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El ADN resuelve el misterio de los sujetos medievales que aparecieron en un yacimiento español de la Edad de Piedra
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En el Dolmen de Menga

El ADN resuelve el misterio de los sujetos medievales que aparecieron en un yacimiento español de la Edad de Piedra

El estudio del ADN de los cuerpos, que fueron encontrados en 2005, ha permitido revelar cuáles eran sus ascendencias y cómo llegaron hasta allí. Sin embargo, han aparecido dudas en otros ámbitos

Foto: Uno de los cráneos que aparecieron en el yacimiento (ATLAS/Universidad de Sevilla/Juan Moreno)
Uno de los cráneos que aparecieron en el yacimiento (ATLAS/Universidad de Sevilla/Juan Moreno)

El análisis de ADN antiguo ha permitido arrojar nueva luz sobre uno de los hallazgos más enigmáticos del sur de España: el entierro de un hombre de origen medieval en el Dolmen de Menga, que data de la Edad de Piedra. El estudio, publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, desvela su origen genético, aunque mantiene en el aire el misterio sobre sus creencias.

La investigación, liderada por especialistas de la Universidad de Sevilla, se centra en dos individuos hallados en 2005 en este monumento megalítico de la Edad de Piedra. Ambos fueron enterrados siglos después de su construcción, durante la época medieval, en un contexto histórico marcado por la diversidad cultural de al-Ándalus.

El individuo mejor conservado, datado entre los siglos X y XI, era un hombre de más de 45 años. Su estudio genético ha revelado una mezcla de ascendencias europeas, norteafricanas y de Oriente Próximo, lo que confirma la intensa movilidad de poblaciones en el Mediterráneo durante ese periodo.

Un linaje que conecta continentes

Los investigadores identificaron en su cromosoma Y un linaje presente en la península ibérica desde el Calcolítico, mientras que su ADN mitocondrial apunta a una herencia europea con vínculos también en el noroeste de África. Este patrón genético refuerza la idea de intercambios constantes entre ambas orillas del Mediterráneo.

De hecho, el análisis detectó una mutación compartida con dos individuos actuales, uno en Marruecos y otro en Argelia. Este hallazgo evidencia una continuidad genética que se extiende hasta la actualidad y subraya la complejidad demográfica de la región.

Según los autores del estudio, esta mezcla no resulta sorprendente. "La ascendencia norteafricana era generalizada en el sur de Iberia desde al menos los siglos III y IV", explican, vinculando estos movimientos a las rutas comerciales de griegos, fenicios y cartagineses, así como al posterior dominio del Imperio romano.

Un ritual funerario fuera de lo común

Más allá del ADN, el contexto funerario plantea interrogantes relevantes. Ambos hombres fueron enterrados en fosas simples, sin ajuar, con la cabeza orientada hacia el suroeste y el rostro hacia el sureste, una disposición que apunta hacia La Meca, aunque no sigue exactamente los patrones islámicos habituales.

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Leonardo García Sanjuán, coautor del estudio, señala que "el hecho de que ambos individuos fueran enterrados en la entrada de un monumento ya muy antiguo podría indicar que lo veneraban". Esta disposición sugiere una posible combinación de creencias, donde prácticas islámicas convivían con tradiciones paganas.

La hipótesis se refuerza al considerar el simbolismo del dolmen, que algunos expertos interpretan como una cueva. En el mundo islámico, estos espacios tienen un fuerte componente espiritual, lo que abre la puerta a interpretaciones más complejas sobre la identidad religiosa de los individuos.

El análisis de ADN antiguo ha permitido arrojar nueva luz sobre uno de los hallazgos más enigmáticos del sur de España: el entierro de un hombre de origen medieval en el Dolmen de Menga, que data de la Edad de Piedra. El estudio, publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, desvela su origen genético, aunque mantiene en el aire el misterio sobre sus creencias.

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