El alemán que trabajó en la (fallida) utopía de Arabia Saudí tiene consejos para España
En Neom se pretendía desplegar un corredor para solucionar, entre otros, problemas demográficos. En Europa no podemos reducir a escombros nuestras ciudades y empezar de cero, pero los aprendizajes de Florian Lennert dan pistas
Lennert asesora a gobiernos, empresas y proyectos internacionales. Uno de ellos fue el faraónico Neom, en declive. (Fundación Ramón Areces)
El año en que Florian Lennert nació, el hombre pisó la Luna por primera vez. 57 años después, los proyectos espaciales buscan crear bases lunares permanentes en las que el ser humano pueda vivir durante largos periodos. Pero mientras soñamos con edificar a 384.400 kilómetros de distancia, en la Tierra tenemos serios problemas de vivienda. Precios elevados y poca oferta en las grandes ciudades, asfixiadas, y otras partes del mundo asfixiadas de diferente manera: el aumento de las temperaturas y la desertificación están redibujando el mapa de zonas habitables en un planeta en bancarrota hídrica.
Lennert (1969, Berlín) lleva 30 años dedicándose a la innovación sostenible. Este alemán atesora un bagaje que incluye cargos en la Comisión Europea y la London School of Economics (LSE), y colaboraciones con el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Pero lo que más llama la atención de su currículum son los más de cuatro años que fue jefe de Movilidad en Neom, el proyecto futurista detrás de The Line, la megalópolis de 170 kilómetros encajada entre muros que se proyectó en el desierto de Arabia Saudí. Una de esas zonas aquejadas de calor extremo y estrés hídrico que necesita soluciones, pero en la que el gobierno saudí e inversores extranjeros se fundieron miles de millones que acabaron en la basura. Caos operativo, costes disparados y desvío de fondoshan hecho que el proyecto se desmorone. En los últimos meses, se han cancelado tres de los grandes contratos de construcción que quedaban en pie. Los intentos de Arabia Saudí por aprovechar como sea el proyecto ahora se concentran en el puerto de Neom, promocionado como una alternativa para conectar el Golfo con Europa y África ante la situación en el Estrecho de Ormuz por la guerra entre Irán y EEUU e Israel. Una última bala.
Todo esto pilla lejos a Lennert. Un año antes del colapso oficial de Neom, el experto se embarcó en otros proyectos y puso rumbo a las islas Canarias, desde donde aconseja a startups de tecnología oceánica sostenible y movilidad marina. Con la maleta entre Lanzarote y su ciudad natal, donde es investigador Klaus Töpfer en el Instituto de Investigación Helmholtz para la Sostenibilidad, nos atiende a su paso por Madrid, donde ha impartido en la Fundación Ramón Areces una serie de conferencias sobre la economía oceánica del futuro. Pero antes de saltar al mar (para el que también tiene consejos para España), hay preocupaciones que solucionar tierra adentro.
PREGUNTA. Ante las noticias de los últimos meses, ¿crees que Neom ha fracasado?
RESPUESTA. Creo que el proyecto en su conjunto se malinterpreta. La cuestión que se quería resolver con él era cómo equipar una región desértica con infraestructura para obtener energía verde y agua. Esa parte de los proyectos continúa. También el puerto, que buscaba ser un centro para exportar hidrógeno verde y un puente para transportar mercancías a través de la península arábiga. La segunda parte, con The Line, buscaba cómo crear un corredor en el que diferentes ciudades, construidas en sitios vírgenes, pudieran evolucionar a lo largo de 100 años. No era solo un edificio.
El estado de las obras de The Line, la ciudad futurista que ha quedado en nada por su inviabilidad financiera e ingenieril. (Neom)
P. Pero ni el proyecto ni los planes para ese corredor de 170 kilómetros se han cumplido, ni se cumplirán. Lo que quería ser un desarrollo masivo para 1,5 millones de habitantes a lo largo de la costa del mar Rojo para 2030 se ha reducido a una población proyectada de 300.000 habitantes, en el mejor de los casos, y la construcción vertical está paralizada...
R. Lo que está claro es que algunas de las visiones que arquitectos y otros profesionales tuvieron no son ni económicamente viables ni ecológicamente deseables. Se ha constatado que la altura y expresión arquitectónica de ese edificio concebido en mitad del desierto no es factible. Llevará más tiempo y quizá sea necesario desplegar diferentes formas de ciudades para poblar esa zona en el futuro.
P. Hay otras ciudades futuristas proyectadas en el mundo, como en Japón, en Egipto y en Kazajistán. ¿Qué puede enseñarnos Neom?
R. Necesitamos pensar en formas de construir nuevas ciudades; no en Europa, pero ciertamente en China, India y otros países. Una lección es que intentar construir ciudades completamente nuevas desde cero, algo que ya se había intentado varias veces en el pasado, no es fácil. Hay una alta probabilidad de que no consigas el tipo de ciudad orgánica que necesitas. Las historias de éxito son aquellas en las que la gente ha sido capaz de introducir sistemas inteligentes en ciudades existentes. Viena, París y Singapur están demostrando cómo se puede hacer mientras a la vez se convierten en ciudades habitables.
También creo que The Line enseña cómo diseñar un corredor equipado con infraestructura, energía, agua y transporte. Esta planificación permite que evolucionen diferentes elementos de ciudad, más pequeños, para evitar una especie de urbanización descontrolada. Ese concepto es válido y continuará. También es una contribución a cómo construir un asentamiento urbano en un mundo donde durante los próximos 50 años seguiremos sumando población y donde la concentración de personas en las ciudades en todo el mundo continuará aumentando.
R. Esto se ha convertido en un gran problema en los últimos 10 años, también en Berlín. En parte está impulsado por una concentración de riqueza en los centros de las ciudades que expulsa a las personas con menores ingresos. Es la otra cara de la inteligencia y la digitalización, que también hizo crecer las smart cities, porque la oferta de alquileres a corto plazo y para viajar ha sido posible gracias a apps y sistemas digitales, como Airbnb y Booking. El uso turístico de las viviendas del centro de las ciudades es un problema que debemos abordar con regulación, y ahí Barcelona está liderando el camino para buscar la mezcla adecuada.
"Hace falta inversión pública en vivienda pública y regulación para controlar los alquileres y garantizar los derechos de los inquilinos"
El problema tiene también que ver con que solíamos ofrecer mucha vivienda pública, pero en los últimos 20 o 30 años muchas ciudades de Europa Central la han perdido. Ahora los intereses comerciales privados controlan partes más grandes del parque de viviendas, y el afán de lucro sube alquileres y costes. Viena es una ciudad que ha evitado eso, allí el 60% o 70% del parque de viviendas sigue siendo propiedad pública y la gente las alquila.
Florian Lennert durante una mesa redonda en las jornadas sobre el futuro de la economía oceánica y su sostenibilidad organizadas por Fundación Ramón Areces y la LSE. (Fundación Ramón Areces)
P. Como decías, Neom partía de levantar ciudades nuevas desde cero. Esto no es una solución para España ni para Europa, y no podemos derruir nuestras ciudades. Pero, ¿hay alguna lección del proyecto Neom que se pueda aplicar en ellas?
R. Creo que la clave es combinar estrategias. Las ciudades son seres vivos que respiran, no es tan fácil simplemente diseñar una ciudad en base solo a ingeniería y a los problemas existentes de otras. Pero una idea clara es que si queremos resolver el problema de movilidad de las ciudades tenemos que alejar a la gente de los coches privados y llevarla al transporte público y la movilidad compartida. Algunas ciudades como París han demostrado que se puede ir en esa dirección y están teniendo bastante éxito. Barcelona, Madrid y otras ciudades españolas han implementado toda una gama de sistemas diferentes para la movilidad eléctrica, pero creo que no hemos logrado aún llegar a esa ciudad inteligente, digital y sostenible; estamos quizá al 50%. La planificación urbana y la planificación espacial son una parte importante de eso, y estaba en el corazón de la estrategia de movilidad en Neom.
P. En otras partes del mundo, el problema de la vivienda tendrá que ver con las condiciones extremas derivadas del cambio climático. ¿Qué hacemos con las zonas que se están volviendo inhabitables?
R. La pregunta es cómo creamos equidad social en un mundo donde tenemos más presión sobre los recursos y donde el cambio climático está causando la degradación de entornos urbanos. Esto a menudo afecta proporcionalmente de manera mucho más significativa a las personas de bajos ingresos y más pobres. Si miras el sur global, hay muchos países que están sufriendo mucho más por el calentamiento global que nosotros, a pesar de que probablemente seamos nosotros la causa. Hay partes de África camino de volverse casi inhabitables, como en el África subsahariana, debido al cambio climático. Esto es una amenaza increíble para las vidas y el sustento de las personas, que en algún momento necesitarán encontrar lugares donde ir y vivir. No es una situación justa.
Por otro lado, dentro de las ciudades europeas también hay disparidades económicas. Algunas de ellas están impulsadas por el medio ambiente, otras por la naturaleza del capitalismo, que tiene la tendencia a concentrar la riqueza en cada vez menos manos. Pero creo que ya hemos estado aquí. Tuvimos una situación similar a finales del siglo XIX y fue el comienzo del estado del bienestar, de la renta social básica, la creación de empleo público… No era viable permitir que tanta gente viviera en la pobreza. Creo que, inevitablemente, la única manera de corregir algunas de esas injusticias es volver quizás a alguna forma de propiedad más colectiva y una gestión pública de los recursos.
Canarias como hub tecnológico del océano
Las islas Canarias son una de las regiones de Europa más vulnerables al cambio climático donde también enfrentan problemas de vivienda. Por eso, Lennert las ha elegido para montar una aceleradora que apoye la innovación en energía renovable en el océano, acuicultura y robótica. Dice que su ubicación, en el corazón de una región oceánica clave para Europa, cerca de las Azores, Madeira y en el camino hasta África y Cabo Verde, es estratégica desde el punto de vista ecológico. Pero también lo es por ser una región donde coinciden “todos los retos posibles, desde el turismo a la migración, pasando por el suministro energético y problemas como la desertificación”. También, la problemática ahora intrínseca al mar: los océanos se están llevando la peor parte del calentamiento global, absorbiendo el 90% del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero. El experto cree que Canarias es el lugar perfecto para buscar soluciones y protegerlos.
P. ¿Qué tipo de proyectos de tecnología oceánica sostenible destacarías?
R. Nosotros trabajamos, de la mano de socios como la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), con startups que quieren probar sus soluciones en el océano. Por ejemplo, cultivar algas para producir biocombustibles y bioplásticos, como la startup Macrocarbon, o para usar la energía de las olas para alimentar sistemas de desalinización, como hacen Wavepiston y Ocean's Oasis. También se busca construir capacidad de generar más energía eólica y solar en el océano y en sistemas flotantes. Para probar y escalar esas tecnologías conectamos a startups e inversores, pero también al mundo de la ciencia oceánica.
R. España está en una posición única, con dos océanos principales, dos archipiélagos significativos y puertos muy importantes. Es el mayor empleador en turismo costero en la economía azul, y tiene potencial en sectores clave como el transporte marítimo, las energías renovables y la producción de alimentos acuáticos. La cuestión es cómo ser un líder de la economía azul en Europa y hacer crecer estas industrias, porque algunas son nuevas.
P. En particular, sugerís invertir en aplicaciones de doble uso, comercial y militar. ¿Por ejemplo?
R. Hay una serie de tecnologías que a menudo se han desarrollado en el espacio civil y que ahora también están encontrando aplicaciones en seguridad y defensa. Drones, sistemas autónomos submarinos, sensores, observación por satélite… Por ejemplo, los datos oceánicos podemos usarlos para construir una mejor energía eólica y entender mejor el cambio climático, pero también nos permitiría hacer una mejor vigilancia en temas como la sobrepesca y acceso ilegal a los recursos oceánicos.
R. Absolutamente. Es muy importante entender que necesitamos proteger el océano porque ya permite gran parte de nuestra actividad económica. Produce alimentos, nos da transporte… El 80% de las cosas que consumes y utilizas, como tu smartphone, llegan aquí en barcos. Pero también realiza una función muy importante: genera gran parte del oxígeno que respiramos. Y estabiliza el clima.
"España tiene una geografía e industrias existentes para estar a la vanguardia de la innovación en economía oceánica"
P. ¿Crees que España está a tiempo de subirse a esta economía sostenible o llegamos tarde?
R. Creo que tiene grandes oportunidades. Hay un conjunto fantástico de innovaciones y actividades en marcha, ya sea en puertos como el de Barcelona, Valencia y Algeciras, donde la gente está trabajando en nuevas tecnologías oceánicas; ya sea en las islas Canarias, donde se están probando aplicaciones de energía renovable realmente interesantes. Creo que España está en una posición excelente. La pregunta es si podrá aprovechar esa oportunidad y tener una estrategia nacional centrada en convertirse en líder en innovación azul sostenible.
El año en que Florian Lennert nació, el hombre pisó la Luna por primera vez. 57 años después, los proyectos espaciales buscan crear bases lunares permanentes en las que el ser humano pueda vivir durante largos periodos. Pero mientras soñamos con edificar a 384.400 kilómetros de distancia, en la Tierra tenemos serios problemas de vivienda. Precios elevados y poca oferta en las grandes ciudades, asfixiadas, y otras partes del mundo asfixiadas de diferente manera: el aumento de las temperaturas y la desertificación están redibujando el mapa de zonas habitables en un planeta en bancarrota hídrica.