Australia mira al espacio profundo y observa uno de los posibles finales de la Tierra y la Vía Láctea
Los investigadores aseguran que ambas galaxias son muy similares a la Vía Láctea y a Andrómeda. Su final puede ser un espejo en el que debamos mirarnos
Recreación de la colisión registrada (Vimeo/Australian National University)
La investigación forma parte del proyecto Delegate, una campaña internacional dirigida por la doctora Sarah Sweet, de la Universidad de Queensland, con participación de la Australian National University. El equipo ha puesto el foco en NGC5713 y NGC5719, dos sistemas que, por masa, brillo y morfología, recuerdan al futuro que esperan los astrónomos para nuestro vecindario cósmico.
Lejos de limitarse a observar dos grandes discos estelares, los científicos han detectado alrededor de estas dos galaxias un patrón que da sentido a toda la escena. Y es que hasta 14 galaxias enanas orbitan en su entorno siguiendo una organización poco corriente, repartidas en grupos definidos y con un movimiento que refuerza la idea de una interacción ordenada y no caótica.
Un baile galáctico con valor predictivo
Ese comportamiento llevó a los autores a describir el sistema como una especie de danza cósmica. "Estudiamos dos galaxias espirales similares que están unos 3.000 millones de años por delante de la Vía Láctea y Andrómeda en su proceso de fusión", explicó la doctora Sarah Sweet. La comparación convierte a este par en un laboratorio natural para observar uno de los posibles finales de nuestra galaxia.
Según detalla el análisis, ambas galaxias están separadas por 94 kilopársecs y conectadas por un puente de hidrógeno neutro de más de 200 kilopársecs. Además, la integración de sus satélites parece producirse mientras todo el conjunto avanza por una estructura mayor, el filamento cósmico conocido como Boötes Strip, un dato que refuerza la coherencia dinámica del sistema.
La lectura de estos resultados va más allá de una simple curiosidad astronómica. Si la Vía Láctea y Andrómeda repiten una evolución parecida dentro de unos 2.500 millones de años, sus galaxias satélite podrían reorganizarse en planos coherentes alrededor del nuevo sistema, en lugar de permanecer dispersas de forma aleatoria alrededor de sus anfitrionas.
Un reto para los modelos cosmológicos
Ahí es donde aparece uno de los puntos más delicados del hallazgo. El profesor Helmut Jerjen, de la Australian National University, advirtió de que este tipo de estructuras ordenadas sigue siendo difícil de reproducir en las simulaciones cosmológicas más avanzadas. "Comprobaremos si el Grupo Local de la Vía Láctea y Andrómeda es un modelo representativo o una rareza cósmica", señaló el investigador.
El trabajo, por tanto, no solo dibuja una posible imagen del porvenir de nuestra galaxia. También abre un debate sobre la evolución galáctica, la distribución de la materia oscura y la validez de algunos modelos teóricos actuales. Mientras el proyecto Delegate continúa buscando más sistemas gemelos, Australia ha logrado documentar una escena del espacio profundo que podría anticipar cómo acabará escribiéndose una parte decisiva de la historia de la Vía Láctea.