindada al búnker de Cheyenne Mountain

Sus observaciones, dicen, demuestran que las ondas de choque cambian de forma y aumentan de potencia a medida que avanzan por el subsuelo. Esto va en contra de la teoría actual, que dice que la energía de las ondas de choque es absorbida por el suelo a medida que se desplazan. Este concepto está basado en la idea de que la corteza se comporta más o menos como un líquido que absorbe la energía pero, en realidad, la diferencia entre tipos de rocas y otros materiales en el subsuelo actúa como amplificador de la potencia destructiva de la explosión nuclear. Según el estudio, la energía destructora llegaría “más lejos”, afectando a búnkeres lejos del radio de acción directo de la explosión nuclear.

Nadie está a salvo

En definitiva, ninguna de las supuestas estructuras subterráneas a prueba de ataque nuclear podrían soportar un ataque combinado de varias armas tácticas de baja potencia. Como EEUU con Cheyenne Mountain, los rusos tienen su propio búnker enterrado en los Urales y los chinos en cuevas a dos kilómetros de profundidad al oeste de Pekín. Precisamente, el estudio chino afirma que este último recibiría una presión adicional de 600 kilogramos por centímetro cuadrado a partir de la explosión de la versión penetrante de una bomba nuclear americana B61 con una potencia de 200 kilotones (la B61 tiene una potencia variable que puede ir de 0,3 a 400 kilotones dependiendo de la configuración). Esto es suficiente para destruir el centro militar de la potencia asiática.

No es coincidencia que tanto Rusia como Estados Unidos tengan centros de control nuclear aéreos — los llamados ‘aviones del día del juicio final’ — para garantizar su capacidad de respuesta en caso de que sus instalaciones terrestres sean inutilizadas.

Desarme imposible

Un reciente informe de Allied Market Research afirma que el mercado de las armas nucleares aumentará a más 126.000 millones de dólares para 2030, un crecimiento del 73% con respecto a 2020. Estados Unidos ha propuesto a Rusia y China un nuevo tratado de desarme nuclear. Desgraciadamente, Putin ha puesto todo su capital en la creación de armas nucleares aún más destructivas e imparables que eluden los tratados de desarme que ya estaban firmados y desequilibran el balance del poder.

China no sólo se ha negado a negociar ningún acuerdo — argumentando que ahora se encuentra en posición de desventaja con Rusia y EEUU — sino que se ha metido de lleno en una escalada nuclear desbocada tanto en número de cabezas nucleares como en tipo de armamento (como ilustran sus nuevos planeadores atómicos hipersónicos).

placeholder Planeadores hipersónicos chinos (CCTV)
Planeadores hipersónicos chinos (CCTV)

Naturalmente, ante estas escaladas, Estados Unidos afirma que no le queda otra que mantener y diversificar su arsenal (también está trabajando a toda prisa en sus propios vehículos hipersónico).

Después de años en los que parecía que podríamos superar el peligro de guerra nuclear después de la caída de la dictadura comunista de la Unión Soviética, parece que ahora estamos aún peor, con mayor producción nuclear y actores impredecibles como Putin. Estaría bien que los autócratas ruso y chino leyeran el estudio que demuestra que ellos también estarán condenados sin importar lo profundas que sean sus madrigueras.

Los búnkeres atómicos no sirven para nada ante las bombas nucleares tácticas chinas, rusas o americanas, como las que Rusia amagó con utilizar en Ucrania. Al contrario: estas estructuras subterráneas pueden ser una trampa mortal para los que se refugian en ellas mientras que la población en la superficie puede sobrevivir.

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