Durante más de dos décadas, los chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale, fueron considerados como uno de los grupos más grandes y estables conocidos. Sin embargo, esa estabilidad se rompió progresivamente hasta desembocar en una fractura definitiva en 2018, generando dos comunidades diferenciadas.
Desde entonces, el grupo más reducido, conocido como el grupo occidental, ha protagonizado ataques sistemáticos contra el grupo central, causando la muerte de al menos 24 individuos, incluyendo crías y machos adultos. Este patrón de violencia, que ha sido documentado en un artículo publicado en Science, ha sorprendido a los investigadores por su intensidad y dirección unilateral.
El primatólogo John Mitani, de la Universidad de Michigan, expresó su desconcierto ante lo ocurrido tras décadas de estudio: "Los hallazgos reportados en este artículo son difíciles de asimilar porque estos son chimpancés que he estudiado durante 30 años. He conocido a muchos de ellos toda su vida. Y ahora estoy viendo cómo se matan entre ellos".
Un conflicto fuera de lo habitual
La agresividad no es un comportamiento desconocido entre chimpancés, ya que suelen atacar a grupos rivales para obtener territorio y recursos. No obstante, lo que desconcierta a los científicos es que en este caso los ataques se producen entre individuos que han convivido durante toda su vida.
Según los expertos, uno de los factores clave podría ser el crecimiento excesivo del grupo, que llegó a superar los 200 miembros. Este aumento habría intensificado la competencia por alimento y reproducción, favoreciendo una división que redujera la presión interna.
Además, cambios en la jerarquía social, como la aparición de un nuevo macho alfa en 2015, así como la muerte de varios machos adultos influyentes, pudieron alterar el equilibrio del grupo. Estos elementos habrían contribuido a una polarización progresiva hasta la ruptura definitiva.
Claves evolutivas y paralelismos humanos
Otro aspecto que intriga a los investigadores es la falta de respuesta del grupo central, que pese a contar inicialmente con mayor número de individuos, no ha contraatacado. "Han fallado en defenderse y han sufrido las consecuencias", explicó Mitani, subrayando lo inusual de este comportamiento.
Para el investigador Aaron Sandel, del Ngogo Chimpanzee Project, este fenómeno podría aportar pistas sobre el origen de los conflictos en humanos. "Es posible que las grandes divisiones culturales sean secundarias, y que las dinámicas interpersonales sean primarias: amistades, rivalidades o alianzas", señaló.
Otros expertos, como el antropólogo Luke Glowacki, apuntan a que procesos evolutivos profundos podrían estar detrás de este tipo de violencia. Mientras tanto, Mitani recuerda una diferencia clave: los humanos han desarrollado una capacidad de cooperación mucho más avanzada, lo que permite convivir en sociedades complejas.
Durante más de dos décadas, los chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional de Kibale, fueron considerados como uno de los grupos más grandes y estables conocidos. Sin embargo, esa estabilidad se rompió progresivamente hasta desembocar en una fractura definitiva en 2018, generando dos comunidades diferenciadas.