El fabuloso McLaren tuneado con carrocería íntegramente impresa en 3D
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La impresión 3D sigue avanzando

El fabuloso McLaren tuneado con carrocería íntegramente impresa en 3D

El McLaren 720S es un coche impresionante. Pero una compañía lo ha convertido en un coche digno de Batman gracias a la última tecnología de impresión 3D

placeholder Foto: McLaren 720S Widebody, impreso en 3D con fibra de carbono y titanio. (SWAE)
McLaren 720S Widebody, impreso en 3D con fibra de carbono y titanio. (SWAE)

De serie, el McLaren 720S Spider ya es un coche de ensueño. Pero este deportivo biplaza se pone a nivel batmóvil después del cambio de carrocería que podéis ver en estas fotografías, íntegramente fabricada con la última tecnología de impresión 3D con fibra de carbono y titanio.

placeholder Trasera del McLaren 720S Widebody. (SWAE)
Trasera del McLaren 720S Widebody. (SWAE)

Los responsables de este Bat-McLaren son una compañía de Montana, Estados Unidos, llamada SWAE. Según ellos, su McLaren 720S Widebody es una prueba de concepto de lo lejos que se puede llegar con los últimos métodos de impresión 3D disponibles. El alerón trasero, por ejemplo, está soportado con una estructura de titanio impresa en 3D que, según SWAE, es la primera de estas características.

placeholder Lateral del McLaren 720S Widebody. (SWAE)
Lateral del McLaren 720S Widebody. (SWAE)

La nueva aerodinámica de esta carrocería no es meramente decorativa, sino que ha sido diseñada para poder dominar un aumento de potencia radical. SWAE afirma que, gracias a su tuneo de motor, el McLaren ha pasado de los 717 caballos de la versión de fábrica a 900 caballos en su tracción trasera (1000 caballos en el cigüeñal, según la revista 'Motor1'). Solo hay que ver la diferencia con el coche de serie, bajo estas líneas.

placeholder El McLaren 720S. (McLaren)
El McLaren 720S. (McLaren)

Pero lo que es realmente sorprendente no es ni el aumento de potencia ni el diseño, sino comprobar hasta qué punto es posible crear ahora cualquier tipo de objeto 3D, con una complejidad ilimitada y unos tamaños de piezas que hasta hace poco eran imposibles o estaban solo al alcance de muy pocos.

La democratización de la impresión 3D

Esa es precisamente la clave que hace que este coche sea relevante para nosotros.

La tecnología de impresión 3D —ya sea de polímeros, titanio u otros metales— lleva ya en uso durante décadas. Sin embargo, hasta hace poco, las máquinas capaces de hacer algo como la carrocería de este McLaren eran tan caras que nadie excepto las grandes corporaciones se lo podían permitir. La impresión 3D de este nivel estaba reservada a unos pocos, que la usaban para la creación de prototipos y piezas en la industria aeroespacial y automovilística.

placeholder La impresora de metal 3D más grande del mundo, usada para la construcción de piezas de cohetes. (Relativity Space)
La impresora de metal 3D más grande del mundo, usada para la construcción de piezas de cohetes. (Relativity Space)

El alto coste de acceso solo era una de las limitaciones. El otro era el tamaño de los objetos, que era demasiado reducido. Ahora, ya estamos construyendo casas usando impresión 3D e incluso planeando la creación de bases lunares. Hay empresas como Relativity Space, una 'start-up' que quiere competir con SpaceX en la fabricación de naves espaciales, que han desarrollado su negocio totalmente a partir de la impresión 3D, creando la impresora de metal más grande del mundo para fabricar las piezas de sus cohetes.

El precio de las impresoras ha bajado tanto en los últimos tiempos que cualquier pequeña empresa puede acceder a estas máquinas. Es una democratización que ha llegado a muchos otros sectores, como el médico o el diseño industrial, y ha servido para que haya una reducción generalizada de precios en productos como prótesis médicas o piezas mecánicas.

placeholder Implante realizado en impresión 3D con titanio. (Embodi3D)
Implante realizado en impresión 3D con titanio. (Embodi3D)

La tecnología ha evolucionado muy rápidamente desde que en 1950 el escritor Raymond F. Jones la describiera como “spray molecular” en un relato corto de ciencia ficción. De las costosas máquinas de los años 80 y 90, hemos pasado a impresoras de consumo por 200 euros. Los materiales y la calidad final no llegan al nivel de las realizadas por SWAE, pero el salto sigue siendo impresionante.

Todavía estamos muy lejos del replicador del Enterprise o de la idea de “descargar” objetos en casa como quien compra algo en Amazon, algo con lo que los evangelistas del 3D soñaban a principios de este siglo. De hecho, esto es algo que quizás nunca llegue a ser realmente práctico hasta dentro de muchas décadas. Sin embargo, de aquí a pocos años, no es difícil imaginar talleres donde, en vez de tener piezas en un almacén, puedan imprimirlas desde una base de datos justo cuando la necesiten, con el consiguiente ahorro de costes en inventario y la desaparición de la cadena de distribución.

Ahí está la promesa de la impresión 3D que por fin está empezando a cumplirse: cuanto más podamos reducir la fabricación en masa, menor será el desperdicio de material y el gasto energético que conlleva la fabricación, la posterior distribución y el almacenamiento de trillones de productos. Y mejor para las empresas, los consumidores y todo el planeta.

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