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Artemis II ya está en casa: las cinco claves de una misión que es mucho más que un álbum de fotos
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IMPACTO EN EL OCÉANO Y EN LA HISTORIA

Artemis II ya está en casa: las cinco claves de una misión que es mucho más que un álbum de fotos

Después de casi diez días de ida y vuelta a la Luna, los cuatro astronautas han amerizado con éxito en el Pacífico. Concluye un viaje que, además de imágenes inolvidables, deja lecturas geopolíticas e implicaciones científicas a futuro

Foto: Victor Glover, piloto de Artemis II, y Christina Koch, especialista de la misión, tras haber sido extraídos de la nave espacial Orion. (Reuters/NASA)
Victor Glover, piloto de Artemis II, y Christina Koch, especialista de la misión, tras haber sido extraídos de la nave espacial Orion. (Reuters/NASA)
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Los cuatro astronautas de Artemis II ya están sanos y salvos en la Tierra, después de amerizar esta madrugada en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, en California. Se cerraba así uno de los momentos más peligrosos de una misión que ha durado casi 10 días: la reentrada en la atmósfera terrestre tras haber recorrido más de un millón de kilómetros. 13 minutos de angustia en los que la nave Orion, con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Kochy Jeremy Hansen a bordo, ha superado los 2.500 grados y una velocidad de unos 40.000 kilómetros por hora. Una “bola de fuego que ha atravesado la atmósfera", como describió el piloto Glover.

Los astronautas han tocado el agua a la hora prevista, las 02:07:27 horas del sábado (hora peninsular española). Una ventana calculada cuidadosamente para garantizar la seguridad en un descenso crítico, en el que todos los ojos estaban puestos en el escudo térmico. Esta parte de la nave, imprescindible para proteger a los astronautas de las altísimas temperaturas, no se comportó de la manera esperada durante Artemis I; se resquebrajó y perdió material carbonizado. Hoy, pese a las dudas que suscitaba, ha cumplido con su papel gracias al reajuste del ángulo de reingreso en la atmósfera.

El final del viaje empezó una media hora antes, a las 01:33 horas. En el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, silencio absoluto. En el espacio, la cápsula de Orion donde viajaba la tripulación se separó del Módulo Europeo de Servicio (ESM), la parte de fabricación europea, empresas españolas incluidas. Este comenzó a arder y desintegrarse en la atmósfera terrestre. Su desprendimiento era clave para dejar al descubierto el escudo térmico. Instantes después, lo que quedaba de Orion realizó la maniobra de elevación final, completada a las 01:37 horas, para ajustar el ángulo de entrada y alinear la posición del escudo.

20 minutos más tarde, la cápsula con los astronautas en su interior comenzó su reentrada en la atmósfera viajando a casi 35 veces la velocidad del sonido y, envuelta en plasma, perdió la comunicación con tierra durante seis minutos. Con el contacto restablecido tras escuchar la voz del comandante Wiseman (“Houston, aquí Integrity, os recibimos alto y claro”) y con la distancia recortándose, los primeros paracaídas se desplegaron para reducir la velocidad cuando quedaban seis kilómetros. Después se abrieron los tres principales y la nave amerizó con éxito después de un recorrido "perfecto", según describió Houston durante la retransmisión en directo, en la que se escucharon aplausos.

Tras activar el dispositivo de recuperación, distintos equipos comenzaron a dirigirse al punto donde cayó la nave. Realizadas las comprobaciones necesarias, el equipo de recuperación médica de buceo de Artemis II accedió a la cápsula y verificó el estado de salud de los tripulantes. Koch, Glover, Hansen y Wiseman salían por fin de Orion, subían a un bote y volaban en helicóptero hasta el buque de asalto anfibio de la Armada estadounidense USS John P. Murtha casi dos horas después del amerizaje. Allí los esperaba el administrador de la NASA, Jared Isaacman.

Los exactamente 9 días, una hora, 32 minutos y 15 segundos de viaje que arrancaron el pasado 2 de abril y finalizan hoy, con esta proeza técnica, dejan cinco claves de una misión histórica que ha sentado las bases de la exploración espacial del futuro. Es momento de dibujar cómo queda el tablero geopolítico y científico.

Las prisas del paradójico Trump

Llegar a la Luna antes de 2030 es el objetivo de la nueva carrera espacial que enfrenta a Estados Unidos y China. Pero, al contrario de lo que sucedió en la década de 1960, ahora la NASA no disfruta de una ventaja tan evidente. El programa Artemis ha tenido que ser recalendarizado una y otra vez. Finalmente, tras retrasos y problemas técnicos, Artemis II ha concluido hoy con éxito, y EEUU sigue sujetando el palo de la zanahoria. Mientras continúa con su marketing imperialista en plena guerra contra Irán, las acciones de Donald Trump, obsesionado por dominar el espacio, son contradictorias.

Su gobierno propuso hace una semana los presupuestos estatales para 2027 que incluyen un recorte del 23% de la financiación total de la NASA y la reducción de sus programas científicos a casi la mitad. La partida presupuestaria sí mantiene el apoyo a los vuelos espaciales tripulados, pero sin investigación científica la exploración espacial se queda coja.También las bases lunares en las que ahora se enfoca Trump, que tienen importantes implicaciones militares y geopolíticas en la carrera entre EEUU y sus socios, y China y los suyos.

La Luna puede ser un punto estratégico para la seguridad: controlar el espacio entre la Tierra y ella permite vigilar todo lo que haya en órbita. Es cierto que establecer una base militar supondría una violación directa del derecho internacional según el Tratado del Espacio Exterior de 1967, pero hay intereses que se pueden cubrir de otras maneras: con la explotación de recursos estratégicos de la Luna. Si se aprovechan, no es necesario transportar desde la Tierra los suministros necesarios para misiones más largas. Por ejemplo, si se consigue cultivar allí.

El hielo de agua es el recurso que suscita un interés especial, porque en esta carrera lunar el interés está centrado en el Polo Sur, donde están las regiones de sombra permanente, cráteres profundos en los que, según los científicos, estarían los depósitos. Este podría ser utilizado para obtener oxígeno, agua potable y combustible para cohetes. Llegar primero es estratégico porque aún hay un vacío legal sobre quién será propietario de ese agua.

El Tratado prohíbe la "apropiación nacional" de la Luna, pero no deja clara la normativa sobre la explotación de sus recursos. Cómo se interpretará esto cuando EEUU y China colonicen su superficie está por ver. Especialmente porque ni el país asiático ni Rusia han firmado los Acuerdos de Artemis, impulsados por la NASA en 2020, en los que habla de definir “zonas seguras” alrededor de las bases para evitar interferencias entre naciones. Quien llegue primero, elegirá el mejor trozo del pastel.

Una tripulación rompetechos

Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch (NASA) y Jeremy Hansen (Agencia Espacial Canadiense, CSA) son cuatro nombres que ya están escritos para siempre en la historia de la humanidad y en la del espacio. Han sido un equipo de primeras veces: la primera mujer, el primer afroamericano y el primer no estadounidense en viajar a la Luna. Hasta ahora, las 24 personas que, desde Neil Armstrong, habían viajado a las inmediaciones de nuestro satélite, eran hombres blancos estadounidenses.

También son los humanos que más lejos han viajado nunca. La misión ha superado el récord del Apolo 13 de 1970 por unos 6.000 kilómetros, fijando el nuevo hito de distancia máxima a la Tierra en 406.771 kilómetros, mientras hacían el sobrevuelo lunar. También fue el momento en el que vieron con sus propios ojos (y sus cámaras) zonas de la cara oculta de la Luna que ninguna persona había observado directamente hasta ahora. Otra marca para el libro Guinness: fueron los únicos cuatro privilegiados en ver un eclipse solar total desde el espacio, durante casi una hora.

placeholder Vista de la Tierra desde la cara oculta de la luna captada por Artemis II. (Europa Press/NASA)
Vista de la Tierra desde la cara oculta de la luna captada por Artemis II. (Europa Press/NASA)

Pero esto de romper techos puede que también acabe debido a los designios del presidente de EEUU. Aunque uno de los pilares de Artemis era cambiar esa homogeneidad y fue la propia administración Trump la que aseguró que llevaría a la primera mujer y la primera persona negra a pisar la Luna, hace un año la NASA borró de su página web el texto donde esto se indicaba. El motivo, cumplir con el decreto que el presidente aprobó al arranque de su segundo mandato, en el que ponía fin a las políticas de diversidad, igualdad e inclusión (DEI, por sus siglas en inglés).

De momento no se conocen los nombres de la tripulación de las próximas misiones. Una de ellas, Artemis IV, será la que en 2028 vuelva a dejar huella física en la Luna, si todo va según lo previsto. Veremos si los derroteros de EEUU vuelven a cambiar y los protagonistas del próximo ‘gran paso de la humanidad’ son astronautas fuera de los cánones establecidos.

Virales y mediáticos en directo

Donde también se han salido de los moldes los cuatro astronautas de Artemis II han sido en las redes sociales. Internet ha hecho que generaciones que todavía no habíamos vivido un gran hito humano en el espacio (no viajábamos hacia la Luna desde diciembre de 1972) pudiéramos seguir el fenómeno en tiempo real. Aunque los astronautas no tenían conexión pese a llevar un iPhone en el bolsillo, en la Tierra sus fotos y frases se hacían virales.

Sus canciones elegidas como banda sonora (este último día han amanecido con Run To The Water, de Live, un título muy apropiado), Koch convertida en una “fontanera espacial" arreglando el inodoro de la nave, abrazos entre los astronautas que dicen que echarán de menos disfrutar de una hermandad así, ataques de risa y mensajes románticos hicieron arder internet. Especialmente, cuando los astronautas bautizaron a un cráter con el nombre de la esposa fallecida del comandante Wiseman.

placeholder La tripulación se abraza tras el sobrevuelo lunar. En redes, los usuarios se han referido a ellos como sus 'amigos íntimos'. (NASA)
La tripulación se abraza tras el sobrevuelo lunar. En redes, los usuarios se han referido a ellos como sus 'amigos íntimos'. (NASA)

También hubo lugar para ideas religiosas y espirituales. Glover tuvo tiempo de predicar antes del apagón comunicativo de 41 minutos que vivieron al dar la vuelta tras la Luna. “Cuando leo la Biblia y veo todas las cosas maravillosas que se hicieron por nosotros... Vosotros nos estáis hablando como si estuviéramos en una nave espacial muy lejos de la Tierra, pero vosotros estáis en una nave espacial llamada Tierra, que fue creada para darnos un lugar donde vivir en el universo y el cosmos”, transmitió.

¿Cómo no iba a fascinarnos escuchar a personas que viajan a decenas de miles de kilómetros? Los cuatro astronautas han compartido con nosotros su intimidad en un espacio estrechísimo, de cinco metros de diámetro, durante semana y media. El cierre, como si fuera una producción de Hollywood, ha podido seguirse desde plataformas como Amazon Prime, Apple TV, Netflix y HBO Max. Por eso hay quien bromea, como la periodista científica y directora del Science Media Center de España Pampa García, con que más que una agencia espacial, la NASA es una agencia de comunicación, que sabe espectacularizar la ciencia. Artemis II ha sido hasta el final una especie de Gran Hermano en el que los astronautas han sido ingenieros y científicos, pero también sujetos de expectación y de estudio.

Cobayas humanas a más de 400.000 kilómetros

Los astronautas no solo han hecho retransmisiones, ruedas de prensa y fotos. Pasados los primeros días de vértigo, el objetivo era sentar la base científica para las futuras exploraciones, con dos enfoques concretos: geológico y biomédico.

Foto: laboratorio-humano-artemis-experimentos-cientificos-luna

Por un lado, la tripulación captó imágenes nunca vistas de cráteres de impacto, flujos de lava antiguos y fracturas de la superficie. Grabaron el amanecer terrestre, el ocaso y detectaron seis destellos de impacto en la superficie lunar, un fenómeno poco documentado que abre incógnitas sobre la actividad meteórica en el satélite. Todas estas observaciones científicas pueden revelar la historia geológica de la Luna.

Por otro, se centraron en recabar información para entender cómo afecta un viaje al espacio profundo en la salud humana. Modelos de chips de órganos hechos a partir de las propias células de los astronautas, muestras de saliva cada mañana y pulseras que monitorizaban cada movimiento y sus rutinas de sueño. Un montón de datos para analizar el impacto de la radiación espacial y la microgravedad en el sistema inmunitario y en el cognitivo. Conocimientos que, cuando se evalúen, pueden impulsar la exploración espacial, pero también la medicina personalizada en la Tierra.

Pisar la Luna y tomar impulso hasta Marte

Fotos, ciencia y lo más importante: probar todos los sistemas críticos de la nave. El objetivo principal de Artemis II era verificar que los sistemas de soporte vital de Orion, que garantizan la supervivencia de los tripulantes, funcionaban en el entorno hostil del espacio profundo. Ya se hizo un lanzamiento en Artemis I, pero ahora la diferencia ha sido fundamental: a bordo ha ido una tripulación humana.

Comprobaciones realizadas con éxito, todo este campo de entrenamiento científico y tecnológico abre una ventana a los próximos objetivos de EEUU en su carrera. En concreto, al más desafiante, el sueño de Elon Musk ante el que muchos son escépticos: llegar al planeta rojo.

Wiseman, Glover, Koch y Hansen han vuelto a la Tierra con aprendizajes que servirán a los astronautas del futuro, como la información sobre el efecto de los viajes espaciales en el cuerpo humano y las reveladoras observaciones de la geografía lunar. Ya lo dijo la astronauta y especialista de la misión en una entrevista a la CBS: “Espero que se olviden por completo de Artemis II. Hablamos de que nuestro legado consiste en hacer posibles las misiones del futuro, desde Artemis III hasta Artemis 100 y las misiones a Marte”. No se sabe aún cuándo les olvidaremos, pero en los próximos días aún les veremos levantar revuelo mediático. Al fin y al cabo, no todos los días el ser humano regresa de la Luna.

Los cuatro astronautas de Artemis II ya están sanos y salvos en la Tierra, después de amerizar esta madrugada en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, en California. Se cerraba así uno de los momentos más peligrosos de una misión que ha durado casi 10 días: la reentrada en la atmósfera terrestre tras haber recorrido más de un millón de kilómetros. 13 minutos de angustia en los que la nave Orion, con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Kochy Jeremy Hansen a bordo, ha superado los 2.500 grados y una velocidad de unos 40.000 kilómetros por hora. Una “bola de fuego que ha atravesado la atmósfera", como describió el piloto Glover.

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