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Por qué no podemos usar la tecnología que enfriaría el planeta inmediatamente
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Por qué no podemos usar la tecnología que enfriaría el planeta inmediatamente

La investigadora climática Kate Ricke advierte que algún país acabará utilizando la geoingeniería unilateralmente para enfriar el planeta sin que la ciencia conozca a fondo las consecuencias

Foto: La geoingeniería crearía una capa para protegernos de la radiación solar y bajar las temperaturas. (NOAA)
La geoingeniería crearía una capa para protegernos de la radiación solar y bajar las temperaturas. (NOAA)

Rociar con aerosoles la estratosfera es una técnica de geoingeniería muy barata que podría acabar con el calentamiento del planeta de manera inmediata. Pero, aunque la tecnología ya está lista para su uso, los científicos creen que aplicarla puede traer consecuencias catastróficas.

Kate Ricke es una científica del clima que estudia la interacción entre la geoingeniería, el comportamiento humano y la economía en la Universidad California San Diego, en EE.UU. Rickle ha concedido una entrevista a Wired donde anima a la comunidad científica a investigar con urgencia sobre los efectos del uso de la geoingeniería para enfriar el planeta. Si los países no consiguen reducir la temperatura a los límites establecidos por el acuerdo del clima de París, alguno de ellos, dice, podría utilizar esta técnica de manera unilateral afectando a todo el planeta.

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La geoingeniería, o ingeniería climática, no es un concepto nuevo. Las primeras ideas sobre esta tecnología aparecieron poco después de que se empezara a hablar del cambio climático, y muchos científicos hoy en día lo siguen considerando como una opción de emergencia para reducir el nivel de radiación solar que incide en nuestro planeta y bajar la temperatura.

Hay varias técnicas, pero una de las más populares consiste en rociar partículas de sulfato en la estratosfera para que la radiación solar rebote en ellas y vuelva al espacio sin afectar a nuestro planeta. La propia Ricke explica como funcionaría si la aplicáramos hoy en día: “Básicamente se necesita una flota de aviones que puedan alcanzar la estratosfera. Estamos hablando de decenas o cientos de aviones y de la capacidad de rociar precursores de aerosoles” afirma. “​​Los vientos estratosféricos llevan las partículas alrededor del planeta relativamente rápido en bandas de latitud. Y luego, lentamente, en una escala de tiempo de meses, las partículas migran generalmente desde las regiones ecuatoriales hacia los polos, y luego caen cerca de los polos. Así que no sería necesario volar por toda la estratosfera rociando cosas, la estratosfera hace todo el trabajo para repartirlas y eso, en parte, es la razón por la que no se puede hacer geoingeniería estratosférica en una sola zona”.

placeholder La estratosfera se encuentra entre los 15 y los 50 kilómetros de altura. (NASA)
La estratosfera se encuentra entre los 15 y los 50 kilómetros de altura. (NASA)

Estas partículas de sulfato, sugiere Ricke, no permanecerían en el aire más de un año y medio. Y los aviones tendrían que volver a subir una y otra vez para rociar la estratosfera con nuevas partículas. Según un estudio de 2018 publicado por la Universidad de Harvard, el coste de llevar a cabo esta técnica sería relativamente bajo. Los investigadores calculan que no superaría los 2.000 millones de dólares (unos 1.768 millones de euros) anuales durante los primeros 15 años de implantación.

Pero los riesgos de la geoingeniería son en gran parte desconocidos todavía. Por un lado, aunque la capa de sulfatos podría mantener la radiación y la temperatura controladas, eliminar esa radiación puede crear cambios meteorológicos que afecten a los patrones de lluvia. Esto podría provocar sequías en algunas partes del mundo, como la desaparición del monzón asiático, e inundaciones en otros lugares del mundo.

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La geoingeniería no acabaría con la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera —aunque hay otras técnicas de ingeniería climática que sirven para atraparlo— y esto podría provocar muchos otros efectos como la acidificación de los océanos. Además, si dejásemos de rociar la estratosfera de partículas, las temperaturas volverían a subir inmediatamente con efectos catastróficos.

También existe entre algunos científicos la idea de que hay un riesgo moral en fomentar este tipo de tecnología porque podría llevar a la gente a pensar que la reducción de emisiones no es tan urgente.

“Creo que a la mayoría de los científicos del clima no les gusta la idea de la geoingeniería. Y la razón es por el riesgo moral. Piensan que tenemos que decirle a la gente 'Esto es una mala idea' y probablemente tengan razón”, afirma Ricke. “Pero el riesgo es que si las cosas se ponen lo suficientemente mal con el cambio climático, la gente va a hacer geoingeniería de todos modos, y no vamos a estar preparados para hacerlo”.

placeholder La profesora Katharine Ricke pide a sus colegas acelerar la investigación en geoingeniería. (UCSD)
La profesora Katharine Ricke pide a sus colegas acelerar la investigación en geoingeniería. (UCSD)

El bajo coste de la geoingeniería y los riesgos potenciales que puede traer su aplicación hacen que Ricke esté convencida de que si seguimos en esta senda y no conseguimos bajar la temperatura del planeta por otros medios algún país se verá tentado de aplicarla, aunque sea unilateralmente.

“Me cuesta ver cómo no lo vamos a hacer a estas alturas, porque es muy barato. Los impactos del cambio climático parecen ser tan perturbadores que no veo en este mundo cómo una solución tan poco costosa no sea implementada por alguien”, advierte Ricke. “No hay nada más en el mundo que pueda enfriar el planeta tan rápidamente. Incluso si empezáramos a descarbonizar rápidamente y a eliminar el CO2 de la atmósfera, los resultados se verían al cabo de una década. Mientras que si bloqueamos la luz solar, la respuesta climática comienza de inmediato”.

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Pero que un país aplique esta técnica por su cuenta implica que afectará a todo el planeta. Como dice la propia Ricke, es un tema legalmente complicado porque los países son dueños de su espacio aéreo hasta el espacio. Si un gobierno decide rociar la estratosfera de su país, las partículas se esparcirían por todo el globo. Por eso, dice, la aplicación de este tipo de tecnologías tiene que ser aprobada a nivel internacional y para eso hace falta todavía mucha más investigación que esclarezca sus posibles efectos.

“No estamos en posición de tener un consenso global sobre la geoingeniería, ni mucho menos. Pero yo diría que es más probable que esto acabe ocurriendo sin consenso”, advierte la investigadora. “Ciertamente, hay algunos actores que, si lo hicieran, se verían limitados por otros más poderosos. Pero definitivamente existen actores importantes en el mundo que podrían hacer geoingeniería y salirse con la suya. Porque la alternativa es: ¿Es tan malo para ti que estás dispuesto a ir a la guerra por ello?”.

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