Capturan en vídeo cómo se derriten las naves al entrar en la atmósfera
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Destrucción total

Capturan en vídeo cómo se derriten las naves al entrar en la atmósfera

La ESA y la agencia espacial alemana demuestran cómo las naves espaciales sin protección térmica se destruyen en la reentrada a la atmósfera terrestre

placeholder Foto: Una pieza de una nave desintegrándose en un túnel de plasma. (ESA)
Una pieza de una nave desintegrándose en un túnel de plasma. (ESA)

Este espectacular vídeo muestra cómo un satélite artificial se destruye al entrar en la atmósfera terrestre. Más allá de ser impresionante, es una parte clave de una misión vital para el futuro de la humanidad: la limpieza de la basura espacial de forma segura para otras naves espaciales y para los terrícolas.

Foto: Las endoscopias de fibra óptica son 10 veces más finas que las actuales. (Reuters)

El test está realizado dentro de un túnel de plasma que simula las condiciones que sufre cualquier objeto al entrar a alta velocidad en la atmósfera. En este proceso, un satélite o un vehículo como la cápsula Apolo o la nave Starship choca violentamente contra partículas de aire. Esas partículas se ionizan y generan un plasma con una temperatura máxima de 2.900 grados centígrados. Sin protección térmica, cualquier objeto natural o artificial comienza a derretirse como muestra el vídeo sobre estas líneas.

Si es lo suficientemente pequeño y su composición es la correcta, los objetos suelen desintegrarse por completo. Pero, si el material es resistente al calor —como el escudo térmico de las naves tripuladas—, eso no pasa. Sin embargo, si son lo suficientemente grandes, como los cohetes chinos que recientemente cayeron sobre el mar, muchos componentes pueden resistir y caer sobre la Tierra, provocando daños materiales y humanos. Lo mismo pasa con los asteroides: dependiendo de su composición y tamaño pueden resultar inofensivos o letales a nivel apocalíptico.

Un test para evitar problemas

Por eso se hizo este test. Lo que ves en el vídeo no es un satélite completo, sino un Solar Array Drive Mechanism, el mecanismo que controla el despliegue y orientación de los paneles solares que suelen alimentar a los satélites. Según la ESA, es una de las partes más voluminosas de los satélites y representa un peligro “según sus guías para la basura espacial”, una de las grandes preocupaciones de la agencia espacial europea o la NASA.

“Cuando una nave espacial realiza una entrada sin control, el operador de la nave debe probar que la probabilidad de causar daños humanos por su satélite es más baja de uno entre 10.000”, dice la ESA.

Un ejemplo de SADM

El test lo realizó el fabricante del SADM —Kongsberg Defence & Aerospace (KDA)— junto con la ESA, la agencia espacial alemana German Aerospace Center y la firma Hyperschall Technologie Göttingen GmbH. El objetivo, afirma la ESA, era demostrar que sus productos van a destruirse en la reentrada.

La investigación comenzó con la simulación por ordenador, algo que les permitió ajustar la arquitectura del módulo de manera precisa. De hecho, según afirma la agencia espacial, la simulación demostró que el simple cambio de un tornillo a otro con un punto de fundición más bajo permitiría que la destrucción del aparato comenzara a una mayor altitud, garantizando su autodestrucción.

Y así fue: cuando lo metieron en el túnel LK3 de la agencia alemana en Colonia, el aire —acelerado a varios kilómetros por segundo como sucede en la realidad— lo destruyó por completo.

El problema de la basura espacial

Todo forma parte de los esfuerzos de la ESA para evitar seguir llenando el espacio de porquería. Muchos expertos dicen que, aunque hay tecnologías para evitar convertir la órbita terrestre en un vertedero impracticable, las agencias deberían establecer un marco económico que regule a los operadores: un acuerdo internacional que cobre una tasa anual por cada satélite.

El problema de la basura espacial demostrado en la película 'Gravity'.

Según el economista Matthew Burgess —coautor de un estudio sobre el tema publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'— la única manera de reducir el riesgo de colisión es cobrando una tasa anual por el uso de la órbita de hasta $235,000 por satélite. Según Burgess, esto también generaría un incremento del valor de los satélites y los beneficios de la industria.

Por su parte, compañías como SpaceX —que está llenando el cielo de satélites de comunicación Starlink— aseguran que todos sus satélites están preparados para decaer y destruirse una vez pasada su vida útil. Desgraciadamente, sin ese marco legal al que apunta Burgess, no podemos estar seguros de que todo el mundo haga lo mismo.

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