Analizan la gravedad en la Luna y descubren que los humanos que nazcan allí podrían no ser 'Homo sapiens'
La NASA quiere que en 2032 se despliegue la primera base lunar permanente. Un fisiólogo y bioquímico ha reflexionado acerca de lo que eso podría suponer con el paso del tiempo
Recreación de astronautas trabajando en la superficie lunar (NASA)
Tampoco hay que olvidar que la NASA ha elegido al español Carlos García-Galán para dirigir su futura base lunar permanente. Una instalación que, como él mismo aseguró, se empezará a desplegar en el año 2032, si todo sigue su curso normal. Ahora bien, cuando ese momento llegue y se envíen humanos a pasar semanas, meses o incluso años a la Luna, cuya gravedad es seis veces menor que la de la Tierra, habrá que tener en cuenta qué cambios sufrirán los organismos de los astronautas.
Esta cuestión ha sido abordada por Damian Bailey, profesor de fisiología y bioquímica en la Universidad del Sur de Gales, en un artículo publicado en The Conversation. Su objetivo ha sido analizar los desafíos biológicos a los que la NASA, que quiere consolidar una presencia sostenida en el polo sur lunar, tendrá que enfrentarse cuando planifique estancias largas y desarrolle infraestructura capaz de servir como banco de pruebas para futuras expediciones a Marte u otros puntos del sistema solar.
Desde esa perspectiva, el desafío no es únicamente tecnológico. Levantar hábitats, garantizar soporte vital y operar con seguridad forman parte del plan, pero el verdadero examen afecta al organismo. Vivir de manera continuada fuera de la protección magnética de la Tierra y en un entorno con apenas una sexta parte de su gravedad obliga a estudiar hasta qué punto el ser humano seguiría funcionando del mismo modo lejos de su planeta de origen.
Cómo cambiaría el cuerpo humano
Bailey advierte de que la vida en la superficie lunar sometería a los astronautas a una combinación de factores hostiles: radiación cósmica, cambios extremos de temperatura, polvo lunar tóxico, aislamiento, confinamiento y ciclos de sueño alterados. A eso se suma la gravedad reducida, que modifica la forma en la que circula la sangre, el oxígeno y otros fluidos esenciales para el equilibrio fisiológico.
Ese nuevo escenario puede afectar de forma simultánea al cerebro, al sistema cardiovascular, a los músculos, a los huesos, al metabolismo y a la respuesta inmunitaria. El análisis subraya además que la exposición a la radiación espacial puede dañar el ADN, alterar funciones biológicas delicadas y desencadenar efectos que quizá no se perciban de inmediato, sino tras meses o incluso años de estancia fuera de la Tierra.
Precisamente por eso, la vigilancia médica continua se perfila como una de las piezas centrales del proyecto lunar. La NASA plantea contramedidas como ejercicio físico adaptado a la gravedad parcial, nutrición personalizada, blindaje de los hábitats y sistemas de monitorización constante. La idea es detectar señales tempranas antes de que una alteración silenciosa termine comprometiendo la salud de una tripulación en misiones prolongadas.
El debate evolutivo
Cuando ese escenario se proyecta a varias generaciones, aparece una cuestión todavía más interesante. Si el cuerpo humano acaba adaptándose de forma profunda a la vida en la Luna, con cambios impulsados por la radiación, el entorno extremo y una gravedad muy inferior a la terrestre, algunos científicos contemplan que los nacidos allí podrían desarrollar rasgos biológicos distintos a los del Homo sapiens tal como hoy se conoce.
Es el caso del biólogo evolutivo Scott Solomon, autor del libro Becoming Martian, quien plantea que una colonia humana fuera de la Tierra abriría una vía evolutiva distinta para nuestra especie que no podría denominarse Homo sapiens. Esto se debería a que los humanos modernos nos hemos moldeado durante millones de años bajo las condiciones de nuestro planeta en términos de radiación solar, ciclos de luz y oscuridad, microbios y, sobre todo, gravedad. En este sentido, la gravedad de Marte es un 62% menor que la de la Tierra, es decir, algo más del doble de la ofrecida por la Luna.
Lo predicho por Solomon no es más que un ejercicio mental, al menos todavía. De hecho, él mismo apostilla que esto no significa que esa transformación vaya a producirse de manera inmediata. Lo que sí deja claro este análisis es que establecer colonias lunares o marcianas permanentes obligará a estudiar si la adaptación sostenida a otro mundo puede abrir una bifurcación evolutiva.