¡Al agua, paneles! Así es el 1.er proyecto español de energía solar marina que busca el éxito chino
En China hay grandes parques fotovoltaicos marinos, pero el Mediterráneo es más profundo y España no está preparada. Este piloto es una oportunidad para las renovables y un riesgo medioambiental, como saben en el mar del Norte
Recreación digital ('render') de cómo será el proyecto solar flotante en el puerto de Valencia. (Naturgy/Bluenewables)
La guerra en Oriente Medio ha vuelto a retratar la fragilidad del sistema energético europeo, aún dependiente de importaciones de combustibles fósiles. Con el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circulaba diariamente el 20% de la producción mundial de petróleo, y el precio de la gasolina disparado tras el ataque de EEUU e Israel a Irán la presión sobre el mercado energético global es palpable. También el gas se está encareciendo y, con él, el precio de la luz. En estas situaciones, el mundo se acuerda de la importancia de las renovables. Bueno, no todo el mundo.
Precisamente la administración Trump arremete sin cesar contra ellas, en concreto contra la offshore (la generada por instalaciones en el mar), con litigios de por medio por tratar de paralizar cientos de proyectos eólicos y solares en construcción, Iberdrola incluida; una cruzada a la que hasta las grandes petroleras del país se oponen. La aversión a la transición energética y su competencia encarnizada con China nublan a Trump. El presidente de EEUU aprovechó el último Foro Económico Mundial en Davos para redoblar sus ataques contra las energías renovables y afirmar que el país asiático no usa energía eólica.
La realidad es que China tiene el parque eólico más grande del mundo, y que no solo se queda en la tierra ni en el viento. El año pasado inauguraron la planta fotovoltaica marina más grande del mundo. Este 2026 ha batido su propio récord al instalar 2.934 plataformas con paneles solares en el mar, que podrán abastecer a más de 2,6 millones de hogares, asegura la empresa detrás del titánico complejo.
Lanzar los paneles al agua no es un capricho aleatorio. La fotovoltaica terrestre necesita mucho espacio y el suelo disponible, especialmente cerca de la costa, es limitado. Lo mismo ocurre en Europa, pero vamos más atrasados en las soluciones. Aunque somos avezados en eólica offshore, con grandes referencias como el Mar del Norte lleno de aerogeneradores, y hay proyectos solares exitosos sobre agua dulce, como las plataformas flotantes en lagos en Alemania, el mar abierto es otro cantar. Especialmente en España.
La solar flotante no es totalmente nueva y lleva años en expansión, especialmente en países donde el terreno escasea, ya sea porque hay poco (Japón, pioneros en 2007) o porque hay mucha población (China, el líder mundial indiscutible). En los últimos cinco años, la capacidad global de parques fotovoltaicos flotantes se ha duplicado aproximadamente cada dos años, superando los 3 GW en 2023, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA).
Para lanzarnos a conseguir esa potencia en España, el principal obstáculo a solucionar son nuestras propias características geográficas. “Nuestra plataforma forma continental desciende abruptamente en la mayoría de zonas en cuanto te alejas unos metros de la costa. Con un fondo marino de hasta un kilómetro de profundidad, no es viable instalar proyectos de tecnología renovable marina fija sobre pilotes, como se hace en China, Inglaterra o Dinamarca”, explica en conversación con El Confidencial Lidia Caramazana, coordinadora del proyecto PV-bos de solar flotante dentro de Naturgy y responsable de la línea de innovación de biocombustibles.
Por eso, si se quiere generar energía solar en el mar hay que optar sí o sí por las tecnologías flotantes, prometedoras, pero todavía en fase de demostración y que tienen unos costes elevados. “La tecnología no está madura y aquí no tenemos una cadena de valor desarrollada. Por ejemplo, los astilleros no están industrializados para construir estas plataformas”, puntualiza Caramazana.
"Hay que enfrentar retos que la industria marítima resolvió hace décadas, ahora aplicados a la energía solar", Lidia Caramazana (Naturgy)
Otro reto es el de la salinidad y la consiguiente corrosión, un problema al que los proyectos flotantes en agua dulce no se enfrentan. “Los materiales están expuestos a un entorno muy agresivo. Estamos probando soluciones que se han utilizado en barcos y plataformas marinas como pinturas especiales para analizar el riesgo de degradación y cómo afecta al rendimiento de los paneles”, añade la ingeniera industrial.
Como siempre en toda innovación, también hay que mirar con lupa el aspecto regulatorio, que ha dado pasos desde que en 2021 se aprobara la hoja de ruta de la eólica marina y las energías del mar en España, y después los planes de ordenación del espacio marítimo para la tecnología marina. “El avance más relevante fue en septiembre de 2024, cuando el Gobierno aprobó un real decreto por el que se regula la producción de energía eléctrica de fuentes renovables en el mar, pero todavía no han salido las famosas subastas”, incide Caramazana. Transición Ecológica ha anunciado su activación, un primer paso antes de las licitaciones, con las que se podrán desarrollar tres gigavatios de potencia para 2030. Por el momento, solo se pueden proponer proyectos I+D+i. Y es lo que han hecho.
Aprender del Mar del Norte para nuestros puertos
En el astillero San Enrique en Vigo trabajan a destajo para llegar a tiempo al lanzamiento del demostrador PV-bos, patentado por Bluenewables, que podrá generar un megavatio de potencia distribuida en dos plataformas de 500 kW. Su puesta en marcha estaba prevista para marzo de 2026, pero ahora la previsión es que quede instalado y operativo en junio, indican desde el proyecto.
“Estamos con los trabajos de ensamblaje, cascos, soldaduras y pruebas de estanquidad. Creemos que antes de mitad de año lo podremos remolcar hasta su ubicación final en el puerto de Valencia”, prevé la experta de Naturgy. La empresa pone el capital privado de un proyecto que está subvencionado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) en el marco del programa Renmarinas.
Construcción de la plataforma PV-bos en el astillero San Enrique de Vigo. (Bluenewables)
Desde Naturgy y Bluenewables creen que este tipo de proyectos pueden sumar a los objetivos de descarbonización de los puertos, “zonas congestionadas donde no hay espacio físico disponible y gran parte de la energía que usan no es renovable”, describe Caramazana. Pero primero, hay que comprobar que funciona.
Valencia será clave para validar su tecnología, gestada en la industria de renovables marinas de la costa británica y sobre todo en la costa sur del Mar del Norte. De allí se trajeron aprendizajes que han aplicado en España para diseñar el demostrador. “En el Mar del Norte aprendes que el entorno manda y que la ingeniería tiene que anticipar escenarios exigentes. También que la coordinación entre cadena de suministro, construcción y operación es clave para escalar proyectos offshore. Por último, la cultura del dato: todo se monitoriza, se mide y se mejora”, detalla a El Confidencial Óscar Sainz, director de Tecnología (CTO) de Bluenewables.
Porque aunque China es el líder a nivel global, en Europa el hermano mayor al que mirar son los Países Bajos. Han integrado los paneles solares en sus famosos parques eólicos marinos y tienen otra lección que recordarnos: siempre hay un impacto cuando añades algo artificial al medio marino. Lo sabe bien Ninon Mavraki, ecóloga marina del instituto de investigación neerlandés Wageningen Marine Research (WMR), en Den Helder. La científica trabaja en los efectos medioambientales de la energía solar marina en biodiversidad y crecimiento marino. La idea es que este elefante en la habitación tenga el menor peso posible en el ecosistema.
Producir electricidad y mejillones... ¿alterando el mar?
Mavraki investigó durante varios años en un proyecto piloto junto a la empresa de energía solar flotante Oceans of Energy, y cuenta a este diario que el impacto más importante que observaron fue la creación de hábitats artificiales. “Son rápidamente colonizados por organismos marinos, que tienen sus propios impactos ya que se alimentan de fitoplancton y zooplancton, y atraen a peces. Algunas de las especies colonizadoras no son autóctonas y se convierten en trampolines para la expansión de especies no autóctonas”, explica la investigadora.
Instalación piloto de energía solar marina en Hollandse Kust (Noord), que muestra paneles solares flotantes integrados en un parque eólico del Mar del Norte. (Oceans of Energy)
También pueden modificar la hidrodinámica de la zona, y hasta la producción de fitoplancton por la sombra que crean los paneles. ¿Acaso no se oscurece nunca el fondo del mar? De noche, claro, y también cuando hay nubes. Pero son cambios de luz temporales. Los de los paneles solares flotantes, infraestructuras de grandes dimensiones, no, y esto puede hacer que estos productores primarios se vean reducidos. Mavraki dice que en su proyecto piloto no hubo un impacto significativo, pero que sí podría pasar con parques solares a gran escala y esto podría influir en toda la cadena trófica.
Son los mismos efectos que suelen señalar los principales grupos ecologistas sobre la energía generada en el mar. En Naturgy y Bluenewables no son ajenos a ellos, los enumeran y aseguran haberlos tenido en cuenta en su proyecto. “Nuestras plataformas están separadas entre sí y a cierta altura sobre el agua, lo que permite el paso de luz, no altera de forma significativa corrientes u oleaje y genera zonas de sombra reducidas”, sostiene Sainz. “Evidentemente estás poniendo algo que no había y, aunque las anclas y cadenas son relativamente ligeras y pequeñas, pueden generar una afección puntual”, reconoce Caramaza.
Crecimiento marino, principalmente mejillón azul 'Mytilus edulis', en un panel solar flotante. (Wageningen Marine Research/Oscar Bos)
Pero entre la sombra también puede haber luz, y alrededor de las estructuras pueden crecer ecosistemas benignos, como bancos de moluscos. En la planta solar flotante de Shandong (China) directamente incluyen un proyecto de acuicultura. También se ha visto que mamíferos marinos y aves utilizan las estructuras solares marinas como lugares de descanso, cuenta Mavraki, pero insiste en que “es necesario un seguimiento ecológico a largo plazo para garantizar la coexistencia sostenible de la biodiversidad marina y la energía solar marina”, subraya. Caramaza asegura que lo van a hacer con un plan de monitorización ambiental continuo, inspección visual periódica con buzos y análisis de los datos con biólogos marinos.
No queda otra. El mar Mediterráneo es uno de los más vulnerables y fragmentados, ya bajo presión por contaminación, sobrepesca, turismo y tráfico marítimo. “Añadir miles de infraestructuras energéticas en un espacio tan sensible intensifica los problemas, generando en muchas zonas una industrialización del espacio marino y costero”, escribieron los expertos Josep Lloret y Paul Wawrzynkowski en The Conversation. Para garantizar que no suceda, el proyecto de Valencia se desarrolla bajo supervisión de la Autoridad Portuaria.
"Hay que tomar medidas antes de instalar las granjas solares y supervisar a largo plazo", Ninon Mavraki (WMR)
La guerra en Oriente Medio ha vuelto a retratar la fragilidad del sistema energético europeo, aún dependiente de importaciones de combustibles fósiles. Con el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circulaba diariamente el 20% de la producción mundial de petróleo, y el precio de la gasolina disparado tras el ataque de EEUU e Israel a Irán la presión sobre el mercado energético global es palpable. También el gas se está encareciendo y, con él, el precio de la luz. En estas situaciones, el mundo se acuerda de la importancia de las renovables. Bueno, no todo el mundo.