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El turismo de glaciares está de moda, pero hay un riesgo con el que tal vez no contabas
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MEGATSUNAMI EN ALASKA

El turismo de glaciares está de moda, pero hay un riesgo con el que tal vez no contabas

Ver un glaciar en activo, como los de Tracy Arm, es una experiencia que muchos turistas buscan. Pero a medida que aumentan los cruceros entre el hielo, también crecen las probabilidades de quedar sepultado bajo una ola gigante

Foto: El extremo del glaciar South Sawyer, en el fiordo Tracy Arm (Alaska), tras el deslizamiento de tierra de agosto de 2025. (John Lyons/USGS)
El extremo del glaciar South Sawyer, en el fiordo Tracy Arm (Alaska), tras el deslizamiento de tierra de agosto de 2025. (John Lyons/USGS)
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Cuando googleas "Tracy Arm", el buscador devuelve enlaces a compañías de cruceros y webs de viajes que prometen impresionantes excursiones a través de este largo y estrecho fiordo en el sureste de Alaska (EEUU). Las imágenes se venden solas: montañas de más de 2.000 metros, glaciares activos, icebergs azulados y cascadas que caen en acantilados escarpados, rodeados de naturaleza salvaje, osos y lobos marinos. “Puedes escuchar el rugido y sentir el estruendo de los enormes trozos de hielo que caen al agua en una espectacular exhibición”, promete una de las webs. Pero la promesa puede volverse mortalmente espectacular.

El verano pasado, un gran deslizamiento de tierra originado en lo alto del glaciar Sawyer Sur hizo que 64 millones de metros cúbicos de roca se desplomaran hacia el fiordo. El impacto generó un tsunami colosal. El impacto de la ola alcanzó medio kilómetro de altura en la montaña opuesta del fiordo. A muchos kilómetros de distancia, aunque había menguado, la ola aún llegó a los 100 metros. La suerte quiso que pasara a las 5:26 de la mañana del 10 de agosto, cuando todavía no había barcos en el fiordo. Sí campistas, que vieron tras un estruendo cómo la enorme ola engullía sus kayaks. No hubo muertos ni heridos, pero la desgracia quedó a una distancia de horas y centímetros.

El turismo de glaciares ha ganado popularidad en los últimos años. A medida que estas grandes masas de hielo retroceden y el permafrost se descongela, aumentan las rutas turísticas. La actividad humana se ha intensificado en todo el Ártico y el Subártico, particularmente en el sureste de Alaska. Muchos acuden llamados por el turismo de última oportunidad, que mercantiliza la desaparición de los glaciares, provocada por el calentamiento global. En este estado de EEUU, el número anual de pasajeros de cruceros aumentó de un millón en 2016 a más de 1,6 millones el año pasado. Durante los meses de verano, más de 20 barcos al día visitaban hasta ahora el fiordo de Tracy Arm, algunos de ellos con miles de pasajeros a bordo.

El peligro es que también la probabilidad y el impacto de los tsunamis por deslizamientos de tierra están aumentando, condicionados por el retroceso glaciar causado por el cambio climático. Es una de las conclusiones de un estudio publicado hoy en Science en el que participan más de una decena de instituciones, desde la Universidad de Washington al Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, símbolo de una preocupación compartida. De los 37 tsunamis conocidos desde 1925 con una altura superior a los 50 metros, 10 han tenido lugar en fiordos, 5 de ellos en Alaska y 3 en Groenlandia. Empujados por la necesidad de mejorar la detección de estos eventos, casi una veintena de investigadores y expertos en riesgos geológicos han analizado en detalle qué pasó ese 10 de agosto. Sus conclusiones ayudan a entender qué lo provocó y si es posible adelantarse al próximo megatsunami.

Foto: turismo-cambio-climatico-montana-colores-peru-impacto-economico

Los días anteriores al deslizamiento en Tracy Arm se produjeron una serie de microsismos, cuya frecuencia fue aumentando hasta una hora antes del colapso, pero “no hubo un terremoto que desencadenara el desprendimiento”, explica a este periódico Dan H. Shugar, autor principal de la investigación y profesor adjunto del Departamento de Tierra, Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Calgary (Canadá). Así que, Shugar y el resto de investigadores sostienen que “el deslizamiento de tierra fue provocado, o se vio favorecido, por el retroceso de los glaciares debido al calentamiento climático provocado por el hombre”. Esto eliminó el soporte estructural de la ladera e hizo que fuera cada vez más propensa a fallar. Y colapsó.

Más allá de la ola inicial, el fenómeno sí que desencadenó mayor actividad sísmica. “A medida que la ola se propagaba hacia el exterior del fiordo, una parte sustancial del agua osciló de un lado a otro durante muchas horas, creando lo que se denomina un seiche (o onda estacionaria). Este produjo una energía sísmica que fue detectada en todo el mundo durante 36 horas”, detalla el investigador. En total, lo equivalente a un terremoto de magnitud 5,4, detectado tanto en los datos sísmicos como en los satelitales. Y no es la única consecuencia.

Vegetación arrasada y barcos que habrían naufragado

El análisis del tsunami ayuda a vislumbrar la desgracia que podría haber ocurrido si hubiera pillado a alguna embarcación en el fiordo, o si volviera a suceder y hubiera cruceros cerca. “Para cualquier barco que tuviera la mala suerte de encontrarse cerca del lugar donde el deslizamiento de tierra provocó el tsunami, la ola es tan alta y violenta que podría volcar el barco o lanzarlo contra las paredes rocosas del fiordo, lo que podría hundirlo o destruirlo”, detalla a este diario Bretwood “Hig” Higman, doctorado en Geología y experto en riesgos geológicos que participa en la investigación, y cofundador y director ejecutivo de Ground Truth Alaska.

placeholder Las regiones de los fiordos son cada vez más visitadas por cruceros turísticos y el cambio climático aumenta la probabilidad de megatsunamis, como el que asoló esta zona. (John Lyons/USGS)
Las regiones de los fiordos son cada vez más visitadas por cruceros turísticos y el cambio climático aumenta la probabilidad de megatsunamis, como el que asoló esta zona. (John Lyons/USGS)

Más lejos del punto de origen, “el barco podría sobrevivir al impacto directo de la ola, pero aún así podría girar o ser arrastrado de tal manera que chocara contra un obstáculo, o las personas podrían resultar heridas debido a un movimiento repentino e inesperado del barco”, alerta Hig.

El riesgo no es solo para los turistas, también para los habitantes de esas zonas. Los tsunamis generados por deslizamientos de tierra pueden producir inundaciones extremas y localizadas que superan con creces las de las olas provocadas por terremotos. Esto es peligroso en entornos confinados como los fiordos, describe la investigación.

Por supuesto, está el impacto en la propia naturaleza. “El flujo de agua de un tsunami es muy rápido y violento, por lo que arranca árboles y arbustos de raíz y deja el suelo desnudo hasta la roca”, añade Hig, que se crió y vive en Alaska, y se ha especializado en problemas relacionados con los recursos naturales de la región. A medida que el tsunami se extendió desde Tracy Arm, arrasó con la vegetación de las paredes del fiordo y dejó una línea de corte de la crecida que alcanzó los 481 metros sobre el nivel del mar en los puntos más cercanos, como se observa en el vídeo inferior. Pero también lo hizo a decenas de kilómetros de distancia.

También modificó el perfil de las costas. “Las consecuencias geológicas de este deslizamiento incluyen el depósito de material del deslizamiento en el fiordo, lo que modificó la batimetría [el fondo del fiordo], y la erosión y redistribución de los sedimentos costeros por la ola del tsunami”, explica a El Confidencial Katherine R. Barnhart, ingeniera civil en el programa de riesgos de deslizamientos de tierra en el Geologic Hazards Science Center (Centro de Ciencias de los Riesgos Geológicos) del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que participa en el estudio, que también lanza pronósticos sobre lo que se viene.

Un colapso que se repetirá, pero no sabemos cuándo

Es pronto para saber si el megatsunami de 2025, que hizo que las excursiones del resto del verano tuvieran que desviarse, afectará al turismo de este año. Sí que disminuirá el tráfico en Tracy Arm. La temporada de cruceros acaba de arrancar y, aunque los viajes por la conocida como “la reina de los fiordos” siguen anunciados en las webs, la mayoría de compañías no permiten reservas. Las principales se saltarán la zona porque sigue siendo inestable y hay riesgo de más desprendimientos, alerta desde el USGS. En su lugar, los grandes cruceros se dirigirán en su mayoría al cercano glaciar Endecott, “que estará más concurrido que nunca”, vaticina Hig.

“Hay un aumento del tráfico y del peligro: tenemos muchas razones para pensar que estas zonas se están volviendo más peligrosas a medida que los glaciares retroceden”

“Me preocupa que el número de visitantes a estos fiordos esté aumentando al mismo tiempo que estos fenómenos se están volviendo más habituales”, analiza. El experto concede que hay zonas que probablemente son menos peligrosas, como aquellas en las que los glaciares no están desapareciendo tan rápidamente y cree que puede que la gente opte por visitar estos lugares pese al riesgo, “pero es importante que sean conscientes de ese peligro para que puedan tomar una decisión informada”, añade.

El problema es que adivinar cuándo habrá otro deslizamiento de tierra que acabará en un megatsunami no es precisamente una ciencia exacta. “En ocasiones, los grandes deslizamientos de tierra muestran signos visibles en los meses y años previos a un colapso catastrófico (grietas en la ladera, por ejemplo) que nos advierten de que una pendiente podría ser susceptible de desprenderse”, explica Shugar. Si en ese punto se mide el movimiento de la pendiente, a veces es posible determinar si fallará repentinamente y cuándo lo hará. “Quizá no podemos predecir, pero sí pronosticar”, concede Shugar.

Foto: datos-tecnologia-predecir-terremoto-volcan-teide-tenerife

Para vigilar los taludes en los que hay riesgos de deslizamiento se utilizan diversas tecnologías, como receptores GPS de alta precisión, capaces de detectar desplazamientos de tan solo unos pocos milímetros, que recogen datos que se transmiten vía satélite o internet. Otras laderas se monitorizan con sismómetros u otros instrumentos. “Pero el reto con cualquiera de estos no es solo hacer las mediciones, sino saber a partir de qué umbral debe activarse una alarma”, matiza el investigador.

Sin embargo, en otras ocasiones, como en el caso de Tracy Arm, esas señales visibles de debilitamiento de la ladera rocosa simplemente no están presentes. “Las señales sísmicas podrían haber proporcionado alguna advertencia, pero solo si sabemos exactamente qué buscar”, indica Shugar. Por eso, tanto él como el resto de investigadores creen que es un área con potencial para continuar investigando. Lo que de verdad está en juego no son los cruceros árticos, sino la supervivencia de los glaciares.

Cuando googleas "Tracy Arm", el buscador devuelve enlaces a compañías de cruceros y webs de viajes que prometen impresionantes excursiones a través de este largo y estrecho fiordo en el sureste de Alaska (EEUU). Las imágenes se venden solas: montañas de más de 2.000 metros, glaciares activos, icebergs azulados y cascadas que caen en acantilados escarpados, rodeados de naturaleza salvaje, osos y lobos marinos. “Puedes escuchar el rugido y sentir el estruendo de los enormes trozos de hielo que caen al agua en una espectacular exhibición”, promete una de las webs. Pero la promesa puede volverse mortalmente espectacular.

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