Por qué llamar 'ecocidio' a lo que Israel está haciendo en Irán no sirve para (casi) nada
Cosechas envenenadas, tierras y aguas contaminadas, y una población históricamente asfixiada. El ecocidio no es un crimen reconocido a nivel internacional, pero el contexto geopolítico parece pedirlo a gritos
Un barrendero delante del depósito de petróleo de Teherán, envuelto en una nube tóxica, que fue atacado el 8 de marzo. (EFE/Jaime León)
Hace 60 años, Estados Unidos marcaba con franjas naranjas bidones de 200 litros donde almacenaba dos herbicidas, uno de ellos mezclado con TCDD, una dioxina extremadamente tóxica, ahora clasificada como carcinógeno humano por la Agencia de Protección Ambiental de EEUU. Era la guerra de Vietnam, y el ejército estadounidense roció con este compuesto que pasaría a ser conocido como Agente Naranja miles de kilómetros cuadrados para dejar sin vegetación tras la que esconderse al enemigo. De regalo, causó daños masivos en los bosques, envenenamiento de las tierras agrícolas, y graves malformaciones, enfermedades crónicas, cánceres y otros problemas de salud tanto a los vietnamitas como a veteranos estadounidenses.
Fue la primera vez que se escuchó el término 'ecocidio'. Paradójicamente, lo acuñó en 1970 el biólogo estadounidense que investigó esa dioxina, Arthur Galston, horrorizado por su uso, para calificar el daño y la destrucción masivos de los ecosistemas. Mucho ha llovido desde entonces; en concreto, lluvia negra sobre Irán. Por eso, las imágenes de estos días en Oriente Medio traen a los expertos recuerdos de Vietnam, y la palabra ecocidio ha vuelto a resonar entre voces académicas y políticos.
El término se usa cada vez más en la conversación pública, asomando tímidamente de tanto en tanto en titulares de prensa y redes sociales, especialmente asociado a acontecimientos geopolíticos, como los conflictos en Ucrania y Palestina, pero también a desastres medioambientales como el del Mar Menor. Ya no solo lo esgriman activistas medioambientales y juristas, pero son estos últimos los que llevan la batuta de pedir que sea reconocido como un crimen contra la humanidad. El ruido va haciendo presión legislativa, pero lo que de momento hay sobre el papel es de libre interpretación.
Tragar humo mientras destrozan tu tierra “a sabiendas”
Se entiende por ecocidio “cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existe una probabilidad sustancial de que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medioambiente”. Esta es la definición elaborada en 2021 por un Panel Internacional de Expertos Independientes coordinado por la Fundación Stop Ecocidio. Entre los firmantes, exfiscales de la ONU, investigadores de la University College de Londres o la Facultad de Derecho de Harvard, y expertos internacionales y conocidos en España, como Rodrigo Lledó, exdirector de la Fundación Internacional Baltasar Garzón.
“Hay varios puntos clave en la definición: los daños han de ser graves y además, extensos territorialmente o duraderos en el tiempo, y la acción se realiza a sabiendas de que es altamente probable que se produzca este daño”, matiza a El Confidencial Maite Mompó, directora de Stop Ecocidio Internacional en habla hispana. Ese ‘a sabiendas’ es clave pero difícil de demostrar.
¿Se puede calificar de ecocidio lo que está provocando Israel en Irán, como han asegurado sus dirigentes políticos? “Sí, creo que así es. En términos de impacto ambiental, el reciente bombardeo de infraestructura petrolera en Teherán cumple absolutamente con el umbral de daño extenso y grave al medio ambiente natural”, afirma Feroz Khan, investigador doctorando del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB), especializado en desastres, crisis humanitarias y justicia medioambiental.
El investigador detalla a este diario que la liberación de enormes cantidades de hidrocarburos, compuestos aromáticos, compuestos de azufre, metales pesados y dioxinas hacia la atmósfera (y, por lo tanto, “también hacia las regiones cercanas, los ecosistemas marinos, las tierras agrícolas y los pulmones de la población de Teherán”) causa “daños bien documentados a las personas y a los ecosistemas a largo plazo”. Tierras agrícolas inutilizables, agua y cosechas contaminadas, muertes fetales, defectos de desarrollo en los niños, cánceres… De nuevo, recuerdos de Vietnam.
انفجار گسترده مخازن نفت و محصور شدن تهران زیر لایه ای از دود مصداق بارز #اکوساید یا جنایت محیط زیستی است. اقدامی غیر انسانی که بیانگر تهدید زندگی انسانهای بی گناه و غیرنظامیانی است که علاوه بر ترومای روحی می بایست پیامدهای محیط زیستی مخاطره آمیز این جنگ ناجوانمردانه را متحمل شوند https://t.co/gcKbJVpcTK
Son muchas las voces internacionales que han señalado que los daños causados a las instalaciones de petróleo contaminan alimentos, agua y aire, como el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, o el director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de la ONU y ‘Premio Nobel del Agua’, Kaveh Madani. Organizaciones como el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente (CEOBS) están documentando los incidentes y su enorme impacto. La red global de organizaciones civiles por el clima Climate Action Network (CAN) ha indicado específicamente en una declaración que los daños provocados por los ataques “cumplen con los criterios de ecocidio”.
Para Khan, los planificadores militares israelíes sabían lo que causaría el bombardeo de los depósitos de petróleo, porque no es la primera vez que sucede (ni la primera vez que ellos lo hacen). El fenómeno de la lluvia negra ocurrió en Kuwait durante la guerra de Saddam Hussein en 1990 y su efecto llegó hasta Turquía, “aunque entonces no fueron ataques en zonas civiles densamente pobladas”, como ahora, matiza el investigador. Volvemos al ‘a sabiendas’ que incluye la definición de ecocidio. “No tengo ninguna duda de que la decisión de Israel de bombardear instalaciones energéticas civiles en Teherán (una ciudad de 9 millones de personas, algo más que la población de Madrid, Barcelona y Valencia juntas) constituye un intento deliberado de perpetrar un ecocidio”, concluye Khan. Llegado el momento, esto tendría que evaluarlo un juez, pero, ¿serviría de algo?
¿Crimen a la altura de un genocidio?
El Estatuto de Roma define los cuatro crímenes internacionales más graves juzgados por la Corte Penal Internacional (CPI), bien conocidos: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión. El ecocidio no está entre ellos. Sí aparece dentro del apartado de crímenes de guerra, dentro de otras violaciones en conflictos armados internacionales, mención al medioambiente: “Lanzar un ataque intencionalmente, a sabiendas de que causará (...) daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente natural que serían manifiestamente excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa de conjunto que se prevea”.
Según el derecho internacional humanitario (DIH), “se prohíbe a los beligerantes atacar directamente el medio ambiente natural porque este no constituye en sí mismo un objetivo militar. Esto significa que la destrucción del medio ambiente natural no debe utilizarse como arma de guerra”, analiza para El Confidencial Vito Todeschini, asesor legal de Amnistía Internacional. Según el experto, el DIH exige que se suspenda o cancele un ataque cuando este pueda causar daños ambientales desproporcionados, especialmente si afectan a la población civil. En Israel hacen oídos sordos. Todeschini concreta: “La destrucción o el daño ilícito del medio ambiente natural puede constituir un crimen de guerra si se lleva a cabo con intención o por imprudencia temeraria”.
Humo sobre una refinería tras el ataque aéreo israelí-estadounidense en Teherán del 8 de marzo. (EFE / Abedin Taherkenareh)
Sin embargo, es una redacción sujeta a interpretaciones ambiguas, consideran coaliciones y expertos que piden más, como Stop Ecocidio Internacional. “La norma está redactada de forma que es difícil su aplicación en la práctica. Queremos que el ecocidio sea un crimen autónomo en el Estatuto de Roma, y que sea aplicable para todas las situaciones, sea en tiempos de conflicto o de paz”, dice Mompó. Para Khan tampoco está bien establecido ni definido, y recuerda que nadie ha sido todavía acusado formalmente por ello.
En Europa, Bélgica recoge el delito de ecocidio en sus leyes y, aunque la normativa de 2024 endureció la lista de delitos contra el medioambiente en la Unión Europea, no recogió el término ecocidio, como sí pedía el Parlamento Europeo. A nivel internacional, en la COP16 de 2024 la República Democrática del Congo declaró públicamente su apoyo a la tipificación del ecocidio como delito internacional; también tres países del Pacífico. Chile, México o Colombia contemplan el término. En octubre de 2025, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el congreso de conservación más importante a nivel internacional, publicó una declaración reconociendo el ecocidio como crimen. Una amalgama de propuestas que empiezan a hacer ruido y meter presión. “Actualmente, esta propuesta está bajo discusión en el Grupo de Enmiendas de la CPI, y además la Fiscalía de este tribunal emitió en diciembre pasado su nuevo Documento de Política en el que vincula el daño ambiental con el resto de crímenes internacionales bajo su jurisdicción”, detalla Mompó.
"Llamarlo ecocidio implica una carga ética que ayudará a cambiar la conciencia de la población sobre esta destrucción ambiental"
Porque no es solo Irán. El clima bélico de los últimos años también propicia el uso del término. “La destrucción de la presa de Kajovka en Ucrania en 2023, que causó un daño devastador, fue calificada como un ejemplo claro de ecocidio”, indica Mompó. Organizaciones como el Institute for War and Peace Reporting están dando seguimiento en esos términos a investigaciones sobre los daños medioambientales de la invasión rusa. También la destrucción de prácticamente todo el territorio de la Franja de Gaza y “los efectos en cascada sobre la población civil, los ecosistemas y la salud ambiental”, señala Mompó, han hecho que autoridades palestinas (la Misión Permanente del Estado de Palestina ante los Países Bajos), medios de comunicación, estudios científicos y organizaciones internacionales lo hayan analizado como tal.
La realidad es que, a efectos formales, utilizar a día de hoy el término ecocidio no tiene ningún efecto legal internacional. A merced de la libre interpretación de la jurisprudencia actual, históricamente los daños medioambientales en tiempos de guerra se han justificado por los atacantes como consecuencia, y no acto deliberado. ¿Llevará alguien a Netanyahu ante la CPI por ecocidio? De momento, no es posible, pero desde Stop Ecocidio Internacional creen que llamar a las cosas por su nombre tiene una carga ética que puede ayudar a que "deje de ser moralmente aceptable que se cause esta destrucción ambiental”. Lo que no se nombra no existe, y la lluvia negra sobre Irán es muy real.
Hace 60 años, Estados Unidos marcaba con franjas naranjas bidones de 200 litros donde almacenaba dos herbicidas, uno de ellos mezclado con TCDD, una dioxina extremadamente tóxica, ahora clasificada como carcinógeno humano por la Agencia de Protección Ambiental de EEUU. Era la guerra de Vietnam, y el ejército estadounidense roció con este compuesto que pasaría a ser conocido como Agente Naranja miles de kilómetros cuadrados para dejar sin vegetación tras la que esconderse al enemigo. De regalo, causó daños masivos en los bosques, envenenamiento de las tierras agrícolas, y graves malformaciones, enfermedades crónicas, cánceres y otros problemas de salud tanto a los vietnamitas como a veteranos estadounidenses.