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Estudian el cuerpo humano y descubren que el hábito español de almorzar a las 3 y cenar a las 9 es mala idea
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Un hábito muy español

Estudian el cuerpo humano y descubren que el hábito español de almorzar a las 3 y cenar a las 9 es mala idea

España es uno de los pocos países en los que se almuerza y cena tan tarde. Parece haber motivos biológicos que desaconsejan seguir esta práctica

Foto: Un monitor muestra a una persona sometiéndose a una resonancia magnética (Pexels/Mart Production)
Un monitor muestra a una persona sometiéndose a una resonancia magnética (Pexels/Mart Production)

La relación entre los horarios de comida y la salud ha dejado de ser una cuestión cultural para convertirse en un objeto de estudio. La crononutrición, disciplina que analiza cómo los ritmos biológicos influyen en la alimentación, señala que no solo importa qué se come, sino también cuándo se hace. En países como España, donde los horarios son más tardíos, este patrón cobra especial relevancia.

El organismo humano funciona siguiendo un complejo sistema de ritmos circadianos, que sincronizan procesos como la digestión, la liberación hormonal o el descanso. Alterar estos ciclos, por ejemplo, comiendo tarde, provoca una desincronización de los relojes internos de órganos clave como el hígado o el páncreas, con consecuencias directas sobre la salud metabólica.

El impacto en el metabolismo

Los datos científicos indican que ingerir alimentos cerca de la hora de dormir reduce la capacidad del cuerpo para procesar nutrientes. En particular, se observa un empeoramiento en la tolerancia a la glucosa y una alteración en la secreción de insulina, lo que puede favorecer el desarrollo de trastornos metabólicos a largo plazo.

Además, durante la noche el organismo disminuye el uso de grasas como fuente de energía. A esto se suma un incremento del cortisol, conocido como la hormona del estrés, y un retraso en la producción de melatonina, fundamental para iniciar el sueño. Este desequilibrio hormonal afecta tanto al descanso como al bienestar general.

Un metaanálisis publicado en 2025 refuerza esta evidencia al señalar que cenar después de las 21:00 horas altera neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, lo que no solo repercute en el metabolismo, sino también en el estado emocional, elevando el riesgo de depresión.

Riesgo cardiovascular y peso corporal

En el contexto español, un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) con más de 100.000 participantes concluyó que cenar tarde se asocia a un mayor riesgo cardiovascular, especialmente en mujeres, donde aumenta la probabilidad de enfermedad cerebrovascular.

La evidencia también apunta al control del peso. Investigaciones lideradas por la científica Marta Garaulet muestran que quienes retrasan la comida principal del día pierden menos peso, incluso con una ingesta calórica y gasto energético similares. Asimismo, alargar el ayuno nocturno se relaciona con un índice de masa corporal más bajo.

Más allá de la báscula, los horarios tardíos afectan a la calidad del sueño. Estudios realizados en EEUU evidencian que cenar cerca de la hora de acostarse prolonga el tiempo necesario para dormirse y reduce la duración del descanso. Este fenómeno genera un círculo vicioso que impacta negativamente en la salud cardiometabólica.

El matiz de la dieta mediterránea

A pesar de estos resultados, los expertos subrayan que el contexto es determinante. La dieta mediterránea, característica de España, suele incluir cenas más ligeras, lo que podría mitigar parcialmente los efectos negativos de cenar tarde. No obstante, una cena copiosa y ultraprocesada antes de dormir agrava significativamente los riesgos.

La evidencia científica coincide en que adelantar la cena y mantener una ventana de ayuno nocturno más prolongada es una estrategia eficaz para mejorar el metabolismo, optimizar el descanso y reducir el riesgo de enfermedades. Así, el horario vuelve a situarse como un factor clave en la salud, al mismo nivel que la calidad de los alimentos.

La relación entre los horarios de comida y la salud ha dejado de ser una cuestión cultural para convertirse en un objeto de estudio. La crononutrición, disciplina que analiza cómo los ritmos biológicos influyen en la alimentación, señala que no solo importa qué se come, sino también cuándo se hace. En países como España, donde los horarios son más tardíos, este patrón cobra especial relevancia.

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