Menos playa y más algas: así está cambiando nuestra costa vista desde el espacio
Sobrevolando la Tierra hay satélites que recogen datos con los que se pueden analizar las zonas costeras. Esta investigadora del CSIC estudia cómo los eventos extremos y la acción humana están transformándolas
Imagen del Mar Menor (Región de Murcia) a partir de datos de Sentinel-2 tomados en marzo de 2021. (Proyecto COSSENT/Isabel Caballero)
Explorar nuestro planeta desde el aire sin movernos de casa es posible desde hace años gracias a herramientas como Google Earth, basadas en imágenes satelitales y otros datos. Hace unas décadas no existían, pero los gobiernos ya sabían que disponer de esta información era estratégico. Fue Estados Unidos, con un proyecto que se conoció como Vuelo Americano, quien entre 1945 y 1946 y de nuevo en 1956 y 1957 cartografió desde el aire por primera vez toda España. Las fotografías aéreas que capturó el Army Map Service sirven hoy para comparar cómo se ha transformado nuestra costa, urbanizada y erosionada.
Desde entonces, la tecnología ha dado un triple mortal. Hasta hace unos años, los oceanógrafos estudiaban a pie de playa los cambios en los ecosistemas marinos. Un esfuerzo logístico, económico y humano enorme. Pero el espacio no sirve solo para mandar misiones como Artemis II y soñar con viajar a Marte; también para monitorizar las regiones costeras casi en tiempo real. Es lo que hace la investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) Isabel Caballero (Palencia, 1981), primera científica española galardonada con el Premio a la Excelencia en Observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea.
Desde Puerto Real (Cádiz) se dedica a analizar el mar, aunque en realidad lo hace desde su ordenador con datos de Sentinel-2, uno de los satélites del programa Copérnico. “Es como lanzar una mirada microscópica a nuestras costas desde el espacio. Los satélites están situados a 786 kilómetros de la superficie del mar, pero su resolución es tan alta que pueden ayudarnos a responder preguntas que antes no sabíamos”, explica Caballero en entrevista con este medio. Pese a que Sentinel-2 fue diseñado para estudiar incendios y masas forestales, “es un diamante en bruto para la gestión de zonas costeras y masas de agua tan complejas, dinámicas y vulnerables al cambio climático”, afirma la investigadora.
Combinando estos datos con herramientas de inteligencia artificial y estadística, sus estudios dan lugar a imágenes bellísimas de nuestras costas (infinitamente mejores que las que consiguió EEUU), que hasta el 21 de junio se pueden ver en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Pero también revelan que cada vez están más afectadas por lacrisis climática y las actividades humanas. Los efectos no nos son ajenos: cuando llegue definitivamente el calor y volvamos a tomar el camino al mar, notaremos cómo la playa se ha replegado y cada vez hay más algas, especialmente en ciertos puntos de España.
Más borrascas extremas, peores playas
España arrancó el año con un tren de borrascas especialmente intensas. El aumento de estos eventos, derivado del cambio climático, es crítico para nuestras playas. “Lo que observamos desde hace unos años es que hay mayor severidad y aumento de estos eventos meteorológicos, y por tanto afectan de forma mucho más acusada a las regiones costeras”, indica Caballero.
Una de sus líneas de investigación es evaluar los impactos de estos eventos extremos. “Huracanes en Estados Unidos, tifones en Filipinas, ciclones y grandes temporales como la Tormenta Gloria, y eventos como las danas están retranqueando las playas y modificando el fondo marino”, afirma. Una de sus conclusiones es que los huracanes producen fortísimos procesos de erosión.
El aumento del nivel del mar también suma puntos a estos cambios, que perjudican a los ecosistemas y molestan a los bañistas veraniegos. Aunque la investigadora pide paciencia: “Después de las tormentas de invierno es lógico que algunas playas desaparezcan. Ha pasado en el Golfo de Cádiz y en Huelva. Pero estas tienen sus propios ritmos vitales. Hay que darle tiempo al mar, que no va tan rápido como nosotros queremos”.
Isabel Caballero ha sido la primera científica española en ganar el Premio a la Excelencia en Observación de la Tierra de la ESA. (ICMAN-CSIC)
Pero no solo se acorta la cantidad de arena. Los eventos extremos también empeoran la calidad del agua, potencian procesos de eutrofización (enriquecimiento excesivo de nutrientes) y aceleran las floraciones de algas nocivas. Un cúmulo de consecuencias que conocen demasiado bien en la Región de Murcia y en otros puntos de España.
Descontrol vegetal en el Mar Menor, Cádiz y Galicia
Todo el que vivió el Mar Menor del pasado sabe que no ha vuelto a ser el mismo. En la laguna salada más grande de Europa se recuerdan con añoranza las aguas cristalinas en las que nadaban centenares de caballitos y se veían estrellas de mar. Parecía una zona tropical. En los últimos años, contaminación, vertidos, saturación urbanística y otros problemas relacionados con el turismo han provocado diversas crisis de eutrofización que la han llevado al límite. Los vecinos de pueblos colindantes mantienen en sus balcones banderas negras con el símbolo del caballito de mar y se organizan para exigir soluciones. Los satélites pueden arrojar luz objetiva sobre su evolución.
“Sin datos no se puede conocer el estado de salud de una laguna costera o una albufera como es el Mar Menor. Gracias a los satélites hemos podido monitorizar perfectamente todas sus crisis de eutrofización, pese a estar a 700 kilómetros de distancia”, explica Caballero. Con estos datos pudieron ver los primeros problemas en el verano de 2016 y 2017, cuando “empezó a deteriorarse mucho la calidad del agua”, y el pico de eutrofización tras la dana del 13 de septiembre de 2019, “con un aumento de clorofila y de turbidez”, destaca la investigadora.
En el artículo que acaban de publicar en la revista Journal of Hydrology han evaluado datos de Sentinel-2 desde 2015 a 2024 combinados con IA y métodos avanzados de análisis estadístico. Su mapa digital revela “una evolución estacional y cierta tendencia a una mejora, pero hay que tener mucha cautela”, subraya Caballero. “No sabemos todavía hasta qué punto la resiliencia del ecosistema ha solucionado la situación o si irá en detrimento. Hay que esperar a que pasen los años”, añade. La investigación también ha identificado las zonas más afectadas, como la desembocadura de la Rambla del Albujón, entre Los Alcázares y El Algar (Murcia), uno de los puntos donde más nutrientes se están vertiendo. “Con las series históricas puedes conocer cuáles son los agentes forzantes meteorológicos oceanográficos, los impactos de la acción humana y si ha habido una catástrofe medioambiental. Esa información es crucial para entender el pasado, mirar al futuro y tomar decisiones sobre su gestión”, indica la investigadora.
Los cambios de color revelan información sobre el estado ecológico del agua. Las manchas azul turquesa están relacionadas con la turbidez y materiales en suspensión. En la imagen, el golfo de Cádiz en 2022. (Proyecto COSSENT/Isabel Caballero)
Bordeamos la costa peninsular y desde Murcia atracamos en Cádiz, donde las tormentas de enero y febrero han provocado el retranqueo de las playas. Allí, hace años recaló un alga invasora que trae de cabeza a los gaditanos: el alga asiática, Rugulopteryx okamurae, de la que se recogen toneladas al día. Dos investigadoras del grupo de Caballero, Sara Aro y Mar Roca, tienen entre manos sendos proyectos para estudiar series históricas en las costas andaluzas, como han hecho con el Mar Menor.
Aunque la resolución de 10 metros por píxel de Sentinel-2 ayuda, con el alga la cosa se complica. “Está en las zonas costeras, como arribazones en la orilla, en la zona seca y en la zona intermareal, pero también se encuentra en la columna de agua”, detalla Caballero. Esto dificulta que los sensores ópticos habituales de los satélites puedan identificarla con claridad, pero las investigadoras saben que "está azotando y asolando totalmente toda la zona somera (las aguas de poca profundidad) de 0 a 60 metros; en los últimos cinco años ha cambiado totalmente el fondo del golfo de Cádiz y está relegando a cualquier tipo de macroalga local”, apunta Caballero.
También está impactando en el turismo. La científica relata en primera persona que no es agradable bañarse cuando el mar está lleno de esta alga: “La gente que viene de fuera se acerca a preguntar qué pasa, se quedan impactados de la acumulación". El alga asiática se ha extendido hasta Galicia, en concreto a zonas tan sensibles como las Islas Cíes. En las Rías Baixas, en las bateas donde se cultiva el mejillón, también han observado un número cada vez mayor de floraciones de otras algas perjudiciales.
Un problema para el planeta (y para los veraneantes)
Los dramas invasores se repiten en todo el mundo. La costa este de Estados Unidos es una de las más afectadas por este tipo de floraciones. También Chile, sobre todo la Región de Los Lagos, y concretamente el archipiélago de Chiloé. En Etiopía, el jacinto de agua, una de las especies invasoras más agresivas del mundo por su crecimiento exponencial, colapsó uno de los lagos más grandes del país. Con los datos satelitales pudieron monitorizar su evolución, identificar los picos de crecimiento y darse cuenta de que, aunque los gestores del país decían que se había eliminado, ahí seguía. Es la misma planta acuática flotante que provocó un grave problema en el río Guadiana a su paso por Mérida, hasta el punto de que plataformas locales la asemejaron a un cáncer.
Las Rías Baixas, vistas desde el espacio, en 2021. (Proyecto COSSENT/Isabel Caballero)
Son ejemplos de proyectos internacionales en los que ha trabajado Caballero sin necesidad de moverse de Cádiz. Porque una bondad de estos datos satelitales es que son totalmente públicos y gratuitos. “Monitorizar regiones tan lejanas y complejas como un lado en mitad de África es muy importante para poder ayudar a países en vías de desarrollo. Tiene implicaciones a nivel político y social”, destaca.
La costa pertenece a una dimensión humana que va mucho más allá de la propia ciencia, como indica la investigadora. Pero si todos anhelamos que llegue julio y agosto para ir a la playa, también tenemos que ser conscientes de lo que está pasando para poder ponerle remedio, subraya: “Sabemos que el cambio climático está presente. Quien no quiera verlo, allá él, pero nuestro cometido es dar datos objetivos si queremos tener unas costas azules en el futuro. Hay que cuidarlas y respetarlas”.
Explorar nuestro planeta desde el aire sin movernos de casa es posible desde hace años gracias a herramientas como Google Earth, basadas en imágenes satelitales y otros datos. Hace unas décadas no existían, pero los gobiernos ya sabían que disponer de esta información era estratégico. Fue Estados Unidos, con un proyecto que se conoció como Vuelo Americano, quien entre 1945 y 1946 y de nuevo en 1956 y 1957 cartografió desde el aire por primera vez toda España. Las fotografías aéreas que capturó el Army Map Service sirven hoy para comparar cómo se ha transformado nuestra costa, urbanizada y erosionada.