CSI Medieval: cómo un poemario japonés del siglo XIII ayudará a proteger a los astronautas del futuro
Un manuscrito nipón, restos de árboles milenarios y técnicas avanzadas de análisis de carbono han permitido a los científicos reconstruir antiguas tormentas solares, un hallazgo que puede resultar decisivo para proteger a los astronautas
Un antiguo diario japonés del siglo XIII, árboles enterrados y mediciones de carbono-14 de altísima precisión han permitido a un grupo de científicos reconstruir tormentas solares del pasado, un avance clave para anticipar riesgos en futuras misiones espaciales con astronautas rumbo a la Luna o Marte.
El estudio, liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST), parte de una idea que ha resultado bastante eficaz: combinar literatura medieval con ciencia de vanguardia. El punto de partida fue el Meigetsuki, el diario del poeta y cortesano Fujiwara no Teika, que en el siglo XIII describió “luces rojas en el cielo del norte sobre Kioto”, un fenómeno que hoy se interpreta como auroras vinculadas a actividad solar intensa.
Aunque esas auroras no son peligrosas en la Tierra, fuera del escudo magnético del planeta la situación cambia por completo. Las erupciones solares pueden desencadenar los llamados eventos de protones solares (SPE), en los que partículas cargadas viajan a velocidades cercanas a la luz. Estos episodios representan una amenaza directa para astronautas, como ya se evidenció en 1972, cuando una tormenta solar se produjo entre las misiones Apolo 16 y 17.
Para localizar estos eventos en el pasado, los investigadores analizaron madera de árboles de asunaro enterrados en el norte de Japón. Cuando partículas solares penetran en la atmósfera, generan carbono-14 que se integra en los anillos de crecimiento de los árboles. Gracias a una técnica de medición extremadamente precisa, el equipo detectó un aumento de este isótopo que delata un evento solar ocurrido entre el invierno del año 1200 y la primavera de 1201.
La clave del avance está en la capacidad de identificar no solo las tormentas solares más extremas, sino también las llamadas “sub-extremas”, que son más frecuentes y pueden representar igualmente un riesgo significativo. Según la investigadora Hiroko Miyahara, estos eventos son más difíciles de detectar, pero ahora pueden estudiarse con mayor precisión, lo que permite comprender mejor cuándo y por qué se producen.
El análisis también ha revelado que el comportamiento del Sol en aquella época era distinto al actual. Mientras que hoy su actividad sigue ciclos de unos once años, en el periodo estudiado estos ciclos eran más cortos, de entre siete y ocho años, lo que indica un Sol más activo. Este tipo de información es esencial para predecir la intensidad y frecuencia de futuras tormentas solares.
La combinación de fuentes históricas, como crónicas y poemas, con técnicas científicas modernas abre una nueva vía para estudiar el clima espacial. Este enfoque multidisciplinar ayuda a llenar lagunas en el registro histórico y puede marcar la diferencia en la seguridad de las misiones espaciales del futuro, donde anticipar una tormenta solar podría ser cuestión de vida o muerte para los astronautas.
Un antiguo diario japonés del siglo XIII, árboles enterrados y mediciones de carbono-14 de altísima precisión han permitido a un grupo de científicos reconstruir tormentas solares del pasado, un avance clave para anticipar riesgos en futuras misiones espaciales con astronautas rumbo a la Luna o Marte.